martes, 14 de abril de 2015

¿Qué hacemos con Cristina Cifuentes?



En entrevista publicada ayer en el diario El Mundo, la flamante candidata popular a presidir el Gobierno de la Comunidad Autónoma madrileña respondía de la siguiente manera a las dos primeras preguntas de la entrevistadora:

P. Es partidaria del aborto. ¿Lo considera un derecho? ¿Qué le parece que haya diputados dispuestos a romper la disciplina?

R. El proyecto actual del Gobierno da cumplimento a lo que decíamos en el programa electoral. El aborto siempre es un fracaso, pero es una realidad. Que haya numerosos abortos en mi país no me gusta. Pero ante esa realidad, ¿qué hacemos? ¿Lo regulamos o lo ignoramos? Paralelamente, creo que es necesaria una mayor educación sexual de los jóvenes. Y también, que todas aquellas personas que quieren tener hijos en unas circunstancias especiales, deberían contar con el apoyo de las administraciones.

P. Pero, ¿es un derecho o no?

R. El aborto es, sin duda, un tema muy complejo que no sólo afecta a cuestiones legales, sino fundamentalmente morales. Y, por tanto, yo soy partidaria de que los diputados puedan votar en conciencia.

En este post me gustaría detenerme en ellas porque son exponente del falaz[1] argumentarlo con el que este “nuevo” PP insiste en su propósito de demostrar que desprecia a su electorado, al que toma por ignorante o estúpido.

Empezando por el final, me parece necesario recordar a doña Cristina que a nadie interesa ahora la opción moral de estar o no a favor del aborto intencionado. No estamos ante una controversia moral, sino ante una cuestión de gran calado jurídico y científico.

Se trata ahora, doña Cristina, de que se derogue, o se mantenga en vigor, una ley que aprobó el gobierno de Zapatero contra la abierta y total oposición del Partido Popular, magníficamente expresada tanto en el voto particular a la ponencia como en el recurso de inconstitucionalidad que ustedes, los del Partido Popular, encabezados por Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, interpusieron, y que inexplicablemente sigue sin resolverse. 

Se trata, doña Cristina, de la regulación jurídica de una conducta que supone “la muerte intencionada de un individuo de la especie humana”, como tan acertadamente lo define el científico chileno Jorge Becker Valdivieso, regulación que debe elegir entre seguir considerando al aborto intencionado como una suerte[2] de derecho subjetivo atribuido a la madre, o regularlo como un delito, con supuestos de exclusión de la responsabilidad criminal. Asuntos todos ellos puramente jurídicos, y no morales, aunque las concepciones morales de cada individuo que integre los poderes del Estado puedan influir en sus preferencias al respecto.

En definitiva, éste del aborto intencionado es un asunto de carácter tan moral como puede serlo la cuestión del blanqueo de capitales, de la violencia machista, del alzamiento de bienes o de la administración desleal. En estos supuestos, y en muchos otros, detrás de la reglamentación que se adopte por el legislador se vislumbrará siempre una determinada opción moral, pero ello no obsta para que se trate de asuntos puramente jurídicos. Pues, como ya podía leerse en Antígona, hace ya unas decenas de siglos “Imposible es conocer de cualquier hombre su ánimo, pensamiento y opinión, hasta que éste aparezca experimentado en el poder y las leyes”. 

Por lo que llevamos dicho hasta ahora, no se acaba de entender entonces la razón por la que doña Cristina cree que los diputados deben de votar “en conciencia” en esta cuestión y no en cualquier otra. 

Y, por último, comentemos lo que me parece lo peor de estas declaraciones: dice doña Cristina que “el aborto siempre es un fracaso, pero es una realidad. Que haya numerosos abortos en mi país no me gusta. Pero ante esa realidad, ¿qué hacemos? ¿Lo regulamos o lo ignoramos?. La respuesta a esa pregunta, puramente retórica, es evidente: ante esa realidad lo que hay que hacer es intentar que no haya abortos, porque si “no le gusta” y lo considera un fracaso –afirmaciones que hay que poner en entredicho, por incongruentes con lo que ella misma se responde- la respuesta evidente es… ¡hay que evitarlo!

Experiencias recientes y cercanas como la polaca demuestran que, si se quiere, la gran mayoría de los abortos intencionados pueden evitarse. Puede ofrecerse a la mujer que pide el aborto –que se ve forzada a ello en muchas ocasiones- otras alternativas, el apoyo social en todos los órdenes, la acogida abierta y cabal o la adopción. Pueden adoptarse todo tipo de medidas para cambiar la interesada y falsa creencia de que el embarazo es un mal que perjudica a la mujer y que se debe evitar, o de que no todos los seres humanos son igualmente dignos y valiosos. Y se puede empezar a reivindicar de nuevo lo que el ser humano siempre intuyó: que una nueva vida humana es siempre y en todo caso algo hermoso, valioso e imprescindible y que su acogida es una fuente de felicidad.

Por último, no está de más volver a Antígona y recordar a doña Cristina y a todos los del PP esas palabras del discurso de Creonte, quien creía que “ahora y siempre, el peor es aquel que gobernando sobre cualquier ciudad no acomete las mejores decisiones sino que ata su lengua por miedo”.





[1] DRAE: 1. adj. Embustero, falso.

[2] DRAE: 9. f. Género o especie de algo

IMAGEN: www.alertadigital.com

5 comentarios:

  1. Muy bien. La cita de Antigona no la sabia, pero es muy buena. Un abrazo de este confundido elector...

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  2. En la esencia del Partido Popular, está la defensa de la vida, desde su constitución. Lo de ahora, es una cesión engañosa de Rajoy, Alonso, Hernando, Moragas, Arriola y algunos más, temerosos de perder las bicocas de ser político. Renuncian a la honra por los barcos y como SIEMPRE, en esos casos, se pierde de entrada la honra y luego los barcos. Pido humildemente su dimisión por defraudadores. jlamat

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  3. Lo de la Sra. Cifuentes es un claro intento de "nadar y guardar la ropa". En cierto modo me recuerda la actitud de mi paisano el Sr. Bono.
    ¿Qué hacemos con la Sra. Cifuentes? Por si le interesa mi humilde opinión, yo haré lo mismo con todo los representantes del PP, a saber; no volver a votarles. Un partido que demuestra no tener unos principios básicos no merece mi voto. Mientras exista otra opción política, aunque sea minoritaria, nunca volveré a dar mi apoyo a quien por un mero cálculo electoral es capaz de renunciar a sus raices. Mi apoyo de momento pasará a VOX mientras estos respondan a aquellos valores en que creo. El día que no exista una opción política que me represente dejaré de votar y seguiré defendiendo mis principios por otros cauces.
    Un saludo.

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  4. personalmente no veo mas que evacion de las preguntas, no dice si ni no solo dice que los demás elijan, me parece que no respondio nada de nada, si apoyo la educacion, claro que si admito que de mi parte hay que ayudar en la educacion REAL esto creara la resolucion de conflictos

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