lunes, 27 de abril de 2020

Pablo Iglesias y la lucha por la independencia judicial


Rudolf von Ihering

Dedicado a Juan Antonio Sáenz de San Pedro, amigo del alma, Magistrado, y sabio

Recientemente, el Vicepresidente Segundo del Gobierno de España ponía seriamente en cuestión la independencia judicial mediante un comentario en la red social twitter, en el que, tras afirmar, de forma retórica[1], que las sentencias deben acatarse o recurrirse, escupía este exabrupto:
«En España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos, mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso.».
De este modo, una autoridad institucional del poder ejecutivo español ponía seriamente en entredicho una concreta actuación de otro de los poderes del Estado, el judicial. Resulta sencillamente ridículo –no constituyendo sino un desprecio a la inteligencia de los españoles- lo que afirmó, en su tardía reacción, el Presidente Sánchez, diciendo que Iglesias hablaba como Secretario general de Podemos...
Un Estado de Derecho descansa sobre cuatro pilares:
  • Imperio de la ley: ley como expresión de la voluntad popular.
  • División de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
  • Legalidad de la Administración: actuación según la ley y suficiente control judicial y
  • Derechos y libertades fundamentales garantizados y efectivamente realizados.
En otro post de este mismo Blog hablé ya del Imperio de la Ley, a propósito de la cuestión de Cataluña[2]. Ahora comentaremos el segundo de esos pilares, la división de poderes. Aunque con antecedentes que arrancan en Aristóteles, la formulación del principio más elaborada aparece en «El espíritu de las leyes», de 1748, en el que Montesquieu afirma:
«[no hay libertad] cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.
En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente.».
El título del presente post procede en parte del conocido opúsculo de R. von Ihering La lucha por el Derecho, que llegó a mis manos hace años en la edición de la Editorial Comares, con el prólogo de la traducción española (de Adolfo Posada) escrito por Leopoldo Alas, «Clarín», en 1881, que Giner estimaba como uno «de los trabajos de más intensa profundidad y de más sustancia de nuestra literatura filosófico-jurídica», como nos recuerda, en el estudio preliminar de la obra, José Luis Monereo.
La lucha por el Derecho es un deber moral de todo ciudadano, porque hemos otorgado poderes al Estado, exorbitantes, y ello supone la necesidad de arbitrar mecanismos de control a ese poder, y principal mecanismo para ello es el Derecho[3]. De esta idea surge fácilmente otra: la inevitable tensión entre el estado y el Derecho[4], que plantea importantes retos a la organización política de los Estados, y cuya mejor solución hallada hasta el presente es el concepto de Estado de Derecho, cuyos requisitos son aquellos cuatro que se han señalado.
Como recuerda Elías Díaz, la separación de poderes «constituye el resultado histórico de la lucha contra el absolutismo de los reyes en nombre de los derechos del pueblo»[5]Mediante la separación de poderes, recíprocamente estos se limitan entre sí. 
Exigencia básica de la separación de poderes es la independencia de los jueces: necesitan, a la hora de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, no estar sometidos a otro imperativo que el de la Ley. Porque, como afirma el profesor Díaz –de lo mejor de la intelectualidad socialista española- «La independencia del poder judicial frente a las presiones tanto del legislativo como, sobre todo, del ejecutivo, constituye una pieza insustituible del Estado de Derecho (…) este punto es, en efecto, central para comprobar si existe o no auténtico Estado de Derecho (…): así, (…) cuando el poder político se inmiscuye bajo formas diferentes en la actuación de los Tribunales (…), puede decirse que no existe en modo alguno Estado de Derecho.»
Sin Estado de Derecho no puede existir una sociedad democrática. Es ontológicamente imposible, jurídica y socialmente inviable. Un Estado en el que no impere la Ley y en el que los poderes no se controlen recíprocamente, porque la separación entre ellos falla, es un Estado autoritario. 
Si no tomamos en serio la independencia de los jueces en su función jurisdiccional, el totalitarismo está llamando a nuestra puerta. Por que, como afirma Ihering, «El derecho [es] una idea de fuerza; he ahí por que la justicia, que sostiene en una mano la balanza donde pesa el derecho, sostiene en la otra la espada que sirve para hacerle efectivo. La espada, sin la balanza, es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada, es el derecho en su impotencia». En opinión de Ihering, es el individuo inserto en el organismo político el que debe luchar por el derecho, por sus derechos, y más en una sociedad democrática: «(…) si se quiere saber cómo una Nación defenderá en un caso dado sus derechos políticos y su rango internacional, basta saber cómo el individuo defiende su derecho personal en la vida privada.»
La cuestión es de importancia capital si no queremos dejarnos caer por la pendiente de un populismo lenitivo que nos conducirá directos al autoritarismo. No olvidemos que esa lucha por el derecho –y la independencia judicial es uno de los nuestros- nos incumbe en primer lugar a los ciudadanos. Pero no perdamos toda esperanza, y recordemos, con Clarín, que «la lucha [es] un estado transitorio para llegar a obtener satisfacciones que acaban con ella.»[6].

Imagen: https://gradoceroprensa.files.wordpress.com/2018/03/images13.jpeg?w=171


[1] Tercera acepción de la palabra retórica en el DRAE: adj. despect. Vacuo, falto de contenido. Una disculpa retórica.
[3] El iusfilósofo socialista Elías Díaz, hoy catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid afirma (en Estado de Derecho y sociedad democrática) que «Las ideas de control jurídico, de regulación desde el Derecho de la actividad estatal, de limitación del poder del Estado por el sometimiento a la Ley aparecen, pues, como centrales en el concepto del Estado de Derecho (…).».
[4] Como afirma G. Radbruch en su Filosofía del Derecho, «Entre ambos concepto [el estado y el derecho, la prioridad de uno u otro] existe una aguda tensión, tensión como la que se encuentra siempre entre una norma y una realidad (…).»
[5] En la citada Estado de Derecho y sociedad democrática.
[6] Leopoldo Alas en el prólogo a La Lucha por el derecho, de R. von Ihering 

23 comentarios:

  1. Extraordinario artículo, muy necesario en esta época para aclarar dónde está el Norte. Enhorabuena jlamat

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  2. Enhorabuena por esta entrada. Muy buen trabajo, y muy esclarecedor.

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    1. Gracias Don Unknown, me alegro de que sea de su agrado y le guste

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  3. ¡Mi muy querido Joaquín! Enhorabuena por tu compromiso con la edición de este blog. Disculpa por verter ocasionalmente alguna crítica sobre su contenido. Estando de acuerdo , como no puede ser de otra manera, sobre la separación de poderes, me preocupa que no nos escandalizamos igual cuando la crítica es al poder ejecutivo o legislativo, típicamente ejercido por la clase política, que cuando lo hacemos al poder judicial. Al contrario, nos divierte, incluso lo jaleamos, por el solo hecho de que la dirigimos a políticos. Creo que el poder judicial merece una crítica y revisón muy profunda. Los errores, y muchas veces falta de diligencia, del poder judicial atentan gravemente a la dignidad de la persona. Todos están legitimados a criticar al estamento político, que típicamente ostenta el poder ejecutivo y legislativo, pero nos escandalizamos cuando osamos hacerlo del poder judicial.

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    1. Gracias, Miguel. Tienes razón, el Judicial debe estar también sometido al escrutinio de los ciudadanos y sus medios de opinión libre. Pero NUNCA debe verse comprometida su independencia por otro de los poderes del Estado. eso pone en riesgo la democracia, como trato de argumentar en el post.

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    2. Querido Miguel, amigo, no puedo estar más de acuerdo contigo. Las decisiones del poder judicial pueden ser calificadas como las de cualquier otro poder. Me consta que los jueces son buenos “fajadores”...
      Pero la crítica debe de ser desde las reglas, es decir debe de criticar una incorrecta valoración de los hechos o una incorrecta aplicación de la ley. Pero los prejuicios morales o sociales no pueden aplicarse sobre un hecho concreto. Es como si en un partido de fútbol discutiéramos sobre si una falta dentro del área es penalti o no Pero no aplicando el reglamento del fútbol sino simplemente argumentando quien merecía llevarse el partido....Y en las críticas a las sentencias hay mucho forofismo y prejuicio. Si te fijas el lenguaje es lo que pervierte todo. Pablo Iglesias critica la sentencia diciendo que la condena es por impedir un desahucio...Y no por atentado contra los policías y lesiones que ha sido el motivo legal de la condena. Es como los muchos políticos condenados por corrupción hubieran sido condenados por hacer carreteras o polideportivos...NO: Han sido castigados por llevarse el dinero...
      Las sentencias deben de criticarse por su razón de ser es jurídica que es jurídica sino política… Gracias a Dios por otro lado.
      Un fuerte abrazo!!! Como ves discrepo de ti pero poco

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    3. Este comentario compendia y es mejor que el propio post. Gracias, Juan Antonio.

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  4. Estupendo artículo de mi amigo Joaquín. Perfectamente fundamentado y argumentado. Los peligros de los populismos autoritarios que nos acechan son evidentes para el estado de derecho. Si las sentencias les gustan es que el sistema funciona… Ja ja ja
    Pero si las sentencias no les conviene suelen atacar las de 3 modos: Atacar personalmente al juez que la firmado después de rebuscar en su biografía amistades etc. y sin entrar en los argumentos de la resolución, Considerar que las normas son un obstáculo y que lo que importa es la verdad y la justicia y las reglas del juego son secundarias o , Por último, ampararse en supuestas mayorías electorales o demoscopicas Hacienda al supuesto pueblo intérprete máximo de la ley por encima de cualquier otra opinión....
    Llevamos decenas de años que son malos para la justicia. Y la razón fundamental es que la justicia no es cómoda para el fin Y la razón fundamental es que la justicia no es cómoda para el que incumple la ley... sea un particular y sea, y esto es lo que les pone nerviosos, Un poder público

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    1. Así es, sabio amigo. Por eso no nos debemos cansar de denunciarlo.

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  5. Muy interesante y esclarecedor. Gracias Joaquín hay que difundirlo por su importancia en estos durusimos momentos que algunos aprovechan para intentar confundir a los ciudadanos.

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  6. Muy interesante y esclarecedor. Gracias Joaquín hay que difundirlo por su importancia en estos durusimos momentos que algunos aprovechan para intentar confundir a los ciudadanos.

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  7. Muy interesante y esclarecedor. Gracias Joaquín hay que difundirlo por su importancia en estos durusimos momentos que algunos aprovechan para intentar confundir a los ciudadanos.

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    1. Así es, doña María Josefa. Gracias por molestarse en leer y comentar mi Bloz

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  8. Muy buen artículo. Merece una tercera de ABC por lo menos. El tema es muy serio: nos estamos acostumbrando a no hacer frente a este tipo de manifestaciones y pronto será tarde. (Quien tenga oidos para oir...)

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  9. Te agradecía Don Joaquín que nos ilustres y nos hagas pensar. Tienes razón en defender la separación de poderes y jamás el poder ejecutivo debe criticar al judicial, y mucho menos mintiendo, pero estoy con Don Miguel en que el poder judicial también merece nuestra crítica. Igual que criticamos a los políticos,a los que elegimos y nos representan en los poderes Ejecutivo y Legislativo, deberíamos tener también alguna mano sobre el poder Judicial, ya que no olvidemos que en democracia, el pueblo es soberano.

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  10. Somos de verbo fácil y grosero cuando se trata de calificar a la clase política, y siento pena, mucha pena por ello. Es verdad que facilitan este verbo porque muchas veces no respetan al ciudadano, pero no son los responsables exclusivos de los males que nos acechan. Me gustaría gritar como en la sinpar película "Amanece que no es Poco": ¡Viva el Munícipe por antonomasia!, ... ¡Nosotros somos contingentes, pero usted es necesario!. Pena siento de no poder gritarlo porque no me dan facilidades para ello, pero aún si las tuviera, corro todavía el riesgo del verbo grosero del contricante. Mientras tanto: ¡Viva Don Joaquín! ¡Buen amigo por antonomasia!

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    1. Tienes razón, y no me canso de decirlo. Los responsables de esa clase político somos los ciudadanos, los electores, por lo que cualquier parlamento o pleno municipal nos representa con exactitud. Tienen los mismos defectos y virtudes que tiene la masa electoral de la que proceden, salen de nosotros, nosotros los creamos. No vienen de Marte. Tenemos, exactamente, lo que nos merecemos. Disfrutemos, pues, de lo votado.

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  11. Gran artículo, una vez más, de este excelente autor. Muy documentado, pero lleno a la de simple sentido común, ese que faltó a Pablo Iglesias, para enjuiciar la sentencia, recurrir riendo a la mentira como suele hacer.

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    1. Gracias, Don Vicente. Pero quien tiene que leerlo NO lo va a hacer...

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  12. Dice el refrán que el hábito no hace al monje. Iglesias, aunque lleve el disfraz de vicepresidente jamás lo será de modo pleno, más allá de su suculenta nómina.

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Agradecería cualquier comentario relativo al presente post, pero ruego que se haga siempre con respeto, de otro modo no podrá aparecer publicado. Muchas gracias.

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