sábado, 18 de enero de 2014

La confusión de J. Antonio Monago

redmadrecyl.es




El Presidente de la Junta de Extremadura, D. José Antonio Monago, ha dicho que “nadie puede negar a nadie su derecho a ser madre ni tampoco nadie puede obligarle a nadie a serlo”. Frase tan evidente por sí misma que resulta asombroso que haya causado tanto revuelo. O no tan asombroso, ya que realmente parte de una confusión muy extendida hoy en día, que genera un equívoco desastroso, sobre todo para el concebido y no nacido.

Y ese equívoco es creer que una mujer es madre sólo a partir del parto. Porque, en realidad, desde el mismo momento en que se produce la fecundación del óvulo por el espermatozoide y aparece en el mundo un nuevo ser humano, único e irrepetible, desde ese preciso instante, la mujer es Madre. El nuevo ser se desarrollará en su interior hasta que nueve meses más adelante, cambiará de lugar, ya no estará en el interior de su madre, sino que todos podremos verlo, oírlo, tocarlo y olerlo. Pero es exactamente el mismo ser, la misma personita, ya esté dentro del seno materno o fuera.  

Como decía la gran Esperanza Puente (la autora de Rompiendo el silencio), esa mujer, que ya es madre, lo podrá ser de un niño vivo, o muerto; porque madre ya es desde que en su interior mora y crece una nueva vida, un nuevo ser cargado de esperanza. Si, cuando esta vida incipiente está en el seno materno, se decide ejercer contra ella ese acto extremadamente violento que es un aborto intencionado, se estará acabando con una vida nueva, distinta a la de la madre, que ya lo era, y lo seguirá siendo.

Nunca está de más recordar estas verdades tan evidentes, y en mi opinión tan sencillas y fáciles de entender para todos, incluso para un Presidente de Comunidad Autónoma.

El aborto y el beneficio de la duda


Nadie se asombra ni pone en duda el hecho de que si se llegase a encontrar bacterias en la superficie del planeta Marte, por ejemplo, ello significaría que se habría encontrado vida, organismos vivos. Es decir, que al hablar una forma microscópica peculiar de organización de una serie de moléculas, relacionadas con la química del carbono, que dan lugar a una célula, todos pensaríamos que la vida existe y se desarrolla.  


Por tanto, parece pacífica y aceptada a nivel general la afirmación de que cuando estamos en presencia de un embrión (y más aún del feto) estamos ante un ser vivo. De esto pienso que no hay duda alguna.  


Tampoco creo que haya demasiadas dudas respecto a que se trata de un ser vivo de la especie humana, puesto que procede de la unión de gametos de tal especie, su genoma es humano, etc...). Pero, sin embargo, en este punto sí las hay. Parece haber dudas entrono a la cuestión de si estamos ante un ser vivo de la especie humana.  

De hecho, este último es el aspecto más controvertido, pues hasta los mismos partidarios del aborto intencionado admiten que, de ser así, deberían replantearse todo el asunto , ya que si el embrión o el feto fueran un ser vivo de la especie humana... ¡serían un ser humano!.  

Por tanto, creo que es aquí donde está el meollo del asunto. Veremos la cuestión desde dos puntos de vista, el del Derecho y el de la biología.  

a) A pesar de lo que en estos días se oye con frecuencia, tanto en España como en la Unión Europea la cuestión parece bastante asentada. En España, porque la doctrina del Tribunal Constitucional, desde la sentencia 53/1985 de 11 de abril (que no se ciñó exclusivamente a la concreta cuestión que se le planteaba en aquel momento -la constitucionalidad del Proyecto de Ley de sobre despenalización del aborto en determinados supuestos-, sino que pretendió sentar un cuerpo de doctrina, basado en el régimen jurídico-constitucional que corresponde a la vida humana en formación) es concluyente:  

Del fundamento jurídico 5 de la sentencia comentada se deduce sin lugar a dudas que la vida del feto es humana y distinta de la madre: "la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación"; "la gestación ha generado un tertium existencialmente distinto de la madre, aunque alojado en el seno de ésta".  

Y, en al ámbito europeo, la cuestión parece también definida en el mismo sentido a partir de la Sentencia “Brüstle v. Greenpeace” (2011) del Tribunal Europeo de Justicia. Allí se estableció que “debe considerarse  embrión  humano  a  todo  óvulo  humano  a  partir  de  su  fecundación  y  que,  en consecuencia,  ningún  método  que  implique  su  destrucción  puede  ser  patentado  por  violar  la protección debida a la dignidad humana”.
  
b) Desde el punto de vista de las ciencias biológicas, parece que existe un amplio acuerdo científico  con respecto a que el ser humano existe desde el primer instante de la concepción. Son innumerables los estudios científicos al respecto, y quisiera recordar aquí la llamada “Declaración de Madrid”, que en marzo de 2009 suscribieron 1000 intelectuales españoles, en el que se argumenta básicamente que existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación, porque los "conocimientos más actuales así lo demuestran".
Pues bien, como también existen estudios científicos y opiniones jurídicas que defienden el punto de vista contrario (el embrión no es un ser humano), vamos a conceder en este debate el beneficio de la duda. Es decir, haciendo un enorme esfuerzo (pues los argumentos expuestos hasta aquí nos parecen incontestables), asumiremos que es una cuestión dudosa si ante un embrión humano estamos en presencia o no de un ser humano. Y espero que los partidarios de la idea contraria a la nuestra nos otorguen, por honradez intelectual, el mismo beneficio.  

Y precisamente, en este caso, resulta más palmaria aún la necesidad de proteger por todos los medios al ser (humano o no) en gestación, precisamente porque… ¡puede ser un ser humano!. Aún existiendo una mínima posibilidad de que lo sea, todos (y digo bien, todos) estarían de acuerdo en defender su vida, como también existe un consenso generalizado en que a nadie se le puede imponer una sanción penal si existiesen dudas razonables sobre su culpabilidad. Las legislaciones de los países democráticos, que garantizan los derechos humanos están sin excepción de acuerdo en este principio, “in dubio pro reo”.  

Por último, me gustaría dedicar algún comentario a otro de los argumentos más comunes de los abortistas: aquel que dice que reformar la ley actual [reintroduciendo un sistema de indicaciones en lugar de otro de plazos] nos alejaría de un supuesto consenso de los países de nuestro entorno.


Para rebatir ese argumento, me limitaré a recordar que en el Informe del Consejo Fiscal sobre el anteproyecto de ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (la ley de Zapatero), de 2010, podemos leer:

 “(…) la recurrida invocación del entorno europeo debe ser sopesada con cautela ya que se trata de una realidad sobre la que existe una gran heterogeneidad de legislaciones domésticas (…), el análisis de dichas legislaciones nos muestra una realidad bien distinta a la reflejada en el anteproyecto [de la ley zapaterista de Salud sexual y reproductiva e interrupción  voluntaria del embarazo], ya que la inmensa mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea han aprobado y desarrollado legislaciones en esta materia basadas en la necesidad de concurrencia de causas que justifiquen el aborto provocado dada la necesidad de sopesar los bienes en conflicto, incluida la vida del nasciturus. En ese sentido, salvando los casos de Irlanda y Malta, donde el aborto está prohibido y penado en todo caso, nos encontramos con que 2 de cada 3 Estados miembros exigen siempre la concurrencia de causas justificadas, ese es el caso de Bélgica, Chipre, Francia, Reino Unido, Finlandia, Polonia, Luxemburgo, Italia, Países Bajos, Hungría, Alemania, República Checa, Eslovaquia y, como es sobradamente conocido, España. Frente a este nutrido grupo existe, un segundo que recoge el sistema de plazos (…), si bien hay que tener en cuenta que entre estos Estados además de Suecia, Dinamarca o Austria, se encuentran las legislaciones de Estados recientemente incorporados a la Unión Europea en las dos últimas ampliaciones (Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania12, Eslovenia) con legislaciones en materia de aborto legataria de regímenes no democráticos claramente pro-abortistas en base a razones ideológicas y demográficas, incompatibles con los derechos fundamentales, y donde existen unos porcentajes de abortos tan elevados que reflejan la utilización del aborto como un método anticonceptivo más, práctica absolutamente rechazable desde cualquier punto de vista”.  
Tras todo lo expuesto, recordaremos que jamás, en ningún caso y bajo ninguna circunstancia la ley debe permitir que un ser humano disponga a su antojo de la vida de un semejante. Tras miles de años de evolución yo diría que hemos llegado por fin a un acuerdo básico sobre esto.

viernes, 17 de enero de 2014

¿Sepulcros blanqueados?



Acabo de leer el artículo que con el título “Sepulcros blanqueados” publicó el pasado 10 de enero Antonio Garrigues Walker en ABC. Y no puedo dejar de manifestar mi preocupación y mi disgusto por algunas de las afirmaciones que vierte en su artículo. Porque está lleno de prejuicios y de lugares comunes.
  
Me refiero a frases como “Sus mensajes [del Papa Francisco] básicos afectan a temas especialmente sensibles y generan una clara inquietud en los sectores más conservadores y más dogmáticos”, con la que el autor vuelve al desprestigiado expediente de interpretar la acción eclesial en clave política, o cuando al final del artículo califica a la Iglesia como una organización “tan resistente a las nuevas ideas, tan ajena a las nuevas realidades”, pues esta idea supone prescindir de la verdadera naturaleza de la Iglesia (que no es ninguna “organización”), que no es otra cosa que el Pueblo de Dios y Cuerpo Místico de Cristo, que está en la historia “pero que al mismo tiempo la trasciende”, y que es “sacramento de la unión íntima de los hombres con Dios”, el cual es “el primer fin de la Iglesia, instrumento de redención universal” (CCE, 770, 775 y 776). Por tanto, el mensaje de la Iglesia es siempre nuevo y por eso es siempre motivo de escándalo para el mundo. Justo lo contrario de lo que, con gran ligereza (y parece mentira) afirma Garrigues.

Pero sin embargo, la elección del Papa Francisco ha renovado la Esperanza. Ha supuesto un refrescante soplo de aire fresco, porque con sus palabras y gestos está recuperando lo esencial. Y explicaré porqué. Dice el profesor Francisco J. Contreras, en su libro Liberalismo, catolicismo y ley natural que hoy en día “la noción misma de Dios se vuelve problemática y ha desaparecido del horizonte de muchos” por lo que hay que “mostrar que la idea de un Dios creador es razonable, plenamente compatible con la ciencia y el progreso”. Sin embargo, en lugar de abordar esa batalla de fondo “¡cuánta energía se dilapida en la Iglesia discutiendo sobre cuestiones de estructura y de «régimen interno»”. Porque “lo esencial hoy día no es cómo se organice la Iglesia, sino la pura y simple desaparición de la fe”.

Y aquí es justamente donde está el motivo de la enorme carga de ilusión que para mi representa el Papa Francisco. En su exhortación apostólica Evangelii gaudium (EG), que invito desde aquí a leer entera a D. Antonio, el Papa nos exhorta a todos a llevar a cabo “la nueva evangelización para la transmisión de la fe”, recogiendo la idea de Juan Pablo II, quien en la Carta apostólica Redemptoris missioseñalaba que “mantener viva la solicitud por el anuncio a los que están alejados de Cristo es la tarea primordial de la Iglesia”. Francisco nos urge a todos los católicos a adoptar la actitud misionera, paradigma de toda la obra de la Iglesia, porque “es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo”.

Esto en modo alguno supone ruptura o un cambio espectacular de rumbo de la institución eclesial. “Tampoco deberíamos entender la novedad de esta misión como un desarraigo, como un olvido de la historia viva que nos acoge y nos lanza hacia adelante, (…) pues la alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida” (EG 13).  

Por eso considero profundamente equivocadas frases como aquella en la que Garrigues afirma que el Papa Francisco va a ser capaz de poner en marcha un ecumenismo “capaz de superar los encerramientos dogmáticos tradicionales que reforzó el Papa Ratzinger”, porque es radicalmente injusta y falsa. Precisamente Benedicto XVI afirmó el ecumenismo como prioridad de su pontificado. Como leemos en vaticaninsider.lastampa.it, «al día siguiente de su elección, escribió 250 líneas en latín para los cardenales, una especie de “manifiesto del Pontificado” en el que el ecumenismo se confirmó como prioridad preeminente ante otras cuestiones. “El actual Sucesor de Pedro –declaró– asume como compromiso principal el de trabajar sin ahorrar energías para la construcción de la plena y visible unidad de todos los fieles de Cristo. Esta es su ambición, este su impelente deber”». Porque para Benedicto XVI, como recuerda el propio Papa Francisco (EG 251), “la evangelización y el diálogo interreligioso, lejos de oponerse, se sostienen y se alimentan recíprocamente”.

Imagen: www.clarin.com

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