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martes, 20 de mayo de 2014

La niñez



"En realidad sólo en la niñez somos sabios, sólo entonces establecemos las verdaderas relaciones entre los hombres y las cosas: el odio es odio, el orgullo es orgullo y la justicia justicia.

Por eso escribo la historia de mi infancia, porque sólo entonces me encuentro original y sincero. El niño no se acerca a un general, ni a un ministro, ni a un clérigo, ni a un mendigo; se acerca siempre a un hombre. En todas las figuras y con todos los disfraces vemos al hombre y a él nos ligamos o lo repelemos".

Armando Palacio Valdés.
La novela de un novelista. Escenas de la infancia y adolescencia.

Imagen: wikipedia.org

jueves, 15 de agosto de 2013

15 de agosto




El verano es ocasión propicia para retomar el hábito de la lectura, y disfrutar del placer que nos procura a aquellos que somos felices en compañía de un buen libro. Por falta de tiempo, durante el resto del año he abandonado prácticamente las novelas, pero en verano recupero ese regusto juvenil por la literatura de ficción.

Como hace ya mucho me di cuenta de que no me quedan años de vida suficientes para leer todo lo que me gustaría leer, que es muchísimo, trato de seleccionar cuidadosamente mis lecturas.

Este verano he leído La Romana, de Alberto Moravia, en la magnífica traducción de Francisco Ayala, Suave es la noche, de F. Scott Fitzgerald, traducida por Rafael Ruiz de la Cuesta y tengo actualmente entre mis manos Las uvas de la ira, de J. Steinbeck, traducido en esta ocasión por María Coy.

En estas tres novelas adquiere un especial protagonismo la mujer, a pesar de estar escritas por hombres. Qué sería la vida del varón sin la mujer nadie lo sabe, pero de lo que podemos estar seguro es de que vagaríamos sin rumbo por un siniestro océano de desconsuelo y desesperación, pues el referente femenino nos es tan necesario como el aire que respiramos, y creo no exagerar.

Pues bien, al estilo de aquel maravilloso libro de texto de literatura de la editorial Santillana llamado “Senda”, que muchos recordarán, y que para mi fue definitivo para afianzar mi pasión por la literatura, transcribiré aquí algunos párrafos de estos libros que me han emocionado especialmente, y que servirán de homenaje a la mujer, a la madre, a la esposa, a la hija, que son quienes llenan de sentido la vida, y ello en esta señalada fiesta dedicada a la Madre de todos los hombres, a la Mujer por excelencia, a la criatura más perfecta salida de las manos de Dios.

  1.    La Madre

En medio de la aspereza del relato, de la descripción de la desesperanza, la pobreza ruin y la injusticia con la que Steinbeck nos va contando las vicisitudes de una familia del medio rural norteamericano de los años treinta del pasado siglo sobresale el retrato de la Madre, palabra que pongo ahora con mayúscula por su magnificencia:

“Madre era pesada, pero no gorda; ancha a fuerza de trabajo y de partos. Llevaba un vestido suelto, sin cinturón, de tela gris, que en un tiempo tuvo un estampado de flores de colores. Ahora, el estampado de flores, a fuerza de lavadas, era sólo de un gris algo más claro que el fondo. El vestido le llegaba a los tobillos y sus pies descalzos, anchos y fuertes se movían por el suelo ágilmente y con rapidez. Llevaba el pelo fino y de color acero, recogido en un moño escaso y ralo en la nuca. Los brazos, fuertes y pecosos, estaban desnudos hasta el codo y sus manos eran rechonchas y delicadas, como las de una niña rolliza. Miró fuera a la luz del sol. Su rostro lleno no era blando; era un rostro controlado, bondadoso. Sus ojos de avellana parecían haber sufrido todas las tragedias posibles y haber remontado el dolor y el sufrimiento como si se tratara de peldaños, hasta alcanzar una calma superior y una comprensión sobrehumana. Parecía conocer, aceptar y agradecer su posición, la ciudadela de la familia, el lugar fuerte que no podía ser tomado. Y puesto que el viejo Tom y los niños no sabían del dolor o el miedo a menos que ella los reconociese, había intentado negar ella misma el dolor y el miedo. Y ya que ellos la miraban, cuando pasaba algo jubiloso, para ver si mostraba alegría, se había acostumbrado a poder reír sin tener las condiciones adecuadas. Pero la calma era mejor que la alegría. En la imperturbabilidad se podía confiar. Y desde su posición importante y humilde en la familia había obtenido dignidad y una belleza clara y serena. De su posición sanadora sus manos habían adquirido seguridad, firmeza y calma, desde su posición de árbitro, había llegado a ser tan remota e infalible en sus decisiones como una diosa. Parecía ser consciente de que si ella titubeara, la familia temblaría, y si ella alguna vez verdaderamente vacilara o desesperara la familia se vendría abajo, privada de la voluntad de funcionar”.

   2.     La felicidad

En La Romana, que su autor ha concebido como un relato en primera persona de su protagonista, la joven y exuberante Adriana, ésta describe que el anhelo último de su vida, el lugar donde atisba la posibilidad de una felicidad modesta, posible y real estaría en la emulación de algo que vio:

“Una tarde de verano, paseando con mi madre por la avenida, vi a través de la ventana de uno de aquellos chalecitos una escena familiar que me quedó impresa y me pareció responder en un todo a la idea que me hacía de una vida normal y decente. Una habitación pequeña, pero limpia, con el empapelado de las paredes de flores, un aparador y una lámpara central suspendida sobre la mesa puesta. En torno a la mesa cinco o seis personas, entre ellas, me parece, tres niños de ocho a doce años. En medio de la mesa, una sopera; y la madre, en pie, que servía la menestra. Parecerá extraño, pero de todas estas cosas la que me chocó más fue la luz de la lámpara central; o mejor, el aspecto extraordinariamente sereno y normal que las cosas asumían a aquella luz. Después, volviendo a pensar en la escena, me dije con absoluta convicción que debía ponerme como meta habitar un día en una casa como ésa, tener una familia como ésa y vivir en esa misma luz que parecía revelar la presencia de tantos tranquilos y seguros afectos”.

Los grandes escritores son capaces de suscitar intensas emociones en el alma de sus lectores con una hábil sucesión de vocablos… a veces parece mentira lo perdurable que puede ser en nosotros el recuerdo de algo que hemos leído, porque en su momento nos hizo entrever que la felicidad existe y es posible. Describe en este sentido Fitzgerald una situación que a todos nos ha ocurrido:

“A Rosemary  se le volvieron a saltar las lágrimas cuando se enteró del percance. Entre unas cosas y otras, había sido un día aguado, pero tenía la sensación de que había aprendido algo, si bien no sabía exactamente qué. Luego recordaría como felices todas las horas de aquella tarde, una de esas ocasiones en que parece no ocurrir nada y que en el momento se sienten sólo como un nexo entre el gozo del pasado y el futuro, pero que luego resultan haber sido el gozo mismo”.



Imagen: http://santuario-virgendelcarmen.blogspot.com.es

lunes, 28 de enero de 2013

UNA APOLOGÍA DE LA FAMILIA



D. Manuel de Unceta y Murúa
Foto de la Biblioteca Nacional de Madrid

UNA APOLOGÍA DE LA FAMILIA[1]

A veces, inesperadamente, uno encuentra y lee cosas que le ensanchan el corazón. Recientemente ha llegado a mis manos un escrito, titulado “Origen de la familia: principales derechos y deberes consiguientes a esta institución”, muy en la línea del magnífico eslogan del Foro Español de la Familia , “hablando bien de las cosas buenas”. Se trata del discurso leído en la Universidad Central por D. Manuel de Unceta y Murúa en el Acto solemne de recibir la Investidura de Doctor en Derecho civil y canónico. Data de 1863, cuando este insigne vasco era un joven de 26 años; poco más tarde sería  diputado a cortes por Guipúzcoa.  A pesar de tratarse de un escrito de 150 años de antigüedad, el texto goza de una sorprendente actualidad, como podrá apreciar el amable lector; en él pueden leerse estas hermosísimas frases:

“La familia, esa santa y venerada institución, que ha sido y será siempre el cuadro más bello del mundo (…) y que ha ejercido constantemente una influencia muy directa en la marcha de la humanidad, y que lo mismo esparce sus encantos en las miserables cabañas que en los opulentos palacios, igualmente en la morada del rico magnate que en la del pobre menestral; la familia, que ha sido uno de los objetos primordiales de los libros santos, y que ocupa las más brillantes páginas de la historia y de la filosofía, de la legislación y del derecho, de la economía y de la moral, de la política y de las ciencias todas, en fin, porque refleja fiel y exactamente el estado de las naciones. (…) 

Los primeros destellos y el fundamento de esta gran reunión de seres racionales que forma la sociedad humana, los encontramos en la familia. (…) La familia responde a una necesidad de nuestro corazón; llena un vacío inmenso; es el complemento de nuestro modo de ser (…). La familia da nacimiento a una cadena de seres ligados por medio de un vínculo estrecho y misterioso, cuya benéfica influencia nos sonríe y acaricia en la cuna, y que en el transcurso de nuestro ser, nos consuela de los pesares y amarguras de la vida, vínculo que no enfría la nieve de las canas, que vive siempre y se transmite puro de generación en generación. (…)

Ninguno de los goces del mundo puede compensar los suaves y delicados de la familia, y cuando uno de sus individuos sufre, su corazón encuentra desahogo y consuelo, confiando sus penas en el seno del hogar doméstico. (…) El amor es la ley que preside sus destinos, y eslabonados todos los corazones, formando la dulce cadena del cariño recíproco, miran tranquilos deslizarse sus días, viendo dibujarse en lontananza, los destellos de una felicidad eterna”.

Más adelante (el discurso completo abarca diecisiete páginas de imprenta), el autor de esta deliciosa apología de a familia hace afirmaciones de gran interés y actualidad, como cuando resalta que “la mancomunidad de sentimientos y de esperanzas” que unen al padre y a la madre “no puede resultar de uniones pasajeras, de uniones sin principio y sin dignidad”, porque para él “la unión legítima y durable de los dos sexos (…) es el fundamento de la familia y de la sociedad”. No podemos estar más de acuerdo con ello.

De sorprendente actualidad es su rotunda afirmación de la igual dignidad y derechos del varón y la mujer unidos en matrimonio, cuando, hablando de la unidad matrimonial afirma que “los cónyuges deben guardarse recíprocamente la fe jurada al pie de los altares; a ambos incumbe igualmente la dirección de los asuntos domésticos, siendo la categoría de la mujer igual en un todo a la de su marido”,  y cree al respecto que “la educación moral de los hijos es, pues, el primer y uno de los más estrechos deberes de los padres; si lo olvidan, pocas veces podrán gustar las caricias de un buen hijo”.

Por último, el discurso acaba con el homenaje a la Madre, en unas líneas cargadas de amorosa emoción, que a mi me parecen de lo más hermoso que he leído al respecto:

“Cuando han transcurrido muchos años desde que la que nos dio el ser bajó al sepulcro, y cuando nuestra vida toca a su ocaso, entre los misteriosos celages[2] que ocultan el porvenir, creemos divisar una forma humana coronada de una aureola de purísima luz; es la sombra de nuestra madre querida, que después de habernos conducido por entre los mil escollos que por doquiera ofrece el mundo, viene cariñosa a sentarse al borde de su tumba, para esperarnos en el límite fatal que separa el mundo de la eternidad, la vida de la muerte”.



[1] Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo
[2] DRAE: Celaje: Presagio, anuncio o principio de lo que se espera o desea.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Navidad




Es cada vez más frecuente escuchar a algunos que directamente reniegan de la navidad, incluso con cierta virulencia, manifestando su hastío, su enfado o su malestar con las fiestas navideñas. Este curioso fenómeno, esta reacción anímica afecta a todo tipo de personas, ya no es cosa de creyentes o no creyentes, de conservadores o de "progres", lo comenta todo tipo de personas.

Y, hasta yo mismo a veces siento ese cansancio infinito, ese horror al acercarse estas fiestas. ¿Qué es lo que está pasando?

Tengo mi opinión: es normal que nos canse algo, cualquier acontecimiento -lo que sea- con cuyo advenimiento que se nos está machacando literalmente, desde todos los ángulos, con insistencia cansina, con musiquillas repetitivas, con luces y colores extemporáneos, molestos, fuera de lugar muchas veces.

No se puede soportar estar oyendo esos villancicos laicos, esos deseos espúrios de paz y felicidad, repetidos en todas partes desde primeros de noviembre. No se puede. Cuando al fin llega la Nochebuena nuestro deseo dominante es que la pesadilla acabe cuanto antes, que la tortura dure poco.

Hemos transformado (digo hemos porque con nuestra pasividad hemos permitido que ocurra) esta fiesta Central para todo cristiano, hermosísima, que evoca el acontecimiento más asombroso de la historia de la humanidad, el nacimiento de Dios hecho hombre, en un batiburrillo de consumismo, alegría comercial forzada y una cierta uniformidad festiva, desalentadora por completo.

Hemos de forzarnos en recuperar el verdadero sentido de la Navidad, dejarnos de compras compulsivas, comilonas insanas, viajes apresurados y muchas veces generadores de cansancio y frustraciones, para volver a lo sencillo, a disfrutar de la familia, en casa, de una cena sencilla en Nochebuena, sin algaradas, sin despilfarros, a dejarnos deslumbrar en el triduo de Navidad por ese Niño Divino que viene a nuestro encuentro, por la Misa del gallo en familia, los niños somnolientos, pero nerviosos por la novedad, sin más regalos que el de estar todos juntos, celebrando este acontecimiento anual, disfrutando de nuestra compañía, de nuestra conversación y de nuestro cariño. 

De este modo, y con cada cosa a su tiempo (es delicioso montar el Belén el día de la Lotería, y escuchar entonces el primer Villancico. En el pesebre no está aún el niño, no nacido todavía, que será colocado por el pequeño de la familia a las doce de la noche de la Nochebuena) es posible que volvamos a vivir de nuevo la Navidad con el entusiasmo de cuando éramos chiquillos.

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It is increasingly common to hear people that directly renege on Christmas, even with certain virulence, expressing their weariness, their anger or their discomfort with the Christmas holidays. This curious phenomenon, that affects all kind of people psychic reaction, is no longer a matter of believers or not believers, conservatives or Liberals, it affects any kind of people.

And, even I, myself sometimes feel that infinite weariness, that horror when approaching holidays. What is happening?

I have my opinion: it is normal that we get annoyed by something, any event - whatever - with whose coming is crushing us literally, from any angle, tiresome insistently repetitive songs, with lights and untimely, annoying, colors out of place many times.

It cannot be withstood hearing these secular Christmas carols, those wishes of peace and happiness, boring, repeated everywhere from the beginning of November. You can not. When finally Christmas Eve comes our dominant desire is the nightmare to end as soon as possible.

We have changed (I say “we have” because with our inaction we have allowed it to happen) this beautiful central celebration for every Christian, that evokes the most amazing event in the history of mankind, the birth of God made man, in a hodgepodge of consumerism, forced commercial joy and a certain festive, discouraging uniformity completely.

We have to force us into recovering the true meaning of Christmas, forgeting compulsive shopping, unhealthy binges, hasty and often generators of tiredness and frustration, returning to the simplycity, to enjoy the family, at home, on a simple dinner on Christmas Eve, without fighting, without wastage, letting us dazzle on the Triduum of Christmas by the Divine child that comes to our encounter, by the mass of the rooster in family sleepier, but nervous children for novelty, no more gifts than the living all together, celebrating this annual event, enjoying each other's company,conversation and affection.

This way, and with each thing in its time (it is delicious installing the “Bethlehem” the day of the Christmas lottery (december 22th), and then hear the first Carol. In the Manger is not yet the child, not born yet, which will be placed by the youngest of the family at the midnight of Christmas Eve) it is possible that we return to live again Christmas with the same enthusiasm  than when we were child.

viernes, 22 de junio de 2012

La felicidad de un niño


Cuando la segunda de mis hijas, Susana, tenía ocho años le pidieron en el colegio que escribiera las cosas que le proporcionaban felicidad. En muy breves líneas dio toda una lección magistral, resumiendo lo más importante de su vida, que lo es también de la nuestra, de la vida de todos:

«Algo que me proporciona “Felicidad”: un prado verde, la playa de Noja, subir a la luna, que se case mi tía Ana, que venga mi tía Tore, que venga mi abuela, que venga mi primo y mis primas, que haya sido mi comunión y que estemos los cinco juntos, papá, mamá, mis hermanas y yo»

Es propio del ser humano buscar la felicidad. Y la tenemos mucho más cerca de lo que a veces pensamos, en lo más sencillo, más inmediato y más sublime: en nuestra familia, en nuestro hogar. 


Un año en la División Azul.

Transcribo a continuación el artículo que publiqué recientemente en el número 743, junio 2021, de la revista mensual BlauDivisión, Boletín d...