sábado, 24 de septiembre de 2011

El País y el aborto ("feticidio") de las niñas

Me parece acertadísima esta entrada del Blog de Elentir, altamente recomendable:

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Viernes 23 de septiembre de 2011 16:36h  



“El avance de la tecnología en la detección del sexo de los fetos extiende la barbarie del feticidio de niñas por el Cáucaso y los Balcanes occidentales”. Lo dijo anteayer el diario El País, uno de los medios más abortistas de España, en una noticia titulada “Más de dos millones de mujeres ‘desaparecen’ cada año”: “La odiosa práctica del aborto selectivo de niñas se utiliza sobre todo en China, India y Corea del Sur”, señala El País, y añade: “en los últimos 20 años han aumentado los feticidios de niñas en China hasta más de un millón en 2008″ (…) “estos asesinatos selectivos se realizaban antes solo en el norte de India”.


Esta vez El País no usa ni una vez el eufemismo del ‘IVE’

Obsérvese un detalle: en esta noticia el eufemismo abortista “interrupción voluntaria del embarazo” no aparece ni una vez, y eso que si se busca en Google en la edición digital de El País, ese término arroja 36.000 resultados. Por el contrario, en este caso El País califica el aborto de “feticidio” y reconoce a sus víctimas como “mujeres”. Es más: la práctica del aborto, en esta ocasión, no va acompañada de la palabra “derecho” en esa crónica de El País. Debe ser que para el diario socialista el aborto sólo es un “derecho” si no lo haces para evitar que nazca una niña… Curiosa idea del derecho a la vida la que tiene ese diario.

En 2009 El País cuestionaba la humanidad de los no nacidos

Santiago González advierte hoy en su blog la doble vara de medir socialista que demuestra esa crónica de El País. A modo de ejemplo, el año pasado ese periódico daba por cerrado el debate del aborto y en 2009 tachaba de “ultras” a quienes defienden el derecho a vivir de los no nacidos, ya sean niños o niñas. Es más: después de presentarse la “Declaración de Madrid” -firmada por más de 2.500 científicos, médicos, juristas y académicos en defensa de la vida-, en marzo de 2009 El País contraatacó apelando a un manifiesto abortista firmado por sólo 17 científicos y en el que se afirmaba lo siguiente:

El momento en que puede considerarse humano un ser no puede establecerse mediante criterios científicos; el conocimiento científico no puede afirmar o negar si esas características confieren al embrión la condición de ser humano. Esto entra en el ámbito de las creencias personales, ideológicas o religiosas.”

Este párrafo era un insulto a la ciencia y al sentido común, y muestra de ello es que ahora El País, contradiciendo sus disparatadas tesis abortistas, sí reconoce a las niñas que mueren víctimas del aborto como “mujeres”. Ahora sólo falta preguntarle a El País si las mujeres son más humanas que los hombres y por eso su derecho a vivir le merece más consideración al periódico socialista.

Una "progre" razonable

Hasta un "progre" puede apreciar un verdad, darse cuenta de que existe, como algo independiente de nuestra opinión. Desde luego, porque la fuerza de la verdad es superior a la cualquier terremoto, tsunami o la fuerza más irresistible que podamos concebir o imaginar, y aunque se pongan diques para contenerla o se intente disfrazar la mentira para hacerla pasar por verdad, el caso es que la Verdad triunfa siempre, más tarde o más temprano. Y la familia es la Verdad más profunda del ser humano. Fijáos en lo que acaba de escribir la Sra. Rahola:

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¡Viva la familia!

Pilar Rahola - La Vanguardia, 16 de septiembre 2011.


A veces la modernidad es muy antigua. Tanto que algunas ideas que en los tiempos del hipismo parecían lo más revolucionario, hoy suenan a oxidadas, a pura polilla. Sin embargo, mantener esos viejos esquemas que marcaron los ímpetus de las adolescencias inquietas, aún queda bien en algunos ambientes, hasta el punto que resulta sorprendente la resistencia que demuestran esos lugares comunes tan sudados. Por ejemplo, el tema de la familia.

Todos los que vivimos en los años de ‘L’orgia’ del Bellmunt llegamos a creer que íbamos a cargarnos esa venerable institución, como si nuestras ideas comunes improvisadas fueran instrumentos de relación humana más útiles. Al final todos esos atribulados progres nos casamos más de una vez, tuvimos hijos, nos convertimos en padres amantísimos y al final hemos acabado más emparejados que nuestros padres. Por supuesto hay de todo, que la botica permite todos los mejunjes, pero seamos sinceros: hemos vuelto a la familia. Ciertamente la hemos reinventado, y con el divorcio y la consolidación de derechos civiles, todos los modelos son posibles para conseguir lo fundamental, que el comedor de casa sea un territorio feliz. Pero más allá de los múltiples dibujos que permite el amor, lo cierto es que la familia es una institución sólida, útil y en la mayoría de casos magnífica. Y asegurar todo esto no nos define como carcas redomados, muy al contrario, lo redomadamente regresivo me parece afirmar lo contrario. Todo esto viene a cuento de la entrevista que la actriz Antonia San Juan dio ayer a Raquel Quelart en La Vanguardia, cuyo titular era explícito: “La familia como institución es decadente y no aporta nada al individuo”. Y añadía que “sólo enseña a ser drogadicto”. ¿Que qué? ¿Decadente?, ¿no aporta nada?, ¿drogadicto?

Pues lo lamento por Antonia, pero creo que sus declaraciones son lamentables. Primero, la familia no sólo no está en decadencia, sino que cada día nos casamos más y estamos más encantados de formar familias. Y segundo, decir que no aporta nada no sólo es incierto, sino que es triste. Lamento que a ella no le haya aportado nada. Pero a la mayoría de mortales la familia nos aporta la primera lección de la convivencia, nos da los instrumentos para avanzar en la vida, nos dota de un caudal de amor que nos refuerza y, cuando todo falla, nos recuerda que ahí está, como una red sólida que siempre nos acoge. La familia es una gran institución, auténtica escuela de la vida, el lugar donde refugiamos los miedos y compartimos los anhelos. Por supuesto, también puede ser una cárcel, pero eso no habla mal de la familia, sino de quienes la utilizan para destruir y destruirse. La visión de Antonia, pues, me parece un ejemplo de idea colgada en el tiempo, de parque jurásico del progresismo, de antigualla. No. La familia no es decadente. Lo que es decadente es no entender su enorme fuerza.

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