Mostrando entradas con la etiqueta verdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verdad. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de agosto de 2021

Un año en la División Azul.




Transcribo a continuación el artículo que publiqué recientemente en el número 743, junio 2021, de la revista mensual BlauDivisión, Boletín de la Hermandad de la División Azul de Alicante, con el permiso de su editor.


Aventuras bélicas del Alférez Paulino Polo 

Por diversas vicisitudes familiares, y sobre todo, a raíz de la muerte de mi madre, hace dos años, entre otros muchos objetos, fotos, libros, misales, estampas, postales, etc… llegó a mi poder un manoseado cuadernito, aparentemente de gran antigüedad, y escrito casi en su totalidad en letra muy pequeña -y muy legible, a pesar de su deterioro- que no era sino un diario de campaña, escrito por mi padre, que abarcaba su experiencia en la División Azul, desde su salida de España, el 13 de julio de 1941 hasta el día en que se completa la totalidad del cuadernillo, justo un año después, el 12 de julio de 1942.

El cuadernillo o soporte físico de las memorias no es otra cosa que un dietario o diario personal entregado por el ejército alemán -y, por supuesto, escrito en alemán-, en cuya portada se lee «Taschenmerkbuch 1941» (Cuaderno de bolsillo 1941) y donde, a modo de almanaque, se pueden leer toda clase de temas útiles para un soldado, por ejemplo «Anleitung zur ersten hilfe bei unglücksfällen» (instrucciones de primeros auxilios en caso de accidente), «entefernungstafel» (tablas de distancias kilométricas entre ciudades), «Einwohnerzahlen» (cifras de población de ciudades alemanas), o temas militares, como «Die gefechts bezeichnungen für die schlacht in Frankreich» (Los términos de combate para la batalla en Francia), además de dibujos de los diferentes distintivos en la uniformidad (de la «Reichs luftwaffe, Kriegsmarine, Reichs heer, Feuerwehr », es decir, de la fuerza aérea del Reich, armada, ejército del Reich , cuerpo de bomberos…) y también mapas de todo el mundo en color… El espacio para las anotaciones diarias es muy pequeño, de ahí la necesaria brevedad de las mismas, hechas con tinta negra, en letra muy pequeña, enjuta y precisa, de fácil lectura, como ya mencioné. Al final del pequeño librito hay unas páginas en blanco que mi padre empleó para detallar más algunas cuestiones.

Lo primero que sorprende es la madurez de la persona que escribe. Cuando mi padre hace sus primeras anotaciones, el 13 de julio, recién hacía seis días de su 25 cumpleaños. Ya Había vivido la Guerra Civil española, cuyo estallido se produjo cuando acababa de cumplir 20, incorporándose nada más iniciarse a la Falange de Aragón. Al poco tiempo, tras su paso por la Academia, fue nombrado Alférez provisional de Infantería, con lo que pronto tuvo hombres a su cargo, cuyas vidas dependían de sus decisiones.

Con relación a la campaña de Rusia muy brevemente diremos que mi padre, el alférez Paulino Polo Sobreviela se incorporó a la División Española de Voluntarios el 1º de julio de 1941, cuando todavía estaba movilizado, y procedía de la I Región Militar, Regimiento de Infantería 43. Ya dentro del ejército alemán, fue destinado, el 1 de agosto de ese mismo año, a la 11ª Compañía -ciclista- III Batallón, del Regimiento de Infantería 262, de la División 250 de la Wehrmacht. El 27 de abril de 1942 se le concede la Cruz de Hierro de 2ª clase. El Diario Oficial del Ministerio del Ejército de 13 de agosto de 1942 publica su ascenso al empleo de Teniente Provisional del arma de Infantería, con antigüedad de 20 de febrero de 1939, y con destino en el ya citado Regimiento de Infantería núm. 43. El 16 de septiembre de 1942 es citado como Distinguido. Y, por fin, el 12 de octubre de 1942 cruza la frontera española con el 8º Batallón de Relevo.

Como ya dije, de sus anotaciones en el diario y de sus múltiples comentarios allí escritos se trasluce, al poco de empezar a leer, una madurez impropia de un jovenzuelo, además de una gran honradez intelectual, valentía, abnegación, profesionalidad y cariño y admiración por sus hombres. Veamos una muestra. Se trata de una anotación de las extensas, escrita en pleno invierno, un invierno aquel que alcanzó unos niveles de crudeza pocas veces vistos, y referida a acontecimientos del 15 de diciembre de 1941:

La nevada que está cayendo es terrible, la ventisca enorme, no sé qué va a ocurrir. Son las 2 de la mañana, las trincheras están más que llenas y sigue nevando. (…) La nevada de hoy merece capítulo aparte. Es un espectáculo, después de todo, maravilloso. La ventisca es tremenda, resulta imposible mirar al enemigo.

Esto no se puede describir, pues por mucho que se quiera decir resulta pálido ante la realidad. Son las dos de la madrugada. Por algunos sitios, la trinchera de más de dos metros de profundidad la rebasa un metro la nieve. Ha desaparecido por completo y es facilísimo despistarse.

Dar una vuelta por el servicio de mi Sección me ha costado una hora justa. En las puertas de las chabolas hay que estar continuamente quitando nieve y casi no se da abasto. Si sigue así toda la noche quedaremos bloqueados. El viento viene del campo enemigo y es imposible mirar hacia él. Por algunos sitios me he metido con nieve al pecho y por todos hasta la rodilla por lo menos. No hace un frío exagerado, pero se hiela todo desde luego. Hoy que creí que la gente, ya muy apurada los días anteriores por el mucho frío, iban a estar desesperados, me he llevado una agradable sorpresa; los centinelas y demás servicio estaban de un humor excelente y muchos cantando. Esto, no cabe duda, no lo hace nadie más que los españoles. Ayer mismo, ya digo, la mayoría de la gente parecía que no podría resistir más, ya daba pena verles, y hoy por la noche es terrible la ventisca enorme que duele la cara, los centinelas con nieve a la rodilla, sin poderse mover, con las pestañas heladas, el abrigo rígido –completamente helado- cubierto materialmente de nieve ¡en fin! De forma que, si no se ve, parece imposible que se pueda resistir. Aguantan una hora sí y otra no, de puesto, arma al brazo y - ¡cantando! - Es un fenómeno inexplicable, ya digo. A mí me ocurre lo mismo, pues doy una vuelta, tan pronto me caigo hasta el pecho, me levanto etc. Voy con mi cabo de enlace y ayudándonos el uno al otro nos corremos la gran juerga; aunque llegamos a la chabola materialmente helados sin poder abrir los ojos calados ¡en fin! Somos muy grandes los españoles ¡Arriba España!

El diario comienza el día que se inicia el viaje a Rusia, desde la estación del Norte de Madrid. Así describe su salida de España y su entrada en Francia, en donde encuentran un ambiente hostil:

 13/07/1941: A las 4 de la tarde salimos de la estación del Norte de Madrid. La despedida es entusiasta de verdad. A mi casi no me dejan subir al tren. Con apuros consigo hacerlo en un asilo de guardafrenos y allí voy hasta El Escorial. Cenamos en Ávila.

14/07/1941: Desayunamos en Burgos, bien. Es de madrugada y, aunque mal, hemos dormido. En las estaciones del trayecto nos despiden con mucho entusiasmo. Comemos en Miranda. A las siete de la tarde, aproximadamente, Vitoria. Por comprar unas cosas de perfumería perdemos el tren. Lo alcanzamos en el coche Grande. San Sebastián a las 10.30. Cenamos tren 1.30 madrugada.

15/07/1941: De 1.30 a 2, algo emocionados la frontera. Enseguida Hendaya. Seguimos a través de Francia. Burdeos, comemos. La comida nos parece rara y es un plato nada más, aunque fuerte. Luego nos dan un paquete con un pan grande cuadrado y muy feo, una lata de carne y unos caramelos. La población civil es hostil, nos saludan puño en alto y les apedreamos.

Continúa el relato de aquel viaje en tren, llegando finalmente a Grafenwöhr, el 17 de julio. Este lugar le causó muy buena impresión, salvo por el rancho alemán: «¡De madrugada llegamos a Grafenwöhr, el campamento donde nos van a dotar de material. Desembarcamos y nos vamos a los alojamientos. Ya comemos el rancho alemán, es rarísimo y poco. Hasta que nos acostumbremos vamos a pasar mucha hambre. El alojamiento es bueno y el campamento precioso. Son todo chalets, parece una ciudad jardín. (…) Hay casinos de oficiales estupendos y, para cada Batallón, una cantina, en la que hay cerveza de malta y muchas chucherías. El tabaco también es abundante, pero la comida… La cena nos deja helados: una rodaja de mortadela y té con limón.

Continúa con el relato de la extenuante marcha al frente, que para él no lo fue tanto, pues era oficial de una compañía ciclista. El 26 de septiembre escribe: «Descanso. Llevamos andados 702 kms.». Al día siguiente, tras una marcha de 40 kms. mi padre dice que retroceden por la autopista en dirección a Vitebsk, ciudad bielorrusa, pero cercana a la frontera rusa. Desde allí, el viaje continúa ya en tren y camiones, llegando el 12 de octubre a una población cercana a Nóvgorod.

El 13 de octubre es la fecha en que terminan de relevar a la compañía alemana, entrando ya en fuego. Mi padre escribe: «Ayer dormimos en un pueblo próximo a Nóvgorod. Visito por la mañana el frente; la posición que vamos a ocupar me gusta. A las 6 de la tarde salimos hacia el frente y a las 10 empezamos el relevo en la posición de una Compañía alemana. De madrugada terminamos el relevo. Ha estado bien hecho y no ha sonado un tiro. Ayer cañonearon bastante. Me acordé mucho de la Pilarica y estoy contento pues tuve 4 cartas de casa.».

A partir de ese momento comienza ya el relato de sus aventuras bélicas, sus condiciones de vida, la vida de los soldados a sus órdenes, y su continua preocupación por sus vidas y su bienestar. El 18 de febrero de 1942 escribe: «Ayer me hirieron de gravedad al soldado José Vázquez Terán. De madrugada los ruskys dan un golpe de mano a la avanzadilla de la compañía. Se van rabo entre piernas.»

También, por ser anotaciones personalísimas, critica a veces las órdenes de sus mandos o la oportunidad o acierto de las operaciones que se desarrollan:

Esta noche se va a dar el proyectado golpe de mano. Nos reunimos con el Capitán que nos explica las misiones. De una forma que a mí me parece arbitraria, se designa a Larios para ejecutarlo. Yo soy descartado con la excusa de mi pierna, y esto me disgusta enormemente. Al Capitán le han exigido palabra de honor de que no cruzará el río. Yo estoy seguro de que quebrantará esta promesa. A las 10 de la noche sale una patrulla de 12 hombres con el bote para transportarlo a la orilla del río. El bote es neumático de los grandes. Mi impresión es que esto es una tontería pues me parece desproporcionada la exposición ya que no comprendo el fin que se ha de conseguir. A las 11 y media ya viene por mi posición la patrulla que va a cruzar el río. Se trata, única y exclusivamente, de: si es posible, capturar o matar una escuadra y una vez hecho esto tirar un par de bombas de mano para que los rojillos se den cuenta de que les hemos pasado el río. Yo tenía pensado al salir ponerme en la patrulla como uno más sin que el Capitán se diese cuenta: se lo digo a Larios y el Capitán sospecha y está mosca. Yo creo que es por esto por lo que me manda buscar una escuadra de fusión, mientras hago esto ellos se marchan. Cuando yo vuelvo con ellos pienso seguir, pero… temo que el Comandante esté al llegar y en efecto así es, en seguida llaman de su parte. Aquí paso un mal rato, ocurren cosas que a mí me disgustan pues yo tomo estas cosas muy en serio y no por mí precisamente. Transcurrido un rato grande yo estoy ‘cabreado’ y cansadísimo, pues mi pierna todavía no me funciona bien y he danzado mucho además de ir por el pueblo. El Comandante ordena que empiece el ‘cacao’ como él dice, pues cree que los del golpe ya han terminado. Tiran bastante nuestras máquinas y morteros. Naturalmente que los ruskys también tiran; a la panda nuestra en varias ocasiones nos bordan. En una de estas hieren en el pecho a un chico de la 1ª Sección (grave)

Lo que ocurrió allí.- Una vez en la orilla del río y con el bote ya dentro, embarcaron, como yo me imaginaba, el Capitán también. Cruzaron el río sin novedad, pero lo hacían casi enfrente de un puesto avanzado en la orilla enemiga.

Cuando estaban a escasa distancia les hicieron una descarga y volvieron grupas.

Resultado, un soldado muerto casi en el acto y dos heridos, todos dentro de la barca.

La cosa se puso fea para desembarcar, pues con bengalitas etc. les tiraron a placer, pero ya no ocurrió más. Me imagino las angustias que pasaron para llegar a la posición. Únicamente dejaron allí el bote. De acuerdo con el Capitán Orozco, organizamos dos patrullas de ayuda, pero cuando nos disponíamos a salir llegaron ellos.

Mi padre describe muy bien las penalidades que sufren, tanto las debidas al intensísimo frío (llegan a medir unos terribles -46º) como luego, ya en primavera, las producidas por el barro o los mosquitos, que aún les hacen sufrir más. Pero llega la navidad de 1941, y mi padre la describe de este modo tan entrañable:

Deja de llover y empieza gran ventisca. Nieva en abundancia, cuando deja de nevar el frío aumenta mucho. De madrugada es intensísimo, de madrugada llega a – 46o. Esta noche es Nochebuena ¡qué recuerdos! Hace un frío grandísimo. Oímos misa del gallo en la ‘chabola casino’, un acto muy simpático, sencillo y emocionante. La noche es crudísima. Del aguinaldo todavía nada. ¡Noche Buena! Qué recuerdos, hace un frío intensísimo, una de las noches más crudas. A las 12 viene un enlace de P.M. a llamarme para asistir a la misa del gallo. En la ‘chabola’ que se hizo para casino está el altar pequeñito, dentro estamos unos cuantos. Los oficiales, el Comandante, Teniente, Ayudante y médico, que han subido. Algún Sargento de Plana Mayor y los cabos de enlace nuestros. Comulgamos todos y resulta emocionante. En Rusia, en este sitio y con este ambiente no hay que negar que es un acto extraordinario. En estas circunstancias puede que seamos los únicos del mundo que han oído una misa. Fuera, la artillería y morteros enemigos molestan bastante.  

El diario acaba abruptamente, pues se interrumpe con la anotación del 12 de julio de 1942, sin que se nos haya anunciado previamente nada. Es posible que siguiera escribiendo en otra agenda, que se ha perdido, o a lo mejor dejó de hacerlo. Pero no lo sabemos. Acaba así:

Llueve otra vez. Pero no hay mosquitos. Andamos mal de tabaco. Mañana hace un año que salimos de España. Fin del 1er año.

En definitiva, mi padre nos ha dejado un regalo invaluable. Tanto como trozo de historia vívida, como relato de aventuras, o como memoria familiar, el texto es conmovedor, intenso, trepidante y, si se me permite, escrito con muy buen estilo.

Espero tener ocasión, con la ayuda de los grandes historiadores que tenemos cercanos a la memoria divisionaria, dar al relato de mi padre el formato de libro, pues creo que lo merece. Que Dios me ayude a ello.

(En la foto, propiedad de la familia, puede verse la portada del diario)



sábado, 18 de abril de 2020

Sobre la Verdad y la muerte







En su imprescindible libro (un diálogo con Nicolas Diat) «Dios o Nada», recordaba el Rvdo. Cardenal Robert Sarah, citando a Thibaud Collin, la invitación de los Papas san Juan Pablo II y Benedicto XVI a los católicos a practicar «una audacia socrática» y aconsejaba releer su diálogo con su gran amigo Critón unas horas antes de morir.

Como Sócrates buscó durante toda su vida la verdad, no está de más recordar aquella hermosa aseveración de santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein, canonizada en Roma el 11 de octubre de 1998), según la cual «Dios es la verdad y quien busca la verdad, busca a Dios, sea de ello consciente o no».

Muchos, hoy en día, no creen en la verdad, o sencillamente, no creen que exista un concepto como ese, que puede resultar verdaderamente muy molesto en muchos momentos, porque puede impedir alcanzar metas vitales, individuales o colectivas. Pero, por desgracia, hoy lo más común es que el común de los mortales ni se preocupen lo más mínimo por este asunto.

Sin embargo, esa situación puede empezar a cambiar, en estos días en que la muerte se ha tornado real, material, omnipresente y cercana a todos. Es hoy una realidad inquietante, a la que ya no podemos dar la espalda en nuestro descreído mundo occidental.

El ser humano empieza a darse cuenta de que no puede modelar la realidad a sus deseos, y de que no decide ni puede ni podrá nunca decidir por sí mismo ni su vida, ni su muerte. Vittorio Messori, en su «Hipótesis sobre Jesús», compara nuestra condición «a la de aquel que se despierta en un tren que corre a través de la negrura de la noche. ¿De dónde partió este tren, en el que nos colocaron no sabemos cuándo ni porqué, adónde camina, porqué en este tren y no en otro?». Y recuerda, con Pascal que «lo único que sé es que pronto moriré: pero lo que más ignoro es precisamente esa muerte a que no escaparé».

Precisamente, Blaise Pascal no comprendía a quienes no toman una postura sobre la verdad de Dios, no comprendía a aquellos que, en la mesa en la que está en juego la vida, no optan por una u otra de las hipótesis «O Dios existe o no existe. ¿Por cuál de las hipótesis apuestas?». Porque ese tren que imaginaba Messori más pronto o tarde arribará a un oscuro túnel, a cuyo final ninguno de los pasajeros sabe lo que podremos encontrar.

Al comienzo recordábamos a Sócrates porque me interesa destacar un aspecto de su hermosísimo diálogo postrero con Critón (que nos contó su discípulo Platón). Y es algo que yo no me he cansado de repetir a quien ha querido escucharme: que no todas las opiniones son respetables, no todas valen igual, no podemos hacer tábula rasa ante cualquier criterio u opinión por el mero hecho de que cada cual es libre de pensar como desee. No todas las opiniones son respetables, pues las hay erróneas, aberrantes, ridículas o falsas. O letales. Y ninguna de esas merecen el menor respeto.

Decía Sócrates a su amigo Critón: «… entre las opiniones de los hombres las hay que son dignas de la más alta estimación y otras que no merecen ninguna (…) no debemos curarnos de lo que diga el pueblo, sino sólo de lo que dirá aquel que conoce lo justo y lo injusto, y este juez único es la verdad [por lo que] es preciso morir aquí o sufrir cuantos males vengan antes que obrar injustamente.» Faltar a la verdad era, para Sócrates, cometer una injusticia, y él tenía a gala actuar siempre buscando la virtud.

Y esto es una de las cosas -y no la menor- que fallan más estrepitosamente en la política y en los políticos españoles, a quienes actuar en la virtud, la justicia y la verdad les es ajeno. Porque, seguía diciendo Sócrates, «es preciso (…) no hacer jamás injusticia, ni volver el mal por el mal, cualquiera que haya sido el que hayamos recibido [porque d]esde el momento en que están discordes sobre este punto, es imposible entenderse sobre lo demás, y la diferencia de opiniones conduce necesariamente a un desprecio recíproco».


sábado, 30 de noviembre de 2019

Matrimonios, aprendan a discutir







ALGUNAS IDEAS PARA LA BUENA COMUNICACIÓN CONYUGAL

Aprender a discutir.

La relación conyugal es la más estrecha, y, por tanto, la más exigente de cuantas los seres humanos pueden llegar a establecer a lo largo de su vida. Compartir hasta la respiración hace que cada pequeño gesto, y, por ende, cada palabra, sea escudriñada y produzca efectos. Y, por eso es absolutamente esencial que aprendamos a comunicarnos bien[1].

Desde la boda, el marido y la mujer pasarán por diferentes etapas, las cuales, si el matrimonio está bien construido, es decir, si tiene bases sólidas –si se vivió el noviazgo de modo conveniente y efectivo, y sirvió para aumentar el conocimiento mutuo- servirán para crecer en el amor, y así, la relación, y cada uno de sus miembros irán mejorando en los distintos aspectos de su vida y de su personalidad.

Sin embargo, se trata de un camino no exento de dificultades, pues exige llevar a cabo un esfuerzo diario para combatir nuestro egoísmo, la raíz de casi todos los males morales que afligen a las personas y destruyen los matrimonios.

De ello surge la consecuencia evidente de que es imposible que el matrimonio no discuta, pues determinadas situaciones o necesidades serán vistas de manera diametralmente diferentes por ambos cónyuges. Se trata de la misma realidad o el mismo problema, pero sobre el que cada uno tiene una idea diferente.

Esta posibilidad de tener ideas discordantes hay que darla por sentada entre los miembros de la pareja, porque es inevitable. ¿Hay posibilidad de que se generen conflictos a lo largo de la vida matrimonial? No, en absoluto, no hay posibilidad… hay seguridad. Se generarán, con certeza, y eso no es malo, ni hay que tener temor a que ocurra. Porque incluso es bueno, y esos conflictos bien resueltos, sirven para el crecimiento personal –hay que ceder, y ello nos hará mejores, más generosos, desprendidos y, en consecuencia, más alegres- y para la mejora de la relación matrimonial, que se verá muy beneficiada de la correcta gestión de una crisis[2], de una disparidad de opiniones. En la gran mayoría de los casos, los motivos de discusión son siempre los mismos, y responden a situaciones que, vistas desde fuera, tienen, generalmente, poca o ninguna importancia objetiva.

Lo que hay que evitar es dejar de solucionar estas desavenencias, mediante el silencio o el distanciamiento. Si tememos hablar con el cónyuge para no discutir, estamos dejando entrar al “diablo del silencio” en nuestro santuario matrimonial, y ello supone asumir un riesgo importante. No hablar es distanciarse, alejarse y abandonarse.

Pues bien, hecha esta introducción, voy a exponer ocho sencillas técnicas que a nosotros nos han ido realmente muy bien en nuestros primeros veintinueve años de matrimonio, y más de 30 juntos.

a.      Escuchar.
Ante todo, debemos aprender a escuchar. Es la primera técnica que sugiero. Ello exige renunciar a transformar la discusión en un combate dialéctico (es decir, en una competición consistente en argumentar y discutir para vencer al contendiente, mediante técnicas que rebaten los razonamientos del contrario para situar a los nuestros por encima y, así, resultar vencedor). Es decir, nunca debemos considerar un desencuentro como un combate en el que debe haber un ganador.

Escuchar al otro supone, sencillamente, ponerse en su lugar. Si nuestro cónyuge nos dice que se ha sentido mal con algo que hemos dicho, o hecho, o no hemos dicho o no hemos hecho, no intentemos contra-argumentar (“…yo no he hecho o dicho eso”, o menos aún “no te enteras de nada, estaba diciendo –o haciendo- esto otro”). No, simplemente escuchemos, e intentemos comprender la raíz del malestar del otro o de su diferente modo de ver el problema o la situación.

Escuchar supone, pues, un esfuerzo por comprender al otro, por lo que se debe dejar al otro hablar hasta que acabe todo lo que tiene que decir.

Por eso, después de escuchar, callemos, interioricemos lo escuchado y… si es necesario, pidamos perdón, para, en el futuro, intentar comportarnos de otra manera.

b.      Pedir perdón y perdonar
En palabras de Jutta Burggraf, «nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. “El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes»[3]. Y sigue diciendo: «¿Qué es el perdón? ¿Qué hago cuando digo a una persona: "Te perdono"? Es evidente que reacciono ante un mal que alguien me ha hecho; actúo, además, con libertad; no olvido simplemente la injusticia, sino que renuncio a la venganza y quiero, a pesar de todo, lo mejor para el otro». Desde luego, aquel que acuñó aquella famosa frase de que «el amor consiste en no tener que decir nunca “lo siento”» no sabía una palabra de amor.
Para que la pareja matrimonial sea funcional, los cónyuges deben pedirse perdón, y perdonarse, muchas veces. Y, generalmente, deberá tomar la iniciativa el cónyuge que se considere agraviado. Aunque resulta paradójico, y no es fácil, este sencillo comportamiento soluciona muchas situaciones difíciles.

c.       No interrumpir.
De lo que se ha dicho se deduce esta segunda técnica: no se debe interrumpir al otro antes de que acabe de decir todo lo que desee o tiene que decir. Es muy molesto –para todos- que nos interrumpan cuando expones una idea, creyendo, los que te escuchan, que saben ya –antes de decirlo- lo que vas a decir, o lo que quieres decir. El que escucha, como vemos en este caso, presume lo que quieres o intentas decir, supone que te refieres a unos determinados antecedentes, y, posiblemente, esa suposición sea falsa.

Interrumpir de ese modo supone, sencillamente, que no estamos escuchando, porque nuestro cerebro está dedicado a elaborar la respuesta -dialéctica-. Y es una respuesta que, normalmente, será incorrecta, estará equivocada, porque no hemos acabado de escuchar al cónyuge y, por tanto, no hemos llegado a comprenderle. Con las interrupciones podemos incluso llegar a faltar al respeto al cónyuge.

d.      Evitar presunciones
La tercera habilidad necesaria es aprender a evitar las presunciones. Lo acabamos de ver, las presunciones corresponden a deformaciones cognitivas[4], que son mecanismos inconscientes del cerebro que nos hacen imaginar situaciones que no son reales.

No presumamos, o supongamos, nunca, lo que el otro nos está queriendo decir. Escuchemos, y, si no entendemos, preguntemos, pero no presupongamos. Presuponer es un serio inconveniente a cualquier diálogo.

e.      No considerar al otro nuestro rival y no competir, no tenemos público.
Cuarta técnica. En la gestión de un desencuentro, un enfado, una situación compleja que no entendemos, y que nos genera inseguridad, tendemos a ver nuestra pareja como a un rival o contendiente, y nos preparamos a la lucha[5]. Hay que luchar contra este modo –equivocado- de ver las cosas. Porque de lo contrario, la discusión se convertirá en un combate, y de la lucha, un miembro de la pareja, o ambos, pueden resultar heridos.

Aquí es de aplicación la paciencia[6]: saber esperar, ponerse en lugar del otro y escuchar. Muchas veces, el cansancio, las pocas horas de sueño, o el estar abrumado por problemas cotidianos, nos hacen hacer o decir cosas que en otra situación no diríamos o haríamos jamás. Muchas veces, esa manera inadecuada de comportarnos se debe, simplemente, a la química de nuestro organismo. Por eso hay que saber esperar, comprender, y escuchar.

f.        No mezclar temas, no traer a colación el pasado.
Los temas que se discuten no deben “contaminarse” evocando situaciones similares ocurridas en el pasado, -que nunca serán tan similares como pretende el que las invoca- o recurriendo al tan socorrido “y tú más”. Comportarse de ese modo en una discusión no sirve más que para iniciar un camino circular que no conduce a lugar alguno, y que sólo servirá para enconar el enfrentamiento, y empeorar la desavenencia surgida.  

Conviene centrarse en la situación que ha generado la discusión, focalizar en ella los razonamientos para intentar resolverla o llegar a un acuerdo. Evitemos siempre traer a colación otros sucesos y situaciones del pasado. Es un error muy común.

g.      Evitar quejas y reproches. No ser una “máquinita de regañar”.
Algo que debemos tener siempre presente, la misión del marido no es educar a su esposa, así como tampoco es misión de la esposa educar al marido. De modo que evitemos utilizar con nuestro cónyuge el tono del maestro enfadado, o el que un padre o madre utilizan para corregir o castigar a su hijo. Es otro error grave, que se comete por exceso de confianza, porque con él podemos llegar a faltar al respeto a nuestro cónyuge.

h.      Jamás faltar al respeto a nuestro cónyuge.
Y la última advertencia, que es crucial, y sobre la que nunca se insistirá bastante: Debemos tratar a nuestro cónyuge, siempre y en todo caso, pero más en una discusión, con absoluto respeto, consideración y afecto, como trataríamos a la persona que nos mereciera nuestra máxima consideración. Eso supone no levantar la voz, ni mucho menos insultar. Gritar, gesticular, despreciar, amenazar, golpear objetos, arrojar cosas con fuerza, etc., son comportamientos agresivos. Suponen, aun en su menor grado, ejercer violencia. Y eso no hay relación conyugal que lo supere, salvo a costa de un enorme esfuerzo, que, en muchas ocasiones, no deja la situación como antes de esa pérdida de respeto.

___________________________

SOBRE LA IMAGEN: El director de largometraje, Noah Baumbach, afirmó: "“Lo que quería era hacer una historia de amor. Y por un tiempo estuve pensando en cómo hacerlo. Cómo contar una historia de amor de una manera diferente o una manera con la que yo pudiese relacionarme. Creo que esta película es sobre el divorcio de muchas maneras, es verdad, pero siempre estuve muy enfocado en la historia de amor. Pensé que a través del divorcio lo que podía explorar era el matrimonio”.



[1] “La comunicación interpersonal, en el ámbito del matrimonio, es una condición que, por ser esencial para la pareja, resulta ineludible e irrenunciable. El matrimonio no es otra cosa que comunicación. El amor que une a dos personas no es otra cosa que diálogo”. Así se expresa el doctor Aquilino Polaino en su libro La comunicación en la pareja. Errores psicológicos más frecuentes, y sigue diciendo que “es necesario diagnosticar precozmente los errores que por ambas partes se cometen en el frágil y difícil arte de la comunicación”.  

[2] La palabra “crisis”, además de su significado de “situación mala o difícil” significa también cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados”
[3] Aprender a perdonar. Jutta Burggraf. Opúsculo que puede encontrarse fácilmente en Internet (por ejemplo, aquí: https://es.catholic.net/op/articulos/10021/cat/411/aprender-a-perdonar.html), y que resulta, en mi opinión, de lectura obligada para toda pareja de novios que tenga intención de casarse, y, por supuesto, para todo matrimonio. A él me remito con entusiasmo.
[4] “Hay distintas maneras de distorsionar la realidad, guiándonos por nuestra cognición sin saber si ésta es la acertada. El autor del libro expone que todas las parejas que han sido capaces de amarse y comunicarse pueden llegar a arreglar sus desavenencias haciendo un trabajo cognitivo adecuado. Suele ser curioso que el amor se convierta a veces en desprecio cuando éste solo se basa en nuestras interpretaciones. Tal vez, hay que sentarse a reflexionar cómo ciertos pensamientos destruyen algo que puede ser, verdaderamente hermoso.” Con el amor no basta. Aaron T. Beck, (1990) Paidós, Barcelona.

[5] “A veces se dicen cosas sin pensar. No expresan lo que uno siente, sino más bien la tensión del momento o incluso el deseo de ganar la discusión”. Eso es lo que dice Prudencia Prim para consolar a la madre del Hombre del Sillón, arrasada en lágrimas tras unas duras palabras de su hijo. Natalia Sanmartín Fenollera. El despertar de la Señorita Prim. Novela de lectura muy recomendable para los cónyuges, aunque sólo incidentalmente trate sobre el matrimonio. 

[6] El Papa Francisco trata este asunto en su exhortación apostólica Amoris Laetitia (A.L., 91-92) admirablemente bien, al hilo del hermoso texto paulino de Corintios 13, 4-7:

“91. La primera expresión utilizada es makrothymei. La traducción no es simplemente que «todo lo soporta», porque esa idea está expresada al final del v. 7. El sentido se toma de la traducción griega del Antiguo Testamento, donde dice que Dios es «lento a la ira» (Ex 34,6; Nm 14,18). Se muestra cuando la persona no se deja llevar por los impulsos y evita agredir. Es una cualidad del Dios de la Alianza que convoca a su imitación también dentro de la vida familiar. Los textos en los que Pablo usa este término se deben leer con el trasfondo del Libro de la Sabiduría (cf. 11,23; 12,2.15-18); al mismo tiempo que se alaba la moderación de Dios para dar espacio al arrepentimiento, se insiste en su poder que se manifiesta cuando actúa con misericordia. La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder.

92. Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Si no cultivamos la paciencia, siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla. Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta: «Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad» (Ef 4,31). Esta paciencia se afianza cuando reconozco que el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es. No importa si es un estorbo para mí, si altera mis planes, si me molesta con su modo de ser o con sus ideas, si no es todo lo que yo esperaba. El amor tiene siempre un sentido de profunda compasión que lleva a aceptar al otro como parte de este mundo, también cuando actúa de un modo diferente a lo que yo desearía.”

jueves, 9 de marzo de 2017

MIGUEL MILÁ Y LA BELLEZA




Tuve ocasión de asistir ayer tarde a la proyección, en la Academia de la Artes y las Ciencias Cinematográficas de Madrid, de un documental sobre la trayectoria profesional y humana de Miguel Milá, el galardonado diseñador industrial e interiorista a quien tengo la suerte de conocer desde hace muchos años, por motivos familiares que no vienen ahora al caso.

Persona excepcionalmente culta, charlar con él es siempre fácil y apasionante, pues sus palabras suelen estar lejos del vacío protocolario. Es un conversador de los que escuchan y se interesan sinceramente por su interlocutor, de los que están abiertos a aprender algo nuevo, y de los que siempre te enriquecen, pues saben sacar, como los buenos maestros, lo mejor de ti. Por eso es de aquellas personas cuyas palabras solemos recordar durante mucho tiempo. De las que saben ver la misma realidad que uno mismo ve, pero desde un punto de vista diferente, y generalmente más atractivo del que habíamos advertido hasta entonces.

Creo que por eso es tan popular y tan querido, además de por ser una persona de una deliciosa sencillez y de educación exquisita.

Miguel valora el confort como el mayor lujo, y en él incluye la estética. Y en esto creo que tiene mucha razón, porque, en mi opinión, es imposible estar cómodo en un lugar en el que las cosas que te rodean son feas o vulgares.

Muchas veces nos encontramos en lugares o situaciones que aparentemente reúnen los requisitos mínimos para sentirnos cómodos, compañía agradable, alimentos bien cocinados, temperatura y ventilación adecuadas, pero, por algún motivo no acabamos de sentirnos a gusto y estamos deseando salir de allí cuanto antes, sin que a veces seamos plenamente conscientes de ello. Es una sensación que apesadumbra a cualquiera y que nos baja la energía vital, y que podemos sentir con desagrado tanto en espacios abiertos (hay ciudades muy feas, o rincones o lugares de ellas), como en el interior de edificios de todo tipo, tanto públicos, industriales, comerciales, administrativos, como privados, casas particulares, sedes de asociaciones, clubs… Cuando el entorno es feo, o estamos sitiados por cosas feas nuestro estado anímico no es bueno.

Creo que el reconocimiento y el apasionamiento por la belleza, es lo que nos hace específicamente humanos. En la belleza hay armonía con el mundo, orden y quietud. Miguel Milá es extremadamente ordenado, porque en el orden de las cosas hay belleza. Quizás la belleza no sea otra cosa que la disposición ordenada de las cosas.

La belleza, en palabras de Mons. Luigi Negri, rememorando a San Agustín, en el prólogo al opúsculo de Joseph Ratzinger titulado así precisamente, “[es] palabra que revela la inevitable nostalgia del hombre por la verdad, la justicia y el bien, es decir, la nostalgia de Dios”. Por eso, la experiencia de la belleza es “fundamental en la vida y la cultura del hombre”.

Nos repugna lo feo porque no podemos sacudirnos el miedo de que “al final no sea el aguijón de lo bello lo que nos conduzca a la verdad, sino que la mentira, lo que es feo y vulgar, constituyan la verdadera «realidad»”[1]. Por ello cobra sentido aquella afirmación de que “después de Auschwitz no se ha podido hacer poesía”. Esa es la razón de que nunca acabaremos de sentirnos cómodos ni seguros si nos rodea la fealdad o la vulgaridad, puesto que vulgar no es otra cosa que aquello que carece de novedad e importancia, o de verdad y fundamento.

Miguel Milá parece pensar como Platón que el encuentro con la belleza produce en el hombre “una sacudida emotiva y saludable que le hace salir de sí mismo[2]” a la búsqueda de aquello primigenio que perdió, que no es otra cosa que la perfección. Porque Miguel busca siempre la perfección, que no es sino la búsqueda de la belleza acabada.



Imagen: http://puntoluz.com/ca/disenadores/miguel-mila



[1] Ratzinger, Joseph. La belleza. La Iglesia. Ed. ENCUENTRO. Madrid, 2006. Pp. 20.
[2] Ibíd. Pp. 15.

Un año en la División Azul.

Transcribo a continuación el artículo que publiqué recientemente en el número 743, junio 2021, de la revista mensual BlauDivisión, Boletín d...