lunes, 31 de octubre de 2011

7.000 millones (I)


Acabamos de enterarnos de que en nuestro planeta ya somos 7.000 millones de personas. Y se nos comunica la noticia rodeada de la alarma y la desconfianza en el futuro propia del maltusianismo, que auguró que la población humana crecería más rápido que los recursos que permitieran alimentarla. Pero la verdad es que las previsiones de la ONU y de los catastrofistas profesionales del maltusianismo  como el Club de Roma o el autor de "La bomba demográfica", no se han cumplido jamás. Cada poco tiempo se nos anuncia el agotamiento de un recurso natural y nunca esas previsiones se han cumplido porque se olvidan de uno que es más fuerte que todos los demás: la inteligencia humana.

Además, y en lo que nos atañe más de cerca, un reciente e imprescindible trabajo de F. Contreras advierte de que un espectro vaga por Europa: el de la senilidad. Se cierne sobre el continente un “invierno demográfico” que pondrá a muchas naciones, si no al borde de la extinción física, sí al de la evidente insostenibilidad socio-económica. Varios países –Alemania entre ellos- están perdiendo ya población. Según las proyecciones de la ONU  (que son “optimistas”, en el sentido de que dan por supuesta una futura recuperación del índice de natalidad en los países en que más ha caído: esto, como veremos, es cuestionado por algunos demógrafos), Italia pasará de 61 millones de habitantes en 2010 a 56 millones en 2060; Alemania, que tenía 83 millones en 2005, habrá caído a 72 millones en 2060. Los países de Europa del Este llevan ya décadas de sangría demográfica.

Y de nuevo, aparece la familia natural, hombre-mujer-hijos, como la garante de nuestro futuro. Urge recuperar la natalidad en el seno de hogares estables, alegres y confiados en su propio futuro.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La Intolerancia (II)






Muy directamente relacionado con lo que comentaba en la anterior entrada de este Blog titulada "La Intolerancia (I)", y de nuevo mediante esa falsa (y vetusta y rancia como vimos) excusa del respeto al no creyente, resulta que recientemente la cadena de televisión anglosajona BBC ha decidido ignorar el nacimiento de Cristo, para lo que piensa cambiar la tradicional forma de definir la fecha, sustituyendo las usuales siglas que evocan el antes de Cristo y después de Cristo con un genérico «era común» para no ofender a los creyentes de otras religiones.

Ante tamaño disparate, me permito reproducir aquí el editorial que publicaba el pasado día 5 de octubre L'Observatore Romano, que por lo demás, me parece magistral, y que se titula "Una hipocresía históricamente insensata":


«La noticia de que la BBC ha decidido cambiar la definición de la fecha —sustituyendo las usuales siglas que evocan el antes de Cristo y después de Cristo con un genérico «era común» para no ofender a los creyentes de otras religiones— no ha suscitado grandes reacciones. Aparte de las de muchísimos no cristianos, que mediante varios portavoces han hecho saber que no se sentían para nada ofendidos por la datación tradicional. Pero estas moderadas y respetuosas tomas de posición no han importado a los dirigentes de la emisora británica, como ya ha sucedido en casos análogos. En realidad, es ya muy claro que el respeto de las demás religiones es sólo un pretexto, porque aquellos que quieren eliminar toda huella de cristianismo de la cultura occidental son sólo algunos laicos occidentales.

Y no es ciertamente la primera vez que esto ocurre. El intento de cambiar la datación viene de la Revolución francesa, que impuso un nuevo calendario en el que el cómputo del tiempo comenzaba desde el 14 de julio de 1789, día tradicional del inicio de los movimientos revolucionarios, e inventó nuevos nombres para los meses, obviamente borrando las fiestas cristianas, sustituidas por otras «revolucionarias». Las semanas, para borrar el domingo, fueron sustituidas por las décadas. El calendario duró poco, eliminado en 1806 por Napoleón: las nuevas fechas tenían algo de postizo y de ridículo incluso para los más orgullosos ilustrados.

El segundo intento lo realizó Lenin, que cambió el calendario sustituyéndolo con una datación que partía del golpe de Estado del 24 de octubre de 1917. Este calendario, que permaneció en vigor desde 1929 hasta 1940, sustituía las semanas con una escansión de cinco días, y naturalmente abolía las fiestas cristianas, reemplazándolas con las nacidas de la revolución. Pero tampoco este intento tuvo mucho éxito, como demuestra el hecho de que se usó paralelamente al calendario gregoriano, también para mantener relaciones con el resto del mundo. Así fue también para la datación a partir de la marcha sobre Roma, con la que comenzaba la Era fascista, impuesta por Mussolini y que, sin embargo, se aunaba a la tradicional, sin pretender sustituirla.

En resumen, la idea de remover el calendario cristiano tiene pésimos antecedentes, con numerosos fracasos a la espalda. Es necesario decir que esta vez la BBC se limita a cambiar la dicción y no el cómputo del tiempo, pero, haciendo así, no se puede negar que haya realizado un gesto hipócrita. La hipocresía de quien finge no saber por qué precisamente desde aquel momento se comienzan a contar los años.

Negar la función históricamente revolucionaria de la venida de Cristo a la tierra, aceptada también por quien no lo reconoce como Hijo de Dios, es una enorme tontería. Y desde el punto de vista histórico, lo saben tanto los judíos como los musulmanes. ¿Cómo se puede fingir no saber que solamente desde aquel momento se afirmó la idea de que todos los seres humanos son iguales en cuanto son todos hijos de Dios? Principio sobre el que se fundan los derechos humanos, en base a los cuales se juzga a pueblos y gobernantes. Principio que hasta ese momento nadie había apoyado, y sobre el que en cambio se basa la tradición cristiana.

¿Por qué no reconocer que desde aquel momento el mundo cambió? ¿Que desaparecieron tabúes e impuridades materiales y que la naturaleza fue liberada de la presencia de lo sobrenatural precisamente porque Dios es trascendente? De estas realidades nació la posibilidad para los pueblos europeos de descubrir el mundo y para los científicos de iniciar el estudio experimental de la naturaleza que ha llevado al nacimiento de la ciencia moderna.

¿Por qué entonces negar incluso las deudas culturales que la civilización tiene con respecto al cristianismo? No existe nada más anti-histórico ni más insensato, como judíos y musulmanes han comprendido claramente. »


martes, 18 de octubre de 2011

Debate enriquecedor sobre la defensa de las ideas



Hace unos días, dos sabios, Ignacio García Juliá y José Luis Granada, Director General del Foro Español de la Familia el primero y Delegado territorial del mismo Foro en Granada el segundo, mantuvieron un interesante debate cibernético respecto al contenido de la reunión que José Luis tuvo con un Concejal del Ayuntamiento de la capital granadina. La frase que originó la polémica fue lo que dijo el concejal al acabar:

“Veo lógico que si un colectivo homosexual puede dar conferencias en los colegios públicos, que el Foro tenga los mismos derechos”.

Comenta Ignacio, hablando de la actitud del FEF en defensa de sus ideas:

«Este planteamiento/justificación es erróneo. Nosotros debemos dejar claro que la idea no es "si ellos lo hacen también nosotros", puesto que esto sería el ponernos en plano de igualdad, y no somos iguales. La diferencia fundamental es que nosotros "proponemos" y ellos, amparándose en una Ley y en la fuerza coercitiva de la misma, "imponen". Nosotros no mentimos, ellos mienten al hablar de "sexo seguro". Nosotros no confundimos, y ellos confunden a los jóvenes sobre la afectividad y la "diversidad" sexual. Nosotros presentamos informes neutrales y científicos, con datos contrastados, ellos se mueven en el mundo de los sentimientos y el victimismo. Nosotros nos dirigimos a la persona, ellos se dirigen al grupo para manipular a la persona. Nosotros nos dirigimos a los padres que son los que tienen el derecho y el deber de educar, ellos se dirigen al más débil, al alumno, que no tiene armas ni recursos para defenderse. En definitiva, es perverso el ponernos en un plano de igualdad con ellos.

Nuestras propuestas son valientes y honradas, y dejamos plena libertad a los padres para que las asuman o las rechacen. Esto nos da más valor para la formación de los chicos, y no tenemos que ponernos al mismo nivel que nadie.»

Pero en seguida responde José Luis:

«Hace tiempo, estuve yo en una jornada sobre Estado y laicidad en la Facultad de Derecho. Fueron ponentes Gregorio Peces Barba, Valls –el catedrático de derecho,  que dijo que había dos cosas que los ciudadanos no deberían conocer nunca: cómo se hacen las salchichas y las componendas para sacar adelante una Ley- Andrés Ollero y un tal Anguita –no el político- que fue en el tiempo de Felipe González el que llevaba la relación Iglesia Estado y a la vista de lo que estuvo diciendo y los gestos que hacía contra el hecho religioso, dejaba impresionado hasta el apuntador.

En la conferencia de Andrés Ollero, dijo que los laicistas tienen los mismos derechos que los católicos, los musulmanes, o los que sean, insistió: “los mismos”. Pero que no era admisible que los laicistas se arrogaran la exclusividad confesional y que  llegaran a decir que eran los únicos válidos, despreciando a los demás.

Permíteme que discrepe de lo tuyo, asumiendo mis limitaciones y mi punto de vista parcial. Estamos de acuerdo en todo, en las presiones que realizan el colectivo homosexual: Sin pegas, evidentemente. Pero claro, yo creo que si se establecen unas facilidades para algunos, -con independencia de su contenido y sean cual sean-, esas mismas facilidades las tengamos las demás y ejerzamos ese derecho, sobre todo si nuestra experiencia y nuestro éxito, amparan nuestra petición.

Es decir, yo creo que sí estamos en el mismo nivel, a la hora de impartir una formación, siempre que nuestras propuestas –y las suyas- tuvieran cabida en la Constitución, o en las leyes, -aunque quedaría en el aire, el ideario del colegio y la libre decisión de los padres- y aun estando nosotros  a años luz de las opiniones y las formas del colectivo homosexual. Y a lo mejor teniendo en cuenta que la conocida como Ley del matrimonio homosexual, está recurrida en el Constitucional.

Lo mismo estoy equivocado –no es de extrañar-. Por lo que pido ayuda para que alguien me aclare


A lo cual contesta Ignacio:


«Estamos cayendo, algunos sin darse cuenta, en un fenómeno muy perjudicial que se llama "tolerantismo", que no es otra cosa que la perversión de la tolerancia. Se confunde la tolerancia con la persona, a la que todos estamos llamados, con la tolerancia con el error.

No se puede tolerar el error, hay que combatirlo. Lo mismo que no podemos "tolerar el bien"; al bien hay "que buscarlo y quererlo" (Benigno). Poner en plano de igualdad el bien y el mal, el error y la verdad, es tolerantismo. El tolerantismo busca la equidistancia entre el bien y el mal y somete a nuestro juicio personal lo que es bueno o malo, condescendiendo con uno cuando conviene o con otro cuando nos viene bien.

El tolerantismo es un hijo o un subproducto del relativismo, que es el "pesticida del pensamiento humano". El tolerantismo se disfraza de tolerancia cuando le conviene, pero saca su aspecto más feroz de intolerancia cuando se le contradice, excluyendo todo aquel pensamiento que pueda hacerle frente o le combata.

Dices que "todos somos iguales", y eso no admite discusión ante Dios. Lo que no son iguales son las ideas, y las ideas tienen consecuencias. Yo no puedo conformarme con que a mi hijos los corrompan en una charla con la vana ilusión de que luego su madre y yo, en casa, trataremos de solucionar los errores vertidos. ¿No es más lógico, honrado y responsable que impidamos la primera corrupción de sus mentes?»

En ese momento, Fernando Depebe, otro forero, interviene muy acertadamente:

«Iría más allá por empatizar con los políticos:

Un buen político debería buscar el bien de sus conciudadanos, en especial el de los más débiles. Ninguno va a defender que hace lo contrario.

La mayoría de los talleres de educación afectivo sexual, por ideologizados e inexactos, producen un daño cierto y grave en los menores, a parte de vulnerar su derecho a la verdad y los de sus padres.

Nosotros ofrecemos cursos veraces, científicamente contrastados y que suponen un bien para los alumnos cuyos padres libremente así lo quieran.

La pluralidad lineal está bien para las marcas de leche en el supermercado, de coches en los concesionarios y la oferta cultural, pero en educación, pluralidad con criterios científicos y respetando la verdad y los derechos de toda la comunidad educativa.

Y por último, todo político busca el rédito político, y lo que ofrecemos se puede vender muy bien como una correcta gestión pública, ya que la inmensa mayoría de los padres, (que son muchos más que los homosexualistas), lo que quieren es que sus hijos e hijas (lo siento, pero aquí la precisión sí que importa por desgracia en muchos casos) no hagan el idiota desde la más tierna infancia.»

Creo que se puede aprender mucho de esta intercambio de opiniones, sobre la verdad, el relativismo y la defensa, respetuosa siempre con la persona y con su dignidad, de las ideas propias.

sábado, 8 de octubre de 2011

La Intolerancia (I)




Tuve ocasión de asistir el pasado jueves a la presentación en Barbastro de un monumental ensayo sobre los mártires de nuestra guerra civil, del que es autor Martín Ibarra, reputado historiador y agudísimo descubridor de las razones que muchas veces subyacen detrás de los actos, y que al quedar ocultas impiden comprenderlos cabalmente. El título de la obra es: “La persecución religiosa en la diócesis de Barbastro-Monzón (1931-1941)”

La espléndida conferencia, que duró algo menos de una hora, consistió en una pormenorizada exégesis del libro, y en la siempre interesante historia, cuando es narrada en primera persona, de porqué el autor eligió este camino y no otro, porqué la obra tiene esta estructura y no otra, y cuáles son a su juicio, los matices cuyo conocimiento previo harán mucho más amena y enriquecedora la lectura del libro que nos es presentado.

En el extenso libro, editado en dos tomos, podemos encontrar innumerables ejemplos de personas de todo tipo, muchísimos laicos, que no dudan en ofrecer su vida por la fe en Cristo. Además, el doctor Ibarra nos da suficientes indicios para encontrar los motivos de porqué se llegó a esos extremos de crueldad, a ese exterminio premeditado de tantas personas por el solo motivo de su religión.

Pero lo que realmente hace imprescindible la lectura del libro de Martín Ibarra es que nos hace palmario el hecho de que es la intolerancia el origen de aquella orgía de odio y asesinatos. Veámoslo con un ejemplo:

Cita el autor las razones que tuvo el gobernador Civil de Huesca para prohibir todas las procesiones en la provincia, después de que, en la procesión del Carmen que salió de la parroquia de San Pedro el Viejo, un grupo de individuos intentara impedir su marcha:

“En evitación de que estos sucesos puedan repetirse en el futuro, quedará prohibida (…) toda manifestación pública religiosa que no esté previamente autorizada por este Gobierno, entendiendo que la vía pública, que es de todos, no debe ser interceptada por nadie ni molestados aquellos ciudadanos, que, no profesando el credo católico, tienen perfecto derecho a exigir de las autoridades que estas ostentaciones sean relegadas a los templos”.

A modo de excusa (en el sentido que encontramos en la correspondiente entrada del DRAE: Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión) sigue diciendo el gobernador, en un descarado alarde de hipocresía, que él debe obligar a todos a que todos los cultos sean igualmente respetados, salvo aquellos que “como las procesiones, pretenden ser practicados en la vía pública y que (…) suponen un alarde de ostentación que puede herir los sentimientos de aquellos ciudadanos que profesen otro credo (…)”.

En definitiva, añade el autor del libro “no sólo no se detuvo a los alborotadores, sino que resultó la escusa perfecta para prohibir las procesiones”.

Todo esto estoy seguro de que nos suena hoy, en pleno siglo XXI, porque lo estamos viendo casi cada día. La progresía gobernante en varios países occidentales utiliza en numerosas ocasiones esa estúpida y falsa excusa del respeto al discrepante para tratar de limitar el libre ejercicio del derecho fundamental a la libertad de culto.

Recordemos que la Constitución Española establece en su artículo 10.2 que "Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España”, por lo que debemos traer a colación el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”

viernes, 7 de octubre de 2011

Steve Jobs y RedMadre




El recientemente fallecido Steve Jobs nació siendo lo que ahora se conoce como "un hijo no deseado". Pero nació, y eso es lo que importa. Su madre "biológica", como él la llamaba, lo dio en adopción, no truncando su vida en su seno, cosa que pudo haber hecho seguramente sin consecuencias demasiado desagradables para ella. Deseaba, según cuenta el propio Jobs, encontrar para su hijo unos padres universitarios, y los encontró, pero rechazaron al pequeño Steve porque, al parecer, preferían adoptar a una niña. Como no encontraron a tiempo otra pareja de ese nivel, fue entregado en adopción poco después de su nacimiento en San Francisco a un matrimonio de clase media, Paul y Clara Jobs, que se comprometieron a dar la oportunidad a su hijo de adopción de realizar estudios universitarios.


En definitiva, ante la perspectiva de convertirse en madre, y "complicarse" la vida, la mujer que engendró a Steve no decidió matarlo, sino entregarlo a personas que se hicieran cargo de él y le ofrecieran un futuro. ¡Qué cosa más lógica, y más humana!

Y si lo hizo a sí fue porque lo pudo hacer, porque cuando conoció su embarazo tuvo esa alternativa, le fue facilitada esa opción que le permitía conciliar su interés con el de su futuro hijo.

Hoy en día en España existe una organización, admirable en todos los sentidos, dedicada precisamente a eso, a dar a las mujeres embarazadas en delicada situación, una oportunidad diferente a la de deshacerse de la personita que llevan e su seno, quitándole la vida. Es la Fundación REDMADRE, que en toda España ofrece a las mujeres embarazadas la hermosísima posibilidad de llevar adelante su embarazo.

El ejemplo  que nos ofrece la biografía del genio de la informática, persona de gran influencia, nos permite ver en perspectiva la enorme aberración que supone el aborto intencionado, la eliminación de una vida humana cuando se encuentra en la situación en la que es más difícil defenderse. Y lo peor es que existen lugares en el mundo en que este crimen ("Acción voluntaria de matar o herir gravemente a alguien", DRAE) es considerado un "derecho" de la mujer gestante.

Nunca debemos olvidar que cada uno de nosotros es ahora exactamente la misma persona humana, el mismo ser, el mismo, que era a los pocos minutos de que los gametos de sus padres se fusionaran, y será esa misma persona hasta el momento mismo de su muerte. Y, pensándolo mejor, aún después.



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