Mostrando entradas con la etiqueta ideología de género. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ideología de género. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de septiembre de 2020

Aborto intencionado, PIB y pensiones. Un debate interesado

 



En nota de prensa del pasado 11 de diciembre de 2019, el INE hacía oficial un dato extremadamente preocupante: El crecimiento vegetativo de la población (es decir, la diferencia entre nacimientos y defunciones) presentó un saldo negativo de -54.944 personas en 2018, en datos definitivos. Y, en la primera mitad de 2019, se registraron 170.074 nacimientos, un 6,2% menos que en el mismo periodo del año anterior, que, a su vez supuso una disminución del 5,8 % respecto al mismo período del año anterior. El número de nacimientos en la primera mitad del año continuó así con la tendencia a la baja de los últimos años, y, como resultado, el saldo vegetativo de la población fue de –45.002[1] personas en los seis primeros meses de 2019. Esta cifra, similar a la del mismo periodo del año anterior, consolida la tendencia negativa iniciada en el año 2015.

Aunque nuestra sociedad empieza a ser consciente de la enorme gravedad del problema, siguen sin analizarse -y menos aún, sin intentar resolverse- las causas últimas de este preocupante fenómeno. Para ver sus causas profundas, debemos comparar ese dato estadístico con otro no menos alarmante: al mismo ritmo que descienden los nacimientos, descienden los matrimonios. En 2018 hubo un total de nacimientos de 372.777, lo que supuso una disminución del 5,19 %, según datos del INE. Y según ese mismo Instituto, hubo 167.613 matrimonios, de decir, un -3,46 % que el año inmediato anterior.

Menos familia, esa es la raíz del problema. El pasado día 8 de enero, The Family Watch presentaba su IX Baremo de la Familia en España, en el que se analizan las causas de la bajísima tasa de fecundidad de la mujer española: una de las conclusiones que se extrae del estudio realizado es que los menores de 45 años, a corto plazo, prefieren prosperar profesionalmente, viajar y ampliar sus estudios a formar una familia, lo que explica en gran medida el preocupante dato de natalidad de nuestro país. Las familias españolas tienen, además, muy poca confianza en el futuro: el pesimismo de las Familias se ha incrementado en más de 20 puntos en el último año (de 36,5% a 57,5%)[2]. Con el añadido del creciente número de abortos intencionados, cuyas cifras alcanzan cuantías pavorosas en España. Porque menos familia implica, sencillamente, menos hijos, negro futuro, inviabilidad del Estado del bienestar e insostenibilidad del sistema de pensiones tal y como está diseñado hoy.

Precisamente,  y con relación a la viabilidad de las pensiones públicas, cuando hace pocos meses, y con respecto a los datos demográficos de 2018, un conocido líder político afirmaba que, si queremos financiar las pensiones, “debemos pensar en cómo tener más niños, no en abortar”, inmediatamente surgieron voces discrepantes en multitud de medios de comunicación, que venían a decir que los datos desmentían esa (tan evidente) afirmación, toda vez que, según ellos, “la solución a corto plazo para solventar la crisis demográfica que pone en jaque el futuro del sistema de pensiones reside en la llegada de población extranjera”[3], además de que, decían, “prohibir el aborto apenas tendría ningún impacto a la hora de recuperar el equilibrio financiero de la Seguridad Social.”

Podemos hacer un cálculo aproximado -y, casi con toda seguridad, inferior a la cifra real- del número de españoles que, habiendo sido concebidos, no han llegado a nacer a causa del aborto intencionado, desde 1985 (hay datos desde 1987)[4]: aproximadamente, unos 2,29 millones, con una media de 74.000 abortos intencionados cada año.

Porque está claro que la natalidad[5] es una cuestión de máxima importancia para el presente, y para el futuro de cualquier sociedad. “¿Por qué nos debe preocupar la natalidad? ¿La decisión de una pareja sobre los hijos que quieran tener no es una cuestión privada? la respuesta a esta segunda pregunta es, en esencia, no. Desde los inicios de la civilización moderna, la natalidad ha sido una importante cuestión de interés público (…).”[6]

Y a nadie se le escapa que el aborto intencionado, en cifras tan abultadas como las habidas en España en los últimos 30 años, influye notablemente en la disminución del índice de fecundidad. De hecho, si no hubiera habido abortos intencionados el índice de fecundidad “hubiera estado en 2015 alrededor de 1,6 hijos/mujer en lugar de 1,33 y más cerca del nivel de reemplazo generacional[7]”

Si España (en realidad, toda Europa) sigue con estas bajísimas tasas de fecundidad, el futuro que nos espera es, más que negro, inexistente. “Consideremos las previsiones siguientes: si una sociedad puede mantener una tasa de fecundidad de 1,9 hijos por mujer, su población al final de este siglo se habrá reducido aproximadamente en un 15%. pero si una sociedad se encalla en una tasa inferior, es decir, de menos de 1,4 hijos por mujer por término medio, al final del siglo su población total será apenas el 25% del tamaño actual (Mcdonald, 2002). España ejemplifica este síndrome de fecundidad muy baja, y, de persistir, en el año 2100 tendrá una población de tan solo 10-15 millones de personas (es preciso recordar que estas previsiones no tienen en cuenta los cambios de población causados por la inmigración o la emigración)”[8].

Esos artículos periodísticos que niegan las abrumadoras evidencias estadísticas son mendaces, porque se limitan a proyectar, a día de hoy, la situación que el aumento del número de cotizantes (por esos abortos intencionados no producidos) tendría sobre el déficit de la seguridad social. Visión tan a corto plazo, y tan carente de virtualidad alguna como solución de futuro, que dejan patente que no eran más que un intento de desacreditar a aquel político que ligó número de abortos con el futuro -no con el presente- del sistema de pensiones.

La viabilidad de dicho sistema, con vistas al medio y largo plazo, es objeto de largos y profundos debates en todo el mundo, principalmente en occidente. Hay quien afirma -autores generalmente instalados en el lado izquierdo del espectro político- que el problema no es demográfico, sino de productividad, y “si la renta per cápita crece, no hay motivo para considerar, sea cual sea la pirámide de población, que (…) los pensionistas no puedan seguir percibiendo los mismos ingresos en términos reales”[9]. Pero, sin embargo, el consenso mayoritario se sitúa en considerar que las pensiones y la natalidad son dos caras de la misma moneda: Fernando Martínez Borlado, en artículo con ese título[10], comenta, a partir de un análisis de la Consultora PwC, de 2010, el exitoso modelo sueco, según el cual, “las cotizaciones de los trabajadores suecos alimentan dos sistemas complementarios de pensiones. Uno es colectivo y básicamente de reparto; y el otro, individual y de capitalización. El primero capta la mayor parte de las cotizaciones (16,5% del salario bruto), y se utiliza para pagar las pensiones de los ya jubilados. Lo que cotiza cada trabajador se va acumulando de manera “virtual” en una cuenta que se le adjudica. Cuando el trabajador se jubila o va a empezar a cobrar su pensión por otro motivo, lo acumulado en su cuenta es la base para el cálculo de su pensión, de tal forma que lo que una persona recibe como pensión es un reflejo más directo de sus aportaciones durante toda su vida laboral”. Y sigue diciendo, que, en la línea que aquí venimos defendiendo, “aunque en el informe de PwC se sugiere que España debería adoptar el modelo sueco, el fomento de la natalidad aparece como una condición previa”.

La estremecedora cifra de abortos intencionados, producidos en España en los últimos 30 años, tiene otro efecto perverso, nunca convenientemente valorado, que es la enorme pérdida de felicidad y bienestar personal que supone la renuncia a la procreación, y más aún, de una renuncia cuando ya se ha procreado, mediante la eliminación del ser en gestación. Al respecto, podemos leer en el informe de Gøsta Esping-Andersen (coordinador)[11] que “también podemos definir la fecundidad como un asunto de bienestar al nivel micro de los individuos y las familias. De hecho, tener hijos es uno de los ingredientes fundamentales en la búsqueda del bienestar y la satisfacción vital, y los datos así lo corroboran varios estudios, que concluyen que los hijos producen un dividendo significativo de felicidad (Aassve et al., 2012; Kohler, 2005). Resulta inexplicable que esta dimensión haya recibido tan escasa atención en los debates sobre políticas públicas. A pesar de ello, fue el tema principal en la defensa que hicieron los Myrdal[12] de políticas activas de apoyo a la familia”.”

Por tanto, concluimos, el hecho de que nos falten nada menos que 2,26 millones de españoles, que habiendo sido concebidos en los últimos 30 años en España, no han nacido por decisión intencionada de quien era responsable de ellos, pone en serio peligro la misma existencia de nuestra civilización.

Imagen: https://www.definicion.xyz/2018/05/estadistica-descriptiva.html



[1] Instituto Nacional de Estadística. Nota de prensa de 8/1/2020.

[2] TFW. NOTA DE PRENSA. PRESENTACIÓN DEL ‘IX BARÓMETRO DE LA FAMILIA TFW’. Madrid, 8 de enero de 2020.

[3] Desde medios oficiales se intenta quitar importancia al problema diciendo que la inmigración será lo que revierta la situación, lo cual no deja de ser un engaño, en el sentido de engañar como “aliviar momentáneamente una sensación o necesidad, o hacer que disminuya”, es decir, como se engaña el hambre. En efecto, basta comprobar que los flujos migratorios hacia España han experimentado un auge impresionante desde el comienzo del nuevo milenio, pero, a pesar de ello, la población baja y el índice de fecundidad de la mujer española está entre los más bajos del mundo. Los inmigrantes resolverán momentáneamente el problema, pero su afluencia no es ninguna solución. En el Estudio “La situación demográfica en España. Efectos y consecuencias”, Separata del volumen II del Informe anual del Defensor del Pueblo correspondiente a 2018 puede leerse: “La llegada de extranjeros ocasiona una mejora de la demografía española, si bien las diferencias que existían en el momento de las llegadas se diluyen a medida que la población extranjera se integra en la sociedad de acogida.”.

[4] https://www.mscbs.gob.es/ca/profesionales/saludPublica/prevPromocion/embarazo/home.htm#datos

[5] No deben confundirse los conceptos de natalidad y fecundidad, que se emplean como sinónimos, pero que no lo son: “La natalidad es la frecuencia de los nacimientos producidos en el conjunto de una población, es decir, relaciona el número de nacimientos con el número de personas que forman una población concreta. Habitualmente se considera un período de tiempo determinado, por ejemplo, un año. La fecundidad es la frecuencia de nacimientos identificando el subconjunto de la población susceptible de experimentarlos. En otras palabras, relaciona el número de nacimientos con las mujeres en edad de procrear dentro de una población, habitualmente en el transcurso de un año.” Demografía. López Hernández, Dolores y Montoro Gurich, Carolina. 2008.

[6] Frase que puede leerse en el trabajo titulado El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español. Colección Estudios Sociales Núm. 36. Gøsta Esping-Andersen (coordinador). Obra Social La Caixa.

[7] Instituto de Política Familiar (IPF), ha elaborado el informe “El Aborto en España 30 años después (1985 – 2015)”. Enero, 2017

[8] Colección Estudios Sociales Núm. 36. El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español. Gøsta Esping-Andersen (coordinador). Obra Social La Caixa.

[9] Martín Seco, Juan Francisco. “La sostenibilidad de las pensiones”, en La República, 18/04/2013.

[10]RODRÍGUEZ-BORLADO, FERNANDO. Pensiones y natalidad: dos caras de la misma moneda. 24-julio-2013. Disponible en https://www.aceprensa.com/articles/pensiones-y-natalidad-dos-caras-de-la-misma-moneda/

[11] Colección Estudios Sociales Núm. 36. El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español. Gøsta Esping-Andersen (coordinador). Obra Social La Caixa.

[12] Gunnar Myrdal, economista sueco, premio nobel de Economía, y su esposa, Alva Myrdal, premio Nobel de la Paz.

sábado, 14 de noviembre de 2015

LOS ATENTADOS ISLAMISTAS DE PARÍS



Hace algunos meses, el mismo día en que tuvo lugar el trágico atentado contra Charlie Hebdo llegó a las librerías francesas el estremecedor –y en mi opinión clarividente- libro de M. Houellebecq que lleva por título "Sumisión". Al final del libro, el mediocre profesor universitario elevado a las más altas esferas de la política francesa tras su conversión al Islam, publica un artículo en el que afirma que el Islam está llamado a dominar el mundo, puesto que las civilizaciones occidentales le parecían, a buen seguro, condenadas, y lo argumenta así: “el individualismo liberal podría llegar a triunfar si se contentaba disolviendo las estructuras intermedias que eran las patrias, las corporaciones y las castas, pero si atacaba a esa estructura última que era la familia, y por tanto a la demografía, firmaría su fracaso final; entonces llegaría, lógicamente, el tiempo del Islam”.

Tras los devastadores atentados de noviembre en París, Europa parece caer en la cuenta de que nos hallamos en estado de Guerra. Y comienzan las grandilocuentes declaraciones de ilustres representantes de nuestra clase política, en mayoría de las cuales se apela a la fortaleza democrática, a los “valores europeos” y a las libertades que gozamos los europeos, que “no nos serán arrebatadas”. Alguno de la parte más a la izquierda del espectro ha llegado a decir que al terrorismo se le combate eficazmente sólo con más tolerancia y más libertad, declaraciones que causan algo más que estupor.

Me ha hecho ilusión, sin embargo, esa insistente alusión a los “valores europeos”, porque a estas alturas muchos desconocemos cuales son o puedan ser.

La grandeza europea, lo que constituyó su mejor aportación al humanidad, y que a la vez es la debilidad principal de Europa a ojos de quienes quieren acabar con lo que representa, lo dice también el citado personaje de Houellebecq desde su perspectiva de defensor de la hegemonía del Islam en Europa: “La idea de la divinidad de Cristo (…) era el error fundamental que ineluctablemente conducía al humanismo y a los «derechos del hombre»”.

Es su raíz cristiana la que ha dado su grandeza y la vigencia mundial de su modelo a  Europa. Son los valores del humanismo de raíz esencialmente cristiano los que hacen reconocible a Europa y dan sentido a su misión en el mundo. Por tanto, renunciar a ellos es garantía de descomposición, de vulnerabilidad y de decadencia.

Y no otra cosa es lo que lleva decenios haciendo Europa, sus políticos, sus ciudadanos y sus instituciones. El feroz ataque a la familia, que encabeza de modo más palmario esta negación de todo lo que desde siempre ha sido, está alcanzando cotas que nos aproximan a un punto de no retorno: La consideración de que cualesquiera unión sexual de dos personas es equiparable al matrimonio de hombre y mujer, la desvalorización de la maternidad, considerada como un riesgo indeseable y una lacra para el pleno desarrollo de la mujer, la disolución de las diferencias naturales de los sexos y sus sustitución por un radicalismo «de género» que se fundamenta en que masculinidad y feminidad son concepciones de origen social, la pavorosa lacra del aborto intencionado, al que se intenta dar el carácter de derecho subjetivo, el avance imparable de la cultura de la muerte, y tantos otros síntomas de agonía de la idea de Europa.

Todo ello convierte a Europa en un organismo doliente, herido de muerte y casi putrefacto. Ya casi no tiene nada que ofrecer a nuestros jóvenes, más allá de un futuro lleno de Gadgets tecnológicos y placeres de usar y tirar. En este mismo sentido, y en otro post anterior (http://www.joaquinpolo.net/2015/01/europa-huerfana.html), con ocasión de otro atentado terrorista en Francia, escribíamos:

Como recordaba Benigno Blanco en su Lección inaugural de Apertura de Curso en la UCAM el 12 de noviembre, “la civilización occidental [es] la más humanista que ha existido. Sólo aquí, en Occidente, hemos descubierto e interiorizado la radical igualdad entre los seres humanos; sólo aquí hemos construido el concepto de dignidad humana y teorizado los derechos humanos; sólo aquí hemos creado todo un entramado institucional para defender la libertad: el Estado de Derecho; sólo aquí hemos sometido a criterios éticos los más radicales poderes del Estado como la pena de muerte y la guerra; sólo aquí hemos erradicado la tortura y la esclavitud”.

Pero… ¿Estos principios siguen siendo hoy los valores sobre los que asienta nuestra civilización occidental? ¿No nos hemos ido encargando nosotros mismos, desde hace décadas, de vaciarlos de contenido, de relativizarlos e incluso de oponernos a ellos, renunciando así a nuestra propia esencia?

En la vieja, envejecida y esclerótica Europa, víctima del pensamiento débil, ha dejado de tener sentido la apelación a la verdad del hombre, y a un humanismo de raíz cristiana que supuso el fundamento de los Derechos Humanos y de la consagración de la dignidad inviolable de todo ser humano.


El relativismo, con su renuncia al uso de la razón para descubrir la verdad, ha sumido al hombre occidental en un pozo de miedo y de soledad. Los jóvenes europeos que se ven lamentablemente seducidos por los movimientos radicales islamitas posiblemente lo sean por la aversión a caer en el nihilismo. Los asesinos de París –jóvenes esencialmente- no eran una excepción. Porque, como se ha visto, “cuando prescindimos de Dios emprendemos una oscura senda en la que toda degradación es posible”, en palabras de Carlos López Díaz”.

Imagen: http://blogs.ucv.es

domingo, 16 de marzo de 2014

¿Hijos? No… gracias



Hace unos días se publicaba en un periódico digital, en la sección “LIFESTYLE” un artículo con este título. Al parecer, hay una especie de movimiento o tendencia de opinión que aboga por una vida en pareja (se entiende que heterosexual) pero sin descendencia. Los motivos son puramente personales: “Es nuestra decisión, así entendemos la vida y así la disfrutamos: sin hijos”. Esta elección, según se explica en el artículo, es cada vez más frecuente, aunque todavía minoritaria, entre las parejas españolas. Entre el 13% y el 14% de las mujeres nacidas en 1965 no tiene hijos, mientras que en la generación anterior, la de las venidas al mundo en 1955, ese porcentaje estaba en torno al 10%, según datos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Entre quienes eligen esa opción de forma voluntaria "cuenta mucho la idea de tener una vida más independiente porque, aunque la maternidad sigue siendo muy atractiva, se entiende que los hijos limitan, por ejemplo, las opciones profesionales de la madre o las posibilidades de viajar o de hacer otras cosas del padre", explica Inés Alberdi, catedrática de Sociología de la Universidad Complutense.

Este fenómeno, lejos de ser una curiosidad sin importancia, es extremadamente preocupante. Recomiendo la atenta lectura del artículo del profesor Francisco José Contreras titulado “El invierno demográfico europeo”, en su libro Liberalismo, catolicismo y ley natural. En él leemos: Un espectro vaga por Europa: no es el del comunismo, sino el de la senilidad. Se cierne sobre el continente un «invierno demográfico» que pondrá a muchas naciones, si no al borde de la extinción física, sí al de la evidente insostenibilidad socio-económica. El problema es especialmente acuciante en España, a la cabeza de la baja fertilidad.  

Considero que en la decisión de cerrarse a la procreación tienen mucho peso las razones ideológicas. Cita el profesor Contreras a Mark Steyn, que en su obra American alone: The End of the World As We Know It, afirma:

Nada hace más egoísta a un ciudadano que el colectivismo progresista: una vez que alguien disfruta de atención sanitaria estatal y todo lo demás, le importa un comino el interés social general; tiene ya lo suyo, y si [todos esos «derechos sociales» pagados por el Estado] van a conducir al Estado a la bancarrota de aquí a una generación, bueno, mientras los servicios alcancen hasta que él muera, no hay problema. La socialdemocracia es, así, rotundamente antisocial.

Este egoísmo, esta irresponsabilidad, este horizonte corto son, aparte de suicidas, profundamente contrarios a la naturaleza humana. Durante milenios los seres humanos han considerado imprescindible reproducirse, tener descendencia, han atendido a la llamada de la especie, al instinto de supervivencia (una de cuyas manifestaciones es el instinto de reproducción). Los hijos eran garantía de que el mundo continuaría, de que sería posible el progreso y la felicidad; eran el exponente visible de que la vida humana sobre la tierra tiene sentido.

Y es por ello que la falta de sentido (¿Por qué tendría que manejar un horizonte más largo quien está convencido de que nuestra especie no es sino un capricho de la química del carbono, que nuestros pensamientos y sentimientos no son sino fenómenos neuroeléctricos? se pregunta Contreras), el olvido de la trascendencia, es el motivo más profundo de esta visión del mundo.

Quien se considera autosuficiente, encerrándose en su pequeño mundo, considerando al otro, al prójimo, desde un punto de vista puramente utilitarista, y consagrado a satisfacer de la manera más inmediata posible cualquier deseo o necesidad, deja de ser humano, haciendo imposible el florecimiento de la Comunidad, la cual sólo surge a través de la comprensión de sabernos necesitados, como señala Alasdair Mcintyre.Junto a otros animales no humanos, sigue diciendo MacIntyre, el desarrollo de nuestra especie pasa por admitir nuestra condición de animales dependientes y vulnerables, ya que el ser humano es vulnerable y dependiente, y esta dependencia es uno de los rasgos más radicales que se expresan en su condición humana.  

Quien así piensa, quien decide consciente y voluntariamente vivir en pareja cerrando las puertas a la descendencia lo hace a veces por un erróneo deseo de libertad: "Mi vida es mi libertad y siempre pienso en lo que un niño puede quitarme y no en lo que quizá me aportaría, porque no quiero renunciar a lo que tengo", asegura una sevillana de 39 años. "Me gusta quedar con mis amigas, salir de cañas o apuntarme a clases", explica Lola”. Razones de hondo calado para no procrear, como vemos, que se califican por sí solas en la línea de lo que venimos diciendo.

Le respondería recordando lo que le dijo el gran Severiano Ballesteros, a un periodista, pocos días antes de morir: «Los hijos te van a dar alegrías que compensarán y superarán cualquier otra cosa en la vida. No olvides, continuó, que solos venimos y solos nos vamos, pero en el camino, lo único que tienes es tu familia. Cuídala»

jueves, 10 de mayo de 2012

Homosexualismo político


Recientemente he disfrutado de un interesante cambio de opiniones con un amigo tuitero que me contaba su preocupación por el hecho de que un amigo suyo trataba de que su hijo se sometiera a un tratamiento para superar la atracción por personas del mismo sexo. En un correo-e le explicaba lo que sigue:

“Yo creo que el gran problema no es ni la homosexualidad ni los homosexuales, sino el "homosexualismo político" o Lobby Gay. Porque considero que es un "movimiento" profundamente dictatorial, antidemocrático y, en mi opinión, manifiestamente lesivo para los intereses sociales. Apoyándose en una progresía muy mal entendida intenta imponer como única y definitiva una opinión, una ideología. Y agrede a todo discrepante, e intenta eliminar la discrepancia.

Creo conveniente citar aquí a Karl Mannheim cuando dice que "Ni la tolerancia democrática, ni la objetividad científica significan que debamos abstenernos de tomar posiciones firmes frente a lo que creemos verdadero, o que debamos evitar la discusión y los valores últimos de la vida. El sentido de la tolerancia consiste en que todo el mundo pueda tener la posibilidad de defender su caso, pero no en que nadie deba creer ardientemente en su propia causa".

miércoles, 21 de marzo de 2012

El papel educativo de los padres


El Gobierno de Aragón está remitiendo unas cartas, dirigidas personalmente a las niñas de 13 años que este año cumplen 14, que acaba con la siguiente frase, referida a la vacuna frente al virus del papiloma humano:

“También es preciso recordar que esta vacuna no protege frente al virus del sida ni otras enfermedades de contagio sexual ni tampoco evita embarazos no deseados, por lo que es preciso siempre utilizar preservativo en las relaciones sexuales”.

Presupone el Gobierno de Aragón que nuestras hijas de 13 años van a tener relaciones sexuales, y que éstas comportan “riesgos”.

Con esta actitud, el Gobierno de Aragón, al amparo de una presunta política de salud pública, quiere imponer una determinada visión de la sexualidad humana, reduccionista, como si el sexo fuese un pasatiempo sin más trascendencia, y en la que no hay más pecado que la imposición ni más riesgo que el embarazo o la transmisión de enfermedades.

Pues bien, considero que con esta carta se está produciendo una grave conculcación del derecho, constitucionalmente garantizado, de los padres a proporcionar a nuestros hijos una educación que esté de acuerdo con nuestras convicciones.

Porque somos los padres de familia los que debemos elegir qué tipo de educación sexual deseamos para nuestros hijos, sin que sea legítimo que el Estado se entrometa, vulnerando nuestros derechos, y porque somos muchos los padres de familia que entendemos que educar en la afectividad y la sexualidad es inseparable de la formación integral de la persona, de una educación para el amor responsable y para la entrega personal en un contexto de permanencia en el tiempo y abierta a la vida.

Por eso, desde aquí, exijo al Gobierno de Aragón que deje de inmediato de remitir a niñas de 13 años cartas de este tenor, y que la oferta de esa vacuna sea efectuada mediante carta dirigida a sus padres o tutores, evitando este tipo de intromisiones en  sus derechos.

Imagen: http://www.cermiaragon.org/

jueves, 12 de enero de 2012

"Género"




Al hilo de la indignación mostrada por miembros del anterior gobierno -y muy especialmente por alguna de las ministras de cuota- frente a las declaraciones de Ana Mato, cuando utilizó la expresión "violencia en el entorno familiar"(correctísima, por otra parte), se han suscitado múltiples reacciones. A la flamante Ministra se le afeó que utilizase dicha expresión, en lugar de utilizar la más políticamente correcta “violencia de género” (anglicismo procedente de “gender-based violence”), que es la utilizada en la Ley de medidas de protección integral contra la violencia de género y la internacionalmente homologable por ser el término elegido por la ONU.

La expresión de marras adquirió mucho protagonismo sobre todo a partir de la Conferencia sobre población que tuvo lugar en El Cairo en 1994 (y tras ella, muchas organizaciones de la ONU utilizan esta ideología como un método anticonceptivo más, como señala Benigno Blanco) y especialmente tras la Conferencia de Pekín de 1995 sobre la mujer, y en España se ha visto encarnada en la política de los gobiernos socialistas entre 2004 y 2011.

Pero el tema no en absoluto claro ni mucho menos unánime. Así, en un artículo muy recomendable publicado hoy en “El Ideal” de Granada, el fiscal de la Audiencia Provincial D. Javier García Rull explica precisamente (y este es el título del artículo) “Por qué no es violencia de género”. Su tesis consiste sencillamente en que tal expresión se nos trata de imponer por una causa meramente ideológica. Tampoco está claro que sea la expresión elegida por la ONU: Ignacio Aréchaga (en ACEPRENSA) ha analizado las expresiones utilizadas en la Declaración de Pekín. A mi me llena de perplejidad, a la par que confirma todo lo que se acaba de exponer más arriba, lo que nos dice:

«Se ha dicho que la expresión “violencia de género” es el término acuñado por la ONU en la Conferencia de Pekín sobre la Mujer (1995), y que por lo tanto es el que debe emplearse en vez de eufemismos como “violencia doméstica” u otros similares. Es curioso que dentro de las varias posibilidades para referirse a este fenómeno solo deba emplearse una, como si las demás estuvieran proscritas.

Pero aún más extraño es que cuando se acude a la fuente –la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín – en su versión española, y se hace una búsqueda en el documento, resulta que al hablar de la violencia que sufre la mujer se utilizan las siguientes expresiones:

• “violencia contra la mujer” o “contra las mujeres”: 80 veces
• “violencia en el hogar”: 5
• “violencia doméstica”: 3
• “violencia de género”: ninguna
• “violencia sexista”: ninguna
• “violencia machista”: ninguna

O sea, para consagrar la exclusiva de “violencia de género” hay que hacer violencia al documento de Pekín, que ignora la expresión. La palabra “género”, tan discutida en la Conferencia y que motivó aclaraciones y reservas por parte de algunos países, sale 203 veces, pero no en el contexto de la violencia.

El empeño de algunos sectores por utilizar en exclusiva la expresión “violencia de género” refleja que el término “género” es deudor de una determinada ideología.»

Por último, me gustaría recordar que la llamada “ideología de género”, surgida del feminismo radical, es una ideología (es decir, es un sistema de pensamiento cerrado) que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos. Pretende, en palabras de Benigno Blanco (“En defensa de la familia”, ESPASA, Madrid, 2010) “acabar con lo femenino a través de la supresión de la distinción entre hombre y mujer en todos los órdenes de la vida”.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Las provincias vascongadas y el lenguaje políticamente ridículo





Con relación a la disparatada manera de escribir en lengua española que parece estar imponiéndose oficialmente, con mayor virulencia en algunas regiones españolas (las provincias vascongadas son ejemplo sintomático, con el agravante de perder tiempo y recursos en una majadería como ésta y, al mismo tiempo, ocuparse tan poco de asuntos mucho más trascendentes), copio a continuación algo que puede leerse en la Ley 10/2006, de 29 de diciembre, de Agricultura y Alimentación Ecológica de Euskadi. (publicada en el BOE de 4.11.11). Son sólo algunas de las muchas perlas de este estilo que pueden encontrarse en dicho texto legal:

"El presidente o la presidenta del consejo será elegido o elegida de entre los vocales y las vocales representantes de las ...."



"El vicepresidente o la vicepresidenta del consejo será elegido o elegida de la misma forma que el presidente o la presidenta y ejercerá las siguientes funciones:"



"Los y las vocales, representantes de los operadores y operadoras, serán elegidos o elegidas democráticamente,"



"El director o la directora será designado o designada por el consejo"

Al respecto existen y proliferan por doquier engendros -y, como todo, pueden encontrarse fácilmente en la Red- pretendidamente técnicos con rimbombantes nombres del estilo "Manual de uso no sexista del lenguaje" o "Guía de Estilo en Castellano en Comunicación y Género" o "Manual de Leguaje no sexista" o "Manual de lenguaje administrativo no sexista" etc., generosamente financiados,  publicados y recomendados o a veces impuestos por ayuntamientos, diputaciones, CC.AA. e incluso Cajas de Ahorro y universidades (el colmo).

Estos auténticos bodrios, imponentes monumentos a la estulticia y a futilidad humanas, además de atreverse a aconsejar una errónea manera de escribir, son también ponzoñosas píldoras ideológicas, que sibilinamente pretenden hacerse tragar con objeto de producir una letal intoxicación "de género". Algunos de estos pretendidos "Manuales" ni tan siquiera creen necesario embozo alguno en mostrar a las claras su intención ideologizante, como es el caso del perpetrado por el Ayuntamiento de Terraza (Barcelona), cuya primera parte se titula, sin recato alguno, "INTRODUCCIÓN AL GÉNERO, CONCEPTOS PREVIOS".

El uso a pies juntillas de uno de estos manuales, llevando a sus últimas consecuencias todas sus recomendaciones produce como resultado unos textos que a veces resultan completamente hilarantes, frecuentemente ridículos y siempre imposibles de leer y situados en las antípodas del idioma castellano que a diario usamos los hispanohablantes. El texto "legal" (quizá en otro "post" nos dé por comentar la cada vez más deficiente técnica legislativa que se está imponiendo en nuestro país) citado arriba es expresivo de todo esto. 


Otro caso, el proyecto de Reglamento de una Junta de Personal de un organismo administrativo que cayó en mis manos hace pocas semanas (Soy Secretario de la de mi centro de trabajo, a cuya aprobación se sometía). Íntegramente redactado siguiendo las directrices de uno de estos sandios "manuales", aquello era un lamentable refrito del que se había usado hasta entonces y de los consejos "no sexistas". En el mismo no existía Presidente, sino Presidencia, no figuraba el cargo de Secretario, sino que aparecía por allí una Secretaría. Es decir, que no se contemplaban cargos, sino acciones, dignidades o lugares. Y, por el contínuo uso de "los o las", "as/os" aquel texto era ininteligible y laberíntico. Lo rehice entero y se aprobó la versión sexista, pero entendible y razonable. Mejor así.

Creo que es necesario exponer claramente, sin pausa y en todas partes, cómo es y cómo se usa el hermosísimo idioma español, tesoro que hemos de conservar y trasmitir a las generaciones venideras. Es nuestra responsabilidad.

lunes, 25 de julio de 2011

Lenguaje políticamente ridículo (2)

La Real Academia de la Lengua ya ha advertido del disparate que supone esta forma de uso de nuestro idioma. En este sentido, invito a todos a leer a menudo la entrada "GÉNERO" del Diccionario Panhispánico de dudas. Yo tengo y uso la primera edición, de octubre de 2005. Pero puede encontrarse y manejarse entero en Internet. Os copio (las negritas son mías):

_________________
2. Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos

2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.

2.2. Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.; → 2.1), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.
_________________

El artículo es mucho más amplio, merece la pena leerlo entero. Si seguimos escribiendo como hasta ahora hacen los seguidores de esta jerga políticamente ridícula (basta "intentar" leer recientes textos legales, entre otros la reciente ley gallega de familia para darse cuenta) será imposible leer algo de la manera en que ha sido escrito.

Lenguaje políticamente ridículo

Asistimos en los últimos tiempos en España (y no sé si sucede lo mismo en el resto de países hispanohablantes) a un penoso espectáculo a la hora de escribir en el idioma español. La pretensión de la ideología de género de imponer lo que ellos denominan "lenguaje no sexista" está ganando terreno, y cada día tenemos la desventura de leer textos escritos en esta jerga, qué digo leer, mejor intentar leer, pues esa manera de retorcer nuestro idioma deviene en unos textos de casi imposible lectura y de  pésima dicción. El asunto va mucho más allá de una mera cuestión estilística (que de seguir así acabara convirtiendo al idioma de Cervantes en una herramienta inútil) , se trata de una insidiosa manipulación de la ideología de género, que trata de imponerse en todos los frentes, y en éste, el primero.

Mi querido -y sabio- amigo Vicente Morro ha publicado recientemente el artículo que copio a continuación, en el que, con buen humor, describe los límites del ridículo a los que estamos llegando en España:

 ¿Dónde están mis hijas?

Me temo que debo haberlas perdido en algún recodo de los caminos de la Historia. Igual que a mi mujer, a mis hermanas, a mis amigas. Me explico. Soy uno de esos recalcitrantes a los que no les parece bien hacer ideología de las cosas más importantes. Por eso tengo la costumbre, buena para mí y mala para los amantes del lenguaje políticamente correcto imbuido de ideología de género, de seguir en esto los dictados de la Real Academia Española.

El caso es que tengo tres hijos varones y dos hijas. Cuando hablo de ellos –y ellas, tendría que haber añadido ahora para ser lo que ya he confesado que detesto-, casi siempre para presumir y sentirme satisfecho, me “olvido” de las dos chicas, pues tengo la costumbre de decir que “mis hijos son estupendos” o que “mis hijos son un regalo extraordinario de Dios” o “a pesar de todos los problemas, que no son pocos, no cambiaría a uno sólo de mis hijos”. También me olvido de mi mujer –sólo a veces- cuando digo, por ejemplo, que “todos iremos a tal o cual sitio” o cuando digo “nosotros llegaremos tarde”. Tendría que decir, para no invisibilizarlas, “todos y todas iremos” o “nosotros y nosotras llegaremos tarde” (los que me conocen saben que aquí estoy siendo muy realista y que la culpa suele ser sólo mía por lo que el uso sólo del masculino está más que justificado).

Hace unas semanas asistimos a la boda de una de mis sobrinas –y, si Dios quiere, dentro de unos meses asistiremos a la de una de mis ahijadas-. A mi hermano, el padre de la novia, unos días antes le dije: “Al final podremos ir todos, pues los dos mayores han podido cambiar los turnos de trabajo”. Curiosamente entendió que íbamos siete y no sólo los cuatro varones, y eso que no dije “iremos todos y todas”.

Otro ejemplo: mi mujer, obviamente, es lo que más quiero –y lo mejor que me ha pasado en mi vida-. Cuando hablo de los dos tengo el ¿vicio? de decir “nosotros”. ¿Qué tendría que decir para ser correcto políticamente, moderno o solidario: nosotros y nosotras, ella y yo, los y las dos? ¿No es simplemente ridículo?

Perdonadme, todos y todas (lo digo por si quieren aplicarme con efectos anticipados la futura –espero que no- ley de igualdad de trato y no discriminación), por el tiempo que os he robado, pero no quería quedarme callado ante tanta estupidez ideológica que ofende el sentido común. Amo igual a mis hijas y a mis hijos (un poco menos que a mi mujer, lógicamente); aprecio lo mismo a mis amigas que a mis amigos; trato de ayudar igual a mis compañeros que a mis compañeras; quier o a mis hermanos, hermanas, sobrinas, sobrinos; pero no pienso hablar de todos y todas, ellos y ellas, unos y otras. Seguiré diciendo “todos” porque hablo con el corazón y con la cabeza al mismo tiempo, porque uso la razón, el sentido común y la lógica y no la ideología. Os quiero a todos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

FRIKIFEMINISMO




Mi amiga Viky ha publicado esta maravilla en diversos medios. Con su permiso la copio aquí:


Y Sevilla tuvo que ser una vez más la cuna de“frikilandia”.A falta de que se les ocurra a los políticos reunirse para proteger los empleos que nos quedan; crear algún que otro más; reducir la tasa de fracaso escolar más alta de España; mientras  rebosan los comedores de Cáritas,y en suma, mientras se acuerdan que son servidores de los ciudadanos y que para eso cobran, pues no, una  vez más y con nuestro dinero se reúnen en un congreso a jugar a la “ideología de género”que es lo más alejado que puede haber del sentido común y de la justicia.Tres días a todo plan para recomendarnos que no debemos hablar del«número de parados»sino del «número de personas que buscan empleo»y que en vez de «futbolistas», escribamos «quienes juegan al fútbol».Las típicas chorradas que sólo persiguen el adoctrinamiento de género a base de deconstruir el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad y la educación.Su empeño por anular que exista una identidad femenina o masculina, está provocando frustración e infelicidad entre muchas personas incapaces de ir en contra de su propia esencia porque el ser humano sólo alcanza su plena realización cuando se comporta con autenticidad respecto de su condición femenina o masculina. Este“frikifeminismo” basado en la moral del resentimiento se halla muy lejos del feminismo de la razón, el que parte de unos ideales universales con la idea de evitar cualquier discriminación por motivos de sexo y que reivindica una igualdad efectiva entre todos los ciudadanos.






Viky Blasco

Un año en la División Azul.

Transcribo a continuación el artículo que publiqué recientemente en el número 743, junio 2021, de la revista mensual BlauDivisión, Boletín d...