sábado, 17 de diciembre de 2011

Ser mujer... ¿Un drama incluso desde antes de nacer?






En la web de RedMadre Baleares he encontrado el siguiente artículo, que me parece de inusitado interés y actualidad, y que destaca la profundidad casi insondable de la podredumbre moral de nuestra maltrecha cultura occidental:



Existe el hecho que puede haber demasiadas hijas, pero nunca demasiados hijos” es el testimonio que permanentemente recibe la Dra. Sunita Puri de mujeres, como ella misma, de origen asiático o indio residentes en Estados Unidos.

La doctora que realiza su práctica profesional en la zona de la Bahía de San Francisco, California, investiga por qué las mujeres con ascendencia de la India tienen prisa en saber el sexo de sus niños por nacer, y por qué muchas de ellas optan por el aborto cuando se enteran que se trata de una niña. La Dra. Puri entrevistó a 65 mujeres inmigrantes que habían buscado elegir el sexo del bebe por nacer. Su estudio, publicado este año en “Social Science and Medicine”, descubrió que un sorprendente 89% de mujeres embarazadas de niñas, abortaron durante el estudio y que casi la mitad ya había abortado niñas. Estas mujeres contaron cómo habían sido maltratadas por sus familias cuando se enteraron que sus bebés por nacer eran niñas, como sus esposos y parientes las empujaron, patearon sus abdómenes, les negaron alimento, agua, descanso, con intenciones de inducirles un aborto. Incluso mujeres embarazadas de niños, le contaron del sentimiento de culpabilidad que tenían, por abortos selectivos por sexo, y de su incapacidad de “salvar” a sus hijas.

Legal y frecuente en Estados Unidos, casi nueve de cada diez norteamericanos se oponen al aborto por razones de selección del sexo, pero tales actos de violencia de género no son ni ilegales ni poco frecuentes en los Estados Unidos. Las leyes permisivas del aborto y las máquinas ultrasonidos de alta resolución hacen que sea muy fácil detectar y eliminar a las hijas no deseadas antes de nacer. A pesar de la reciente ola de publicidad negativa que orienta la atención pública hacia estos crímenes, todavía uno puede encontrar propaganda de clínicas abortistas ofertando abortos selectivos por sexo en los periódicos como el New York Times.

Cualquiera que haya vivido y trabajado en comunidades norteamericanas de origen asiático, como yo lo he hecho, conoce que la práctica de abortar selectivamente fetos femeninos es alarmante. Tanto las mujeres como sus hijas son víctimas. Muchos niegan que estas cosas sucedan en Estados Unidos pero las cifras no mienten. Un análisis de los datos del Censo del 2000 encontró evidencia clara de abortos selectivos por sexo. Los investigadores llamaron “tendencia al hijo en los ratios de sexo”, es decir, un elevado ratio de niños en lugar de niñas a diferencia de la paridad que ocurre de manera natural. El estudio del 2008, realizado por los economistas de la Universidad de Columbia, Douglas Almond y Lena Edlund, examinaron el ratio de sexos al nacer entre los niños nacidos en Estados Unidos de padres chinos, coreanos y asiáticos-indios. Encontraron que los primogénitos de los asiáticos mostraban índices de sexo normales al nacer, aproximadamente 106 niñas de cada 100 niños. Si el primer hijo era de sexo masculino, el ratio de sexo del segundo niño también era normal. ¿Pero qué sucedía si el primer hijo era una niña? En ese caso, encontraron que el índice de sexo para los segundos nacimientos era 117, lo que significaba que los hijos segundos tienden a ser niños. Para ponerlo de otra manera, aproximadamente el 10% de las niñas habían sido eliminadas. “Esta tendencia al sexo masculino es evidente en particular en los hijos terceros”, informaron. “Si no había un hijo antes, en le siguiente nacimiento los hijos superaron a las hijas en un 50%”. Estas cifras en bruto mostraron que por cada 151 niños, sólo había 100 niñas sobrevivientes. El resto habían sido eliminadas. Los investigadores muy acertadamente interpretan esto como “una desviación a favor de los hijos varones”, constituyéndose en “una prueba de selección de sexo en la etapa prenatal”.

En otras palabras, desde hace una década, las comunidades norteamericanas de origen asiático en los Estados Unidos ya estaban llevando a cabo abortos selectivos por sexo. También indicaron que el status migratorio de las mujeres de este estudio no variaba las preferencias por los niños varones. De hecho, las madres que eran ciudadanas estadounidenses fueron más propensas a tener hijos. Esto significa que la selección de sexo no se trata de una tradición del país de origen que fácilmente se extingue cuando estas mujeres se hacen residentes norteamericanas. Persiste y por lo tanto señala la necesidad de prohibir el proceso. Los promotores del aborto tratan de ocultar está terrible realidad.

Es difícil decir cuántos abortos por selección de sexo se llevan a cabo en Estados Unidos cada año. Pero consideren que hay 3.9 millones de norteamericanos de origen chino, 2.8 millones de indios de origen asiático y 1.6 millones de norteamericanos de origen coreano viviendo en los Estados Unidos. Las cifras de indios de origen asiático, en particular, se ha duplicado en las últimas dos décadas.

Las elevadas tendencias a ratios de sexo encontradas por Almond y Edlund sugieren que, sólo entre estos grupos, decenas de miles de niñas por nacer han sido eliminadas solamente por tener el sexo equivocado. Aquellos que discuten el PreNDA, lo hacen sobre la base de que el aborto selectivo por sexo no es realmente un problema en los Estados Unidos. Pero están equivocados. Aún una muerte sería mucho.

Steven W. Mosher
Presidente de Population Research Institute.

Marcelino Menendez Pelayo

¡Qué gusto da leer a los sabios!:

Esto que describe, en otra situación bien diferente a la actual, es hoy día algo muy frecuente: "El aca­llar con torpe in­di­fe­ren­tis­mo las voces de la con­cien­cia cuan­do decía un poco alto que no deja de haber Dios en el cielo por­que al pe­ca­dor no le con­ven­ga"

O esta otra aportación genial: "Cualquier idea triunfa y se arraiga si andan de por medio el interés y la concupiscencia, grandes factores en Filosofía de la Historia".

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Transgresores



Dice Francisco J. Contreras que "ser conservador -defender la vida del no nacido, la familia tradicional y la religión, cuestionar la permisividad sexual, etc.- es hoy día la expresión máxima de la transgresión y la heterodoxia"[1].

Me he sentido identificado, ya que aunque no me consideraba un  transgresor del orden establecido, sí creía pertenecer al grupo de quienes están en las antípodas de lo que él llama “la doctrina oficial del establishment bienpensante y políticamente correcto”.

Pero pertenecer a “la resistencia”, avanzar contracorriente, es una situación que tiene mucho de atrayente, y puede ser sugestiva y hasta romántica. Convertirse a ojos de la mayoría en casi un proscrito puede, si se defiende una causa que en nuestro fuero interno consideramos noble y digna, llenarnos de legítimo orgullo, y de esta manera, contribuye a afianzar nuestras convicciones.

En este sentido es muy posible que algunas de las conductas que cito a continuación, a modo de ejemplo, sean consideradas intensamente provocadoras, casi alucinógenas, por la mayoría social pastueña y bienpensante:

-  Bendecir la mesa, y adoptar para ello una actitud externa sosegada, concentrada y piadosa, rogando silencio y compostura a los presentes, antes de empezar a comer en un restaurante.
-  No ver determinados programas de televisión, determinadas películas o series, que hacen de lo que nosotros consideramos comportamientos execrables algo casi deseable o por lo menos “normalizado”. Cambiar de canal cuando en la televisión aparece alguna escena que nos puede avergonzar, y decir porqué lo hacemos.
- Dar la siguiente excusa a unos amigos que nos invitan a merendar un domingo: “lo siento, tenemos que oír misa porque esta mañana no hemos podido hacerlo”.
-  Considerar que el Matrimonio es algo que merece la pena, y todo el esfuerzo que se haga por mantenerlo vivo, estable y completo, es un esfuerzo que se te devuelve con creces en forma de felicidad.
-   Estar orgulloso y feliz de tener una familia numerosa, a pesar de que la cuenta corriente puede verse invadida por telarañas antes de mediados de mes.
-  Luchar por ser feliz en medio de prisas, gritos, llantos infantiles, nervios, olvidos, errores, deberes, juegos constantes, peleas, empujones, risas, hambres, cansancios, sueño intempestivo, pañales, biberones y chupetes, juguetes, juegos, guitarras, canciones, flautas, dibujo animados, enfermedades, libros de cuentos y todo lo que conlleva una casa llena de niños, que impide o dificulta a papá o a mamá encontrar un minuto de “descanso” para acicalarse, leer, o simplemente pensar.
-  Hablar sin blasfemar, sin jurar e incluso evitando en la medida de lo posible las palabras malsonantes. E intentar corregir la blasfemia o juramento que alguien cercano a nosotros pronuncia, con amabilidad pero con firmeza.
-  No considerar equiparables e igualmente válidas cualquier tipo de conducta sexual, y hablar e instruir a nuestros hijos sobre ello.
-  Acudir toda la familia junta, como una piña, con carritos incluidos, a manifestaciones públicas o concentraciones pro-vida. Implicarse en grupos o Asociaciones que defiendan los valores en loe creemos, aunque nos cueste tiempo y dinero.
-   No veranear en determinados lugares de la costa en las que en las playas u otros lugares pueden contemplarse conductas licenciosas o ligerezas en el hablar, en comportamientos o en el vestir.
-  Ofrecer a nuestros hijos, cuando se acerca la adolescencia o ya están metidos de pleno en ella, nuestro ejemplo, nuestro cariño y nuestro apoyo incondicional que les haga ver que existen alternativas al “botellón”, a las pastillas o a una indolente perdida de tiempo vestida de “esto no te lo puedes perder…”.


Los que nos comportamos así o de forma parecida, con naturalidad y habitualmente, estaremos luchando, sin ser conscientes de ello, contra lo que Benedicto XVI llama la “dictadura del relativismo”. A estos efectos me gustaría traer a colación las palabras del Santo Padre en la homilía que pronunció en Bellahouston Park – Glasgow, el 16 de septiembre de 2010. Allí afirmó con rotundidad que “la evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la «dictadura del relativismo» amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último”.


[1] Contreras, Francisco J. Cristianismo, razón pública y “guerra cultural”. En Persona y Derecho, núm. 62, 2010. Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Navarra

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La indefinición ideológica del Partido Popular



El catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla, Francisco J. Contreras, un auténtico sabio, ha publicado en la web "religionenlibertad" el siguiente artículo, en el que alerta, con el expresivo título "¿Sólo importa la economía?, sobre la desgraciada actitud del PP, que ha renunciado a plantear batalla ideológica, plegándose a la tópica superioridad moral de la izquierda. Esa superioridad está basada, únicamente, en una cobarde retirada estratégica de los "populares", que han renunciado a la defensa de los valores que, a buen seguro, comparten una gran parte de sus votantes. Lo copio íntegro:




"La euforia por el triunfo histórico –que la crisis y la incompetencia del PSOE les ha puesto en bandeja- no debería hacer perder la perspectiva al PP: en las circunstancias más favorables imaginables, apenas ha crecido 500.000 votos respecto a 2008 (y ha obtenido medio millón menos que el PSOE hace 4 años). La gran victoria se debe a un desmoronamiento del PSOE, no a un crecimiento propio. La mayoría de los exvotantes socialistas han pasado a la abstención, a IU o a UpyD, no al PP. Esto significa que para un 56% de españoles rige lo de “antes muertos que de derechas”. El PP sigue siendo el nasty party para más de media nación. Ni siquiera al borde de la bancarrota consiguen superar este prejuicio ideológico. España sigue siendo visceralmente, patológicamente, de izquierdas.

        El inamovible escoramiento de España al centro-izquierda es la premisa de la doctrina que ha informado la estrategia del PP en las últimas décadas: el “arriolismo”. La doctrina presupone que, para una derecha ontológicamente minoritaria, la única forma de vencer consiste en conseguir que una parte del electorado socialista se abstenga: ganar la partida por aburrimiento; no despertar a la fiera gauchista. Ello exige un discurso tecnocrático, descafeinado, centrado únicamente en la eficiencia gestora, que evite los temas ideologizables (pues se presupone que la batalla ideológica la tiene ganada la izquierda in aeternum). La línea de Rajoy ha respondido exactamente a ese modelo: “la economía lo es todo”. En el debate televisivo, por ejemplo, resultó reveladora la insistencia de Rubalcaba en abordar asuntos moral-culturales (matrimonio gay, aborto, etc.), que contrastaba con el ansia de Rajoy por hablar sólo de cuentas y escurrir el bulto en todo lo demás (“ya decidirá el Tribunal Constitucional” …). Conclusión a inferir: mientras que el PSOE tiene un modelo de sociedad (con posiciones claras –nefastas, desde luego- en bioética, modelo de familia, educación, nacionalismos, etc.), el PP no quiere saber de nada que no sean indicadores económicos.

        El arriolismo ha sido muy perjudicial para la derecha española. Su premisa es falsa: España no está condenada por alguna maldición divina a padecer eternamente una mayoría social de izquierdas. Si un 60% de los españoles siguen derrotando a siniestra … es precisamente porque la derecha (con aisladas y honrosas excepciones) ha abdicado de la batalla de las ideas. La hegemonía cultural de la izquierda es aplastante: dominan el sistema educativo y los medios de comunicación. Han poblado el imaginario social –sin resistencia de la derecha- de sobreentendidos y clichés progres. Pero quien combate la ortodoxia cultural progre es percibido por la cúpula rajoyista como “un extremista que nos puede espantar el voto de centro”. En el congreso de Valencia, Rajoy invitó a quien discrepase del centro-tecnocratismo a “irse al Partido Liberal o al Conservador”. Pero si el PP no es liberal-conservador … ¿qué es?

        Ahora estamos en una encrucijada, y el PP debe decidir si aspira a ser algo más que un equipo de eficientes contables. Ciertamente, la recesión favorece el reduccionismo economicista (“¡yo me conformo con que nos saquen de la ruina!”). Pues bien, si “sólo importa la economía”, formulémoslo en ese lenguaje: el hundimiento del nivel escolar, el invierno demográfico (tasa de natalidad española: 1.37 hijos/mujer), la desintegración de la familia, etc., terminarán pasando factura también en lo económico (si es que no la están pasando ya). El gobierno del PP dispondrá ahora de la posibilidad de mostrar que tiene una posición propia sobre estos asuntos. Deróguese la ley del aborto: lo desea la gran mayoría de sus votantes. Deróguese el “divorcio exprés”, que convierte el matrimonio en un contrato-basura. Reviértase el absurdo “matrimonio gay” (la relación hombre-mujer merece una protección especial porque sólo de ella salen niños). Restablezca el PP su propia ley educativa de 2002 (LOCE), que incluía medidas sensatas -reválida; itinerarios educativos diversificados- y que fue sectariamente derogada por Zapatero apenas llegó al poder. O, puestos a “soñar grande”, ¿por qué no implantar el cheque escolar, que podría permitir un ahorro de un 40% en educación? Mejórese sustancialmente el tratamiento fiscal de la familia.  Garantícese el derecho de todo niño a ser educado en castellano.

        Sí, a El País y la SER les irritará. Pero a sus votantes naturales nos gustará mucho. Incluso los despreciables liberal-conservadores merecemos una alegría de vez en cuando."

La desaparición silenciosa


Entre las numerosas comunicaciones presentadas en el VIII Congreso de la AEBI (Asociación Española de Bioética y Ética Médica), celebrado en octubre de 2011, me ha llamado la atención la que lleva por título "La desaparición silenciosa. A propósito del cribado eugenésico de las personas con síndrome de Down", presentada por D. Jaime Vilarroig Martín, de la Universidad CEU Cardenal-Herrera, de Valencia.

En el DRAE se define la palabra "eugenesia" como la "Aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana", lo cual en sí mismo podría parecer hasta "bueno". Pero sin embargo, a poco que se piense sobre ello se descubre que, si hablamos de la especie humana, bajo esa palabra no existe más que la ideología de la cultura de muerte, pues se trata sencillamente de eliminar a los seres que se consideran "inferiores". El socialismo alemán, llegado al poder (democráticamente) en los años treinta del siglo pasado, llevó hasta el paroxismo el concepto de eugenesia, en su intento de exaltación de la pureza racial de los arios. Pero, a pesar de que parecía que habíamos ya desechado estas prácticas tan brutales, vuelven a aparecer de nuevo, con renovada crueldad, en nuestros tiempos, y en nuestro país.

En la comunicación al Congreso de Bioética que hemos citado arriba se señalan los siguientes hechos:

"En el período 1980-1985 se registró una frecuencia de nacimientos de personas con síndrome de Down de un 17,48 por 10.000. A partir de ese año la frecuencia desciende de modo constante hasta el 2009, donde se registró una frecuencia de 7,24 por 10.000".

"La principal causa de este descenso, tal como afirman los autores de las publicaciones donde aparecen los datos, es la puesta en marcha de la Ley de Interrupción voluntaria del embarazo en 1985"

Y, a modo de dramática (en mi opinión) conclusión, el autor de la Comunicación expone lo siguiente:

"Cada vez nacen menos personas con síndrome de Down debido a que los embriones con este defecto congénito son abortados. Esto, además de la grave discriminación que supone (...), muestra el rechazo de la sociedad actual hacia la vida discapacitada"

Imaginemos ahora el agravamiento que de la situación expuesta implica la entrada en vigor de la llamada "Ley de salud sexual y reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo", que ha supuesto pasar a considerar el aborto como un "derecho" desde su anterior consideración como un delito con tres causas de exclusión de la responsabilidad penal.

A pesar de la ubérrima propaganda que encontramos cada día en nuestros medios de comunicación, a pesar de los eufemismos que pueblan nuestra hermosa lengua castellana para evitar herir moralmente o desconsiderar a los minusválidos, a pesar de tanto dinero gastado en campañas públicas para evitar la discriminación de las personas que no pueden valerse por sí mismas, a pesar de todo lo considerado "políticamente correcto", estamos progresando a pasos agigantados hacia una sociedad deshumanizada, en la que el ser humano deja progresivamente de estar dotado de una dignidad inmanente, para convertirse en un ser despersonalizado y sumiso. 

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