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jueves, 14 de mayo de 2020

La violencia verbal de los políticos profesionales




«Para Adolf Hitler, pronunciar un discurso era un acto de violencia»
Max Gallo, La noche de los cuchillos largos

Los españoles estamos asistiendo en los últimos tiempos –y en especial desde el Decreto que instauró el Estado de Alarma- a una «escalada» en los niveles de agresividad del discurso político. Hace pocos días, el líder de un grupo parlamentario decía, en la misma sede de la soberanía, lo siguiente, refiriéndose a los representantes de otro grupo político de ideología opuesta: Porque ustedes representan el odio, la hipocresía y la miseria moral, y les aseguro que España, y nuestro pueblo, una vez más, como en el siglo XX, se quitará de encima la inmundicia que ustedes representan. Quien pronunció estas palabras fue, nada menos, que Pablo Iglesias Turrión, vicepresidente segundo del gobierno de España, el pasado 29 de abril.

Los Estados totalitarios tienen por costumbre utilizar un lenguaje muy agresivo, violento, y ofensivo, porque el poder de sus líderes descansa, en buena parte, en el miedo. Baste de ejemplo la frase de Adolf Hitler que sirve de pórtico. Para Vladimir Ilich Uliánov (Lenin)  el uso de la violencia era esencial en su táctica revolucionaria,  y dijo al respecto:

La dictadura revolucionaria del proletariado es un poder conquistado y mantenido mediante la violencia ejercida por el proletariado sobre la burguesía, un poder no sujeto a ley alguna. (Obras escogidas, T. III, p 37)[1].

Siempre he mantenido la convicción de que el ejercicio de la violencia no sólo se lleva a cabo con acciones que impliquen el uso de la fuerza física, que acaben lesionando a personas o destrozando objetos. También es violencia el insulto, el desprecio o la amenaza, es violencia verbal. La cualidad de violento implica el uso de una fuerza e intensidad extraordinarias, física o –lo que es más importante ahora- moral. Se invoca, en ocasiones, la libertad de expresión para amparar estos excesos, pero se olvida que tal derecho no puede amparar jamás el uso de la violencia.

Ese lenguaje cargado de agresividad –lenguaje, insisto, violento- traspasa la puerta del hemiciclo y contagia, como un virus, a amplios sectores de la sociedad española, que se empieza a notar por momentos más polarizada, es decir, orientada en dos opciones contrapuestas. No hace falta que traigamos a colación la manida frase de Antonio Machado, pero no es bueno que olvidemos nuestra propia historia.

En la web del Congreso de los Diputados pueden consultarse los Diarios de Sesiones de la Cámara en los tiempos de la Segunda República. Si consultamos los de 1936, cuando, tras las elecciones de febrero, gobernaba el Frente Popular, sus niveles de violencia verbal eran muy elevados, reflejo de la virulencia del enfrentamiento político que ya se daba en la sociedad, y en las calles. Esos enfrentamientos desembocaron en la devastadora y cruenta guerra civil.

De dicho Diario de Sesiones sacamos este extracto del discurso del diputado don José Calvo-Sotelo, entre gritos e insultos:

(…) Eso pienso, y hago constar que mientras la presidencia me ampare en mi derecho permaneceré impertérritamente en pie, dispuesto a decir todo lo que tengo que decir. (Nuevas interrupciones: Todas las agresiones han partido de vosotros. (¡Qué cinismo!) Advierto que las interrupciones que tengan carácter ofensivo, viniendo de algunas personas para mí no lo serán. (La Sra. Ibárruri: Id a decir esas cosas en Asturias. —Continúan los rumores.)
Iba diciendo, Sr. Presidente, que con su venia entregaré a la Redacción del Diario de Sesiones los datos cuya lectura omito para no prolongar mi intervención. (Rumores.) Y advierto que entre esos episodios los hay tan horrendos, que los mismos que me interrumpen serían los primeros en guardar silencio, porque no hay ninguna persona, no ya con figura, con alma, que quiere decir figura humana, que ante ciertos episodios canallescos y horrendos, cualesquiera que sean sus autores y sus víctimas, no sienta indignación. (Nuevas protestas.)
El Sr. Azaña se limitaba a calificar de tonterías el incendio de las iglesias. (Denegaciones. — El Sr. Sánchez Albornoz: Pero, ¿cuándo lo ha dicho?) Nunca, Sr. Azaña, se puede calificar así el incendio de un templo. (Rumores y protestas. —El Sr. Presidente reclama orden. —La Sra. Nelken: Hay cosas que no se pueden oír con paciencia, ni con campanilla ni sin ella.)

En la siguiente sesión, de 16 de abril de 1936, el diputado de derechas José María Gil-Robles había hecho recuento de los recientes actos violentos. Se debatía, como estos días de la pandemia, la proposición no de Ley del fin del Estado de Alarma:

Me va a permitir la Cámara que brevemente haga una estadística de cuál es el desconcierto de España desde que el Sr. Casares Quiroga ocupa la, cabecera del banco azul. Desde el 13 de Mayo al 15 de Junio, inclusive:
Iglesias totalmente destruidas, 36. Asaltos de iglesias, incendios sofocados, destrozos e intentos de asalto, 34. Muertos, 65. Heridos de diferente gravedad, 230. Atracos consumados, 24. Centros políticos, públicos y particulares destruidos, 9. Asaltos, invasiones, e incautaciones -las que se han podido recoger-, 46. Huelgas generales, 79. Huelgas parciales, 92. Clausuras ilegales, 7. Bombas halladas y explotadas, 47.

Acabo con un breve extracto de la intervención de la diputada doña Dolores Ibárruri en esa misma sesión:

Cultivasteis la mentira; pero la mentira horrenda, la mentira infame; cultivasteis la mentira de las violaciones de San Lázaro; cultivasteis la mentira de los niños con los ojos saltados; cultivasteis la mentira de la carne de cura vendida a peso; cultivasteis la mentira de los guardias de Asalto quemados vivos. Pero estas mentiras tan diferentes, tan horrendas todas, convergían a un mismo fin: el de hacer odiosa a todas las clases sociales de España la insurrección asturiana, aquella insurrección que, a pesar de algunos excesos lógicos, naturales en un movimiento revolucionario de tal envergadura, fue demasiado romántico, porque perdonó la vida a sus más acerbos enemigos, a aquellos que después no tuvieron la nobleza de recordar la grandeza de alma que con ellos se había demostrado.

Esa violencia verbal tan extremada era entonces reflejo de la violencia real en las calles. Hoy, todavía, ese nivel de violencia total no existe aún en España. Pero el derrotero por el que discurre la política y la sociedad españolas resulta muy preocupante. Como nos enseña la historia, avivar el odio en una nación como la nuestra puede llevarnos a una violencia devastadora. Recuperemos la educación, la cordura y el debate sosegado.

Imagen: Bundesarchiv. (Bbundesarchiv_Bild_146-1982-004-13A_Aufmarsch_am_Abend_der_Machtergreifung_Hitlers.jpg)

[1] Pueden consultarse fácil y gratuitamente en Internet: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf

martes, 14 de abril de 2015

¿Qué hacemos con Cristina Cifuentes?



En entrevista publicada ayer en el diario El Mundo, la flamante candidata popular a presidir el Gobierno de la Comunidad Autónoma madrileña respondía de la siguiente manera a las dos primeras preguntas de la entrevistadora:

P. Es partidaria del aborto. ¿Lo considera un derecho? ¿Qué le parece que haya diputados dispuestos a romper la disciplina?

R. El proyecto actual del Gobierno da cumplimento a lo que decíamos en el programa electoral. El aborto siempre es un fracaso, pero es una realidad. Que haya numerosos abortos en mi país no me gusta. Pero ante esa realidad, ¿qué hacemos? ¿Lo regulamos o lo ignoramos? Paralelamente, creo que es necesaria una mayor educación sexual de los jóvenes. Y también, que todas aquellas personas que quieren tener hijos en unas circunstancias especiales, deberían contar con el apoyo de las administraciones.

P. Pero, ¿es un derecho o no?

R. El aborto es, sin duda, un tema muy complejo que no sólo afecta a cuestiones legales, sino fundamentalmente morales. Y, por tanto, yo soy partidaria de que los diputados puedan votar en conciencia.

En este post me gustaría detenerme en ellas porque son exponente del falaz[1] argumentarlo con el que este “nuevo” PP insiste en su propósito de demostrar que desprecia a su electorado, al que toma por ignorante o estúpido.

Empezando por el final, me parece necesario recordar a doña Cristina que a nadie interesa ahora la opción moral de estar o no a favor del aborto intencionado. No estamos ante una controversia moral, sino ante una cuestión de gran calado jurídico y científico.

Se trata ahora, doña Cristina, de que se derogue, o se mantenga en vigor, una ley que aprobó el gobierno de Zapatero contra la abierta y total oposición del Partido Popular, magníficamente expresada tanto en el voto particular a la ponencia como en el recurso de inconstitucionalidad que ustedes, los del Partido Popular, encabezados por Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, interpusieron, y que inexplicablemente sigue sin resolverse. 

Se trata, doña Cristina, de la regulación jurídica de una conducta que supone “la muerte intencionada de un individuo de la especie humana”, como tan acertadamente lo define el científico chileno Jorge Becker Valdivieso, regulación que debe elegir entre seguir considerando al aborto intencionado como una suerte[2] de derecho subjetivo atribuido a la madre, o regularlo como un delito, con supuestos de exclusión de la responsabilidad criminal. Asuntos todos ellos puramente jurídicos, y no morales, aunque las concepciones morales de cada individuo que integre los poderes del Estado puedan influir en sus preferencias al respecto.

En definitiva, éste del aborto intencionado es un asunto de carácter tan moral como puede serlo la cuestión del blanqueo de capitales, de la violencia machista, del alzamiento de bienes o de la administración desleal. En estos supuestos, y en muchos otros, detrás de la reglamentación que se adopte por el legislador se vislumbrará siempre una determinada opción moral, pero ello no obsta para que se trate de asuntos puramente jurídicos. Pues, como ya podía leerse en Antígona, hace ya unas decenas de siglos “Imposible es conocer de cualquier hombre su ánimo, pensamiento y opinión, hasta que éste aparezca experimentado en el poder y las leyes”. 

Por lo que llevamos dicho hasta ahora, no se acaba de entender entonces la razón por la que doña Cristina cree que los diputados deben de votar “en conciencia” en esta cuestión y no en cualquier otra. 

Y, por último, comentemos lo que me parece lo peor de estas declaraciones: dice doña Cristina que “el aborto siempre es un fracaso, pero es una realidad. Que haya numerosos abortos en mi país no me gusta. Pero ante esa realidad, ¿qué hacemos? ¿Lo regulamos o lo ignoramos?. La respuesta a esa pregunta, puramente retórica, es evidente: ante esa realidad lo que hay que hacer es intentar que no haya abortos, porque si “no le gusta” y lo considera un fracaso –afirmaciones que hay que poner en entredicho, por incongruentes con lo que ella misma se responde- la respuesta evidente es… ¡hay que evitarlo!

Experiencias recientes y cercanas como la polaca demuestran que, si se quiere, la gran mayoría de los abortos intencionados pueden evitarse. Puede ofrecerse a la mujer que pide el aborto –que se ve forzada a ello en muchas ocasiones- otras alternativas, el apoyo social en todos los órdenes, la acogida abierta y cabal o la adopción. Pueden adoptarse todo tipo de medidas para cambiar la interesada y falsa creencia de que el embarazo es un mal que perjudica a la mujer y que se debe evitar, o de que no todos los seres humanos son igualmente dignos y valiosos. Y se puede empezar a reivindicar de nuevo lo que el ser humano siempre intuyó: que una nueva vida humana es siempre y en todo caso algo hermoso, valioso e imprescindible y que su acogida es una fuente de felicidad.

Por último, no está de más volver a Antígona y recordar a doña Cristina y a todos los del PP esas palabras del discurso de Creonte, quien creía que “ahora y siempre, el peor es aquel que gobernando sobre cualquier ciudad no acomete las mejores decisiones sino que ata su lengua por miedo”.





[1] DRAE: 1. adj. Embustero, falso.

[2] DRAE: 9. f. Género o especie de algo

IMAGEN: www.alertadigital.com

sábado, 18 de enero de 2014

El aborto y el beneficio de la duda


Nadie se asombra ni pone en duda el hecho de que si se llegase a encontrar bacterias en la superficie del planeta Marte, por ejemplo, ello significaría que se habría encontrado vida, organismos vivos. Es decir, que al hablar una forma microscópica peculiar de organización de una serie de moléculas, relacionadas con la química del carbono, que dan lugar a una célula, todos pensaríamos que la vida existe y se desarrolla.  


Por tanto, parece pacífica y aceptada a nivel general la afirmación de que cuando estamos en presencia de un embrión (y más aún del feto) estamos ante un ser vivo. De esto pienso que no hay duda alguna.  


Tampoco creo que haya demasiadas dudas respecto a que se trata de un ser vivo de la especie humana, puesto que procede de la unión de gametos de tal especie, su genoma es humano, etc...). Pero, sin embargo, en este punto sí las hay. Parece haber dudas entrono a la cuestión de si estamos ante un ser vivo de la especie humana.  

De hecho, este último es el aspecto más controvertido, pues hasta los mismos partidarios del aborto intencionado admiten que, de ser así, deberían replantearse todo el asunto , ya que si el embrión o el feto fueran un ser vivo de la especie humana... ¡serían un ser humano!.  

Por tanto, creo que es aquí donde está el meollo del asunto. Veremos la cuestión desde dos puntos de vista, el del Derecho y el de la biología.  

a) A pesar de lo que en estos días se oye con frecuencia, tanto en España como en la Unión Europea la cuestión parece bastante asentada. En España, porque la doctrina del Tribunal Constitucional, desde la sentencia 53/1985 de 11 de abril (que no se ciñó exclusivamente a la concreta cuestión que se le planteaba en aquel momento -la constitucionalidad del Proyecto de Ley de sobre despenalización del aborto en determinados supuestos-, sino que pretendió sentar un cuerpo de doctrina, basado en el régimen jurídico-constitucional que corresponde a la vida humana en formación) es concluyente:  

Del fundamento jurídico 5 de la sentencia comentada se deduce sin lugar a dudas que la vida del feto es humana y distinta de la madre: "la vida humana es un devenir, un proceso que comienza con la gestación"; "la gestación ha generado un tertium existencialmente distinto de la madre, aunque alojado en el seno de ésta".  

Y, en al ámbito europeo, la cuestión parece también definida en el mismo sentido a partir de la Sentencia “Brüstle v. Greenpeace” (2011) del Tribunal Europeo de Justicia. Allí se estableció que “debe considerarse  embrión  humano  a  todo  óvulo  humano  a  partir  de  su  fecundación  y  que,  en consecuencia,  ningún  método  que  implique  su  destrucción  puede  ser  patentado  por  violar  la protección debida a la dignidad humana”.
  
b) Desde el punto de vista de las ciencias biológicas, parece que existe un amplio acuerdo científico  con respecto a que el ser humano existe desde el primer instante de la concepción. Son innumerables los estudios científicos al respecto, y quisiera recordar aquí la llamada “Declaración de Madrid”, que en marzo de 2009 suscribieron 1000 intelectuales españoles, en el que se argumenta básicamente que existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación, porque los "conocimientos más actuales así lo demuestran".
Pues bien, como también existen estudios científicos y opiniones jurídicas que defienden el punto de vista contrario (el embrión no es un ser humano), vamos a conceder en este debate el beneficio de la duda. Es decir, haciendo un enorme esfuerzo (pues los argumentos expuestos hasta aquí nos parecen incontestables), asumiremos que es una cuestión dudosa si ante un embrión humano estamos en presencia o no de un ser humano. Y espero que los partidarios de la idea contraria a la nuestra nos otorguen, por honradez intelectual, el mismo beneficio.  

Y precisamente, en este caso, resulta más palmaria aún la necesidad de proteger por todos los medios al ser (humano o no) en gestación, precisamente porque… ¡puede ser un ser humano!. Aún existiendo una mínima posibilidad de que lo sea, todos (y digo bien, todos) estarían de acuerdo en defender su vida, como también existe un consenso generalizado en que a nadie se le puede imponer una sanción penal si existiesen dudas razonables sobre su culpabilidad. Las legislaciones de los países democráticos, que garantizan los derechos humanos están sin excepción de acuerdo en este principio, “in dubio pro reo”.  

Por último, me gustaría dedicar algún comentario a otro de los argumentos más comunes de los abortistas: aquel que dice que reformar la ley actual [reintroduciendo un sistema de indicaciones en lugar de otro de plazos] nos alejaría de un supuesto consenso de los países de nuestro entorno.


Para rebatir ese argumento, me limitaré a recordar que en el Informe del Consejo Fiscal sobre el anteproyecto de ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (la ley de Zapatero), de 2010, podemos leer:

 “(…) la recurrida invocación del entorno europeo debe ser sopesada con cautela ya que se trata de una realidad sobre la que existe una gran heterogeneidad de legislaciones domésticas (…), el análisis de dichas legislaciones nos muestra una realidad bien distinta a la reflejada en el anteproyecto [de la ley zapaterista de Salud sexual y reproductiva e interrupción  voluntaria del embarazo], ya que la inmensa mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea han aprobado y desarrollado legislaciones en esta materia basadas en la necesidad de concurrencia de causas que justifiquen el aborto provocado dada la necesidad de sopesar los bienes en conflicto, incluida la vida del nasciturus. En ese sentido, salvando los casos de Irlanda y Malta, donde el aborto está prohibido y penado en todo caso, nos encontramos con que 2 de cada 3 Estados miembros exigen siempre la concurrencia de causas justificadas, ese es el caso de Bélgica, Chipre, Francia, Reino Unido, Finlandia, Polonia, Luxemburgo, Italia, Países Bajos, Hungría, Alemania, República Checa, Eslovaquia y, como es sobradamente conocido, España. Frente a este nutrido grupo existe, un segundo que recoge el sistema de plazos (…), si bien hay que tener en cuenta que entre estos Estados además de Suecia, Dinamarca o Austria, se encuentran las legislaciones de Estados recientemente incorporados a la Unión Europea en las dos últimas ampliaciones (Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania12, Eslovenia) con legislaciones en materia de aborto legataria de regímenes no democráticos claramente pro-abortistas en base a razones ideológicas y demográficas, incompatibles con los derechos fundamentales, y donde existen unos porcentajes de abortos tan elevados que reflejan la utilización del aborto como un método anticonceptivo más, práctica absolutamente rechazable desde cualquier punto de vista”.  
Tras todo lo expuesto, recordaremos que jamás, en ningún caso y bajo ninguna circunstancia la ley debe permitir que un ser humano disponga a su antojo de la vida de un semejante. Tras miles de años de evolución yo diría que hemos llegado por fin a un acuerdo básico sobre esto.

jueves, 13 de septiembre de 2012

El desmantelamiento espiritual de España




Mi sabio y siempre brillante amigo Jorge Buxadé (http://jorgebuxade.wordpress.com) ha publicado en su Blog  un post en el que, con el título de “Pueblo espiritualmente desmantelado” acierta de pleno al identificar la causa última del actual estado de postración de España (y digo postración, de postrado, rendido, humillado, abatido, enflaquecido, debilitado, sin vigor ni fuerza, arrodillado): es el decaimiento, el desmantelamiento espiritual de los españoles. Lo explica tan magistralmente bien que copio a continuación, con su permiso su post íntegro. ¡Gracias Jorge!

Traigo hoy una larga cita o transcripción de una carta escrita por José Antonio Primo de Rivera en 12 de julio de 1936 y dirigida a Ernesto Gimenez Caballero: “Lo malo sería la experiencia Maura-Prieto, con una excitación artificial de los negocios, las obras públicas, etc., para fingir una prosperidad económica sin levantar nada sobre fundamentos hondos. Al final sobrevendría una gran crisis económica sobre un pueblo espiritualmente desmantelado para resistir el último y decisivo ataque comunista (lo nuestro es un período de calma burguesa no es donde se alcanza su mejor cultivo).”
La cita viene al caso, aunque no quiero con ella hacer un expreso y exacto paralelismo, pero sí caer en la cuenta de cómo dos almas superiores como fueron las del fundador de Falange y las del Robinson Literario, poeta, filósofo, ensayista, diplomático, fundador de la mejor revista literaria, advirtieron que lo peor no era tal o cual gobierno, tales o cuales colores, partidos, siglas o nombres…lo peor era el desmantelamiento espiritual del pueblo.
Quiero hacer notar que cuando se habla de espiritual no se emplea el término en sentido religioso y menos aún confesional, sino en un sentido más amplio, pues abarca lo anterior y también el ámbito político y social.
Este verano he disfrutado de la lectura de Ernesto Gimenez Caballero reencontrándome con mi yo más ibérico, más hispánico, más rotundamente romano. Serán cosas de la crisis. Y de la ineludible necesidad de defendernos frente al achique de espacios de los arios. A Don Ernesto le pasó mucho de lo mismo, aunque siempre fue de Ortega, otro monstruo sacrificado por la España cainita.
Sigue retumbando. Pueblo espiritualmente desmantelado. Visionario el asesinado en Alicante. Que delicadeza. Pueblo aniquilado. Pueblo vaciado. Ahora diríamos…pueblo deconstruido. Vaciado, desvertebrado en términos orteguianos, y vuelto a rehacer, ya distinto, flojo, sin nervio, sin fe en su destino, sin conocimiento de su pasado, sin consciencia de su vocación.
Eso es lo que nos ha dejado, ya lo podemos decir, la Constitución de 1978. Un pueblo desmantelado. Una excitación artificial de los negocios y de las obras públicas, una cultura del enriquecimiento económico, una expulsión de Dios de la vida Publica y privada, un vaciamiento de las consciencias, unas primeras generaciones que desconocen, como en la Rusia soviética los conceptos de culpa, de pecado, de libertad. No se donde lo he leído, o si es convicción propia, pero sin concepto de culpa, de daño, de pecado, no puede haber libertad ni orden social.
- Filosofías, dirán ustedes! No necesitamos filosofías sino liquidez bancaria y reforma tributaria.
- Quizás! No digo que no. Sólo objeto: Es un error pensar que lo económico se sobrepone a todo lo demás, es materialismo; segundo, lo importante no es tener dinero sino saber qué hacer o no hacer con él. El espíritu es superior a la materia.
- Paparruchas, me contesta el lector compulsivo de prensa. Fíjese usted en la editorial de aquí, y en esta columna, y en aquel reportaje. Lo ve? Hasta el nacionalismo es puro negocio. Con dinero se resolverá todo.
- Repito de nuevo. Quizás. No quiero dogmatizar. Sólo sé que los pobres nunca han hecho una revolución.
Pueblo desmantelado. ¿Quién lo reconstruirá?



viernes, 11 de mayo de 2012

El aborto y los perros


Reproduzco a continuación una carta del Obispo de Solsona,  provincia de Lérida, Mons. Xavier Novell, que me ha parecido especialmente brillante. La he leído en InfoCatólica, de donde asimismo he tomado prestada la foto:

“Hace unas semanas se publicó en la prensa la noticia de que un perro abandonado, que causaba temor y peligro a los vecinos de un pueblo de nuestra diócesis, había sido sacrificado a tiros por un concejal del Ayuntamiento. Conocida la noticia comenzaron las reacciones mediáticas reclamando dimisiones políticas e, incluso, acciones judiciales ante la que fue calificada como "la barbarie de Torá".

No pude evitar enfrentarme a una pregunta: Cuando cada año se publican las cifras escalofriantes de los abortos en Cataluña, ¿como es que casi todo el mundo calla? ¿Es que no tiene valor la vida de decenas de miles de nonatos eliminados impunemente? ¿Será cierto que los animales tienen tantos o más derechos que las personas? ¿Qué pasa en este país?

La deformación moral es tan grande que los columnistas y tertulianos pro-abortistas llegan a afirmar que "el aborto es un derecho". Sin juzgar ninguna mujer que haya abortado, porque a menudo son víctimas de una violencia estructural contra la maternidad, ejercida por las empresas, el sistema sanitario o la ideología imperante, hay que decir bien claro y bien fuerte que el aborto es un crimen, uno los más terribles y abominables de la humanidad. Es el asesinato del más indefenso, del propio hijo. Esto lo tenemos que decir sin miedo.

El relativismo moral de nuestra cultura bandeja y vitupera aquellos que nos atrevemos a decir que el aborto es un crimen y nos califica como retrógrados, misóginos, carcas y antidemocráticos. No se quiere escuchar que existe la obligación moral de defender al inocente y perseguir al criminal. Su criterio para discernir lo que está bien y lo que está mal es perverso: está bien lo que la mayoría lo considera un bien, es un derecho lo que la mayoría quiere ejercer sin obstáculos. Este es el camino falso a través del cual se llega a catalogar como un derecho lo que simplemente es un crimen.

¿Cómo puede ser que tengamos entrañas y pedimos caridad para un perro y no las tengamos para un niño no nacido?”

martes, 1 de mayo de 2012

¿Crisis de la familia?




Voy a intentar resumir mi opinión sobre la “crisis de la familia”: La familia no está en crisis, no puede estarlo. Abundantísimos datos estadísticos, económicos, políticos, educativos, sociales y de otros múltiples sectores constatan que es una realidad viva, vivísima, e intemporal.

No existen modelos de familia, porque no pueden existir, ya que la familia es un fenómeno primordial, fundante de la sociedad desde el inicio de la historia humana hasta el presente. Es el nicho ecológico en el que nace y se desarrolla el ser humano, y es, también, la mayor fuente de felicidad personal.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Más sobre "Las Fuerzas de Seguridad"




Al hilo de los incisivos comentarios a mi anterior post, que agradezco infinito a sus atentos autores, quisiera aclarar algunas cuestiones:

1. Pienso muy bien cada palabra que escribo, de hecho soy más bien lento y me cuesta bastante tiempo publicar algo. No me considero del todo ignorante en cuestiones jurídicas.

2. El artículo 21.2 de la Constitución de 1.978 (CE en adelante) señala que: "En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes".

martes, 21 de febrero de 2012

Las Fuerzas de seguridad




Los sucesos de Valencia de hace pocos meses, y la histérica reacción que provocaron en el progresismo patrio me han llevado a meditar la grave miopía y la peligrosa ignorancia (en el mejor de los casos) que manifiestan ciertas reacciones, y al mismo tiempo creo que es justo hacer un alegato en defensa de los funcionarios policiales cuyo trabajo el día de ayer en Valencia ha sido cuestionado.

Me referiré en primer lugar a nuestros medios de comunicación, a todos. En el caso de la Radio, comienza sus informativos como si en Valencia hubiera comenzado poco menos que una nueva guerra civil. Con ese alarmismo se hace crecer desmesuradamente el alcance de los incidentes, con lo que se está echando más leña al fuego y los agitadores creerán que han logrado un gran triunfo alzándose con el indiscutible protagonismo de los informativos del día.

jueves, 12 de enero de 2012

"Género"




Al hilo de la indignación mostrada por miembros del anterior gobierno -y muy especialmente por alguna de las ministras de cuota- frente a las declaraciones de Ana Mato, cuando utilizó la expresión "violencia en el entorno familiar"(correctísima, por otra parte), se han suscitado múltiples reacciones. A la flamante Ministra se le afeó que utilizase dicha expresión, en lugar de utilizar la más políticamente correcta “violencia de género” (anglicismo procedente de “gender-based violence”), que es la utilizada en la Ley de medidas de protección integral contra la violencia de género y la internacionalmente homologable por ser el término elegido por la ONU.

La expresión de marras adquirió mucho protagonismo sobre todo a partir de la Conferencia sobre población que tuvo lugar en El Cairo en 1994 (y tras ella, muchas organizaciones de la ONU utilizan esta ideología como un método anticonceptivo más, como señala Benigno Blanco) y especialmente tras la Conferencia de Pekín de 1995 sobre la mujer, y en España se ha visto encarnada en la política de los gobiernos socialistas entre 2004 y 2011.

Pero el tema no en absoluto claro ni mucho menos unánime. Así, en un artículo muy recomendable publicado hoy en “El Ideal” de Granada, el fiscal de la Audiencia Provincial D. Javier García Rull explica precisamente (y este es el título del artículo) “Por qué no es violencia de género”. Su tesis consiste sencillamente en que tal expresión se nos trata de imponer por una causa meramente ideológica. Tampoco está claro que sea la expresión elegida por la ONU: Ignacio Aréchaga (en ACEPRENSA) ha analizado las expresiones utilizadas en la Declaración de Pekín. A mi me llena de perplejidad, a la par que confirma todo lo que se acaba de exponer más arriba, lo que nos dice:

«Se ha dicho que la expresión “violencia de género” es el término acuñado por la ONU en la Conferencia de Pekín sobre la Mujer (1995), y que por lo tanto es el que debe emplearse en vez de eufemismos como “violencia doméstica” u otros similares. Es curioso que dentro de las varias posibilidades para referirse a este fenómeno solo deba emplearse una, como si las demás estuvieran proscritas.

Pero aún más extraño es que cuando se acude a la fuente –la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín – en su versión española, y se hace una búsqueda en el documento, resulta que al hablar de la violencia que sufre la mujer se utilizan las siguientes expresiones:

• “violencia contra la mujer” o “contra las mujeres”: 80 veces
• “violencia en el hogar”: 5
• “violencia doméstica”: 3
• “violencia de género”: ninguna
• “violencia sexista”: ninguna
• “violencia machista”: ninguna

O sea, para consagrar la exclusiva de “violencia de género” hay que hacer violencia al documento de Pekín, que ignora la expresión. La palabra “género”, tan discutida en la Conferencia y que motivó aclaraciones y reservas por parte de algunos países, sale 203 veces, pero no en el contexto de la violencia.

El empeño de algunos sectores por utilizar en exclusiva la expresión “violencia de género” refleja que el término “género” es deudor de una determinada ideología.»

Por último, me gustaría recordar que la llamada “ideología de género”, surgida del feminismo radical, es una ideología (es decir, es un sistema de pensamiento cerrado) que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos. Pretende, en palabras de Benigno Blanco (“En defensa de la familia”, ESPASA, Madrid, 2010) “acabar con lo femenino a través de la supresión de la distinción entre hombre y mujer en todos los órdenes de la vida”.

lunes, 9 de enero de 2012

Guerra cultural


En ABC de Sevilla ha publicado D. Francisco Contreras el artículo que reproduzco a continuación, que tiene que ver con el PP y su indefinición ideológica:


Estamos en guerra cultural; la cuestión es si el PP se va a atrever a librarla, o si va a seguir resignado frente a la hegemonía cultural de la izquierda.

Rajoy afirmó hace meses que “la economía lo es todo”. Durante la campaña electoral se atuvo a este guión, vendiendo sólo eficiencia tecnocrática y zafándose de los intentos del PSOE por llevar la discusión al terreno moral-cultural (aborto, familia, ideología de género…). Sin embargo, diversas noticias de los últimos días dan la razón a los que sostenemos que la revolución de las costumbres –y no la de la economía- es la esencia de la nueva izquierda, y que la derecha debe decidir si tiene o no un modelo alternativo.

Significativamente, una izquierda noqueada y desacreditada en lo económico ha guardado silencio ante las primeras medidas de ajuste presupuestario insinuadas por el nuevo gobierno. En cambio, no ha vacilado en pasar al contraataque tan pronto como ha creído ver en peligro la legislación de ingeniería social de 2004-11, que considera su legado más precioso (aborto, matrimonio gay, divorcio exprés, EpC, memoria histórica, etc.). Así, las declaraciones de Soraya Sáenz acerca de una reforma de la ley del aborto se han visto inmediatamente replicadas por Carmen Montón (PSOE) y Gaspar Llamazares: “intentaremos que no modifiquen la ley”; “el PP quiere imponer su moral con la mayoría absoluta”. Esta distinción entre “su moral y la nuestra” –negación, por tanto, de una moral objetiva- es un típico resabio marxista (¿piensa alguien en “la moral de los fetos”?); también lo es la desfachatez con que acusan al PP de “imponer su moral”, después de haber hecho ellos exactamente eso durante años. Por cierto, el doctor Poveda fue ayer zarandeado por policías (la misma policía que se mantuvo impasible frente a la ocupación ilegal de la Puerta del Sol por “indignados” durante semanas) y detenido por enésima vez. Su “delito” era protestar frente a la clínica Dátor por los 113.000 abortos. La responsable del celo policial es Dolores Carrión, subdelegada del gobierno en Madrid, nombrada por Zapatero.

        Casi el mismo día, ha tenido lugar una reveladora escaramuza de guerra cultural: Ana Mato utilizó la expresión “violencia en el entorno familiar”, refiriéndose al caso de la mujer asesinada en Roquetas. La izquierda se ha rasgado las vestiduras, exigiendo fuese respetado el lenguaje impuesto (¡legislativamente!) por ella: “violencia de género”. Desgraciadamente, Mato ha reculado, señalando que “la terminología es lo de menos”. ¡Pero las palabras son decisivas! Si hubiese leído a Lakoff, sabría que el bando que consigue imponer su lenguaje predetermina el marco del debate, consiguiendo que éste discurra en la dirección que le interesa. “Violencia de género” es una de estas palabras-marco: un concepto ideólogicamente cargado, que connota la idea ultrafeminista de una “guerra de sexos”, en la que la mujer es víctima por definición; presupone que la causa de la violencia es “la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres” (art. 1º de la Ley). Ana Mato hizo muy bien en hablar de “violencia doméstica”, un concepto mucho más neutral e inclusivo que abarca, no sólo la violencia del hombre contra la mujer, sino también la inversa (que se da, aunque sea menos frecuente), o la ejercida sobre los niños. ¿No está siempre la izquierda a favor de la “inclusividad”? ¿Por qué ese empeño en excluir los casos de agresión familiar que no encajen en el molde ideológico ultrafeminista?

        También ayer trascendía la campaña del lobby gay contra el libro “Comprender y sanar la homosexualidad”, de Richard Cohen; los grandes almacenes que lo venden han recibido indignadas presiones para que dejen de hacerlo. El pecado nefando de Cohen estriba en haber abandonado la homosexualidad, tras recibir la atención psicológica adecuada. El libro no denigra en ningún momento a los homosexuales (de hecho, contiene un capítulo contra la homofobia), aunque sí explica que existe una vía de salida para los que deseen dejar de serlo. Pero un lobby gay mimado por el poder se arroga cada vez más la facultad de delimitar las ideas públicamente expresables, imponiendo su propio “índice de libros prohibidos”. El catedrático Aquilino Polaino y el juez Ferrín Calamita han sufrido ya en sus carnes el poder del nuevo Santo Oficio. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Sevilla sigue financiando con el dinero de todos –ya en la etapa Zoido- cursos sobre “seducción lésbica”, organizados por el servicio municipal “Punto Visible”. Entre las instrucciones para las inscritas: “tráete una colchoneta”. ¿Será necesario aclarar que lo indignante aquí no es el hecho mismo de la seducción lésbica, sino su subvención con dinero público? ¿Va a acatar así de servilmente el PP el legado cultural socialista?

        Estamos en guerra cultural; la cuestión es si el PP se va a atrever a librarla, o si va a seguir resignado frente a la hegemonía cultural de la izquierda. No hay que asustarse del término “guerra cultural”: procede de EEUU, y designa a una batalla incruenta en torno a los conceptos de hombre, familia, libertad, vida buena. La derecha debe decidir si va a permitir que la izquierda siga definiendo todo esto. Y su electorado debe decidir si va a permitir que lo permita. Quien de verdad piense que “sólo importa la economía” debería entender que la revolución moral promovida por la nueva izquierda terminará arruinando también la economía. Una sociedad con muchas familias rotas y abortos es una sociedad con pocos niños, y mal educados. España tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo; de mantenerse la pauta actual, en 2050 habrá dos jubilados por cada tres activos. ¿Quién pagará entonces las pensiones y la sanidad? ¿Cómo podrá crecer una economía lastrada por una pirámide demográfica invertida?

Fuente: http://foroandaluzfamilia.org
Foto: PP

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La indefinición ideológica del Partido Popular



El catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla, Francisco J. Contreras, un auténtico sabio, ha publicado en la web "religionenlibertad" el siguiente artículo, en el que alerta, con el expresivo título "¿Sólo importa la economía?, sobre la desgraciada actitud del PP, que ha renunciado a plantear batalla ideológica, plegándose a la tópica superioridad moral de la izquierda. Esa superioridad está basada, únicamente, en una cobarde retirada estratégica de los "populares", que han renunciado a la defensa de los valores que, a buen seguro, comparten una gran parte de sus votantes. Lo copio íntegro:




"La euforia por el triunfo histórico –que la crisis y la incompetencia del PSOE les ha puesto en bandeja- no debería hacer perder la perspectiva al PP: en las circunstancias más favorables imaginables, apenas ha crecido 500.000 votos respecto a 2008 (y ha obtenido medio millón menos que el PSOE hace 4 años). La gran victoria se debe a un desmoronamiento del PSOE, no a un crecimiento propio. La mayoría de los exvotantes socialistas han pasado a la abstención, a IU o a UpyD, no al PP. Esto significa que para un 56% de españoles rige lo de “antes muertos que de derechas”. El PP sigue siendo el nasty party para más de media nación. Ni siquiera al borde de la bancarrota consiguen superar este prejuicio ideológico. España sigue siendo visceralmente, patológicamente, de izquierdas.

        El inamovible escoramiento de España al centro-izquierda es la premisa de la doctrina que ha informado la estrategia del PP en las últimas décadas: el “arriolismo”. La doctrina presupone que, para una derecha ontológicamente minoritaria, la única forma de vencer consiste en conseguir que una parte del electorado socialista se abstenga: ganar la partida por aburrimiento; no despertar a la fiera gauchista. Ello exige un discurso tecnocrático, descafeinado, centrado únicamente en la eficiencia gestora, que evite los temas ideologizables (pues se presupone que la batalla ideológica la tiene ganada la izquierda in aeternum). La línea de Rajoy ha respondido exactamente a ese modelo: “la economía lo es todo”. En el debate televisivo, por ejemplo, resultó reveladora la insistencia de Rubalcaba en abordar asuntos moral-culturales (matrimonio gay, aborto, etc.), que contrastaba con el ansia de Rajoy por hablar sólo de cuentas y escurrir el bulto en todo lo demás (“ya decidirá el Tribunal Constitucional” …). Conclusión a inferir: mientras que el PSOE tiene un modelo de sociedad (con posiciones claras –nefastas, desde luego- en bioética, modelo de familia, educación, nacionalismos, etc.), el PP no quiere saber de nada que no sean indicadores económicos.

        El arriolismo ha sido muy perjudicial para la derecha española. Su premisa es falsa: España no está condenada por alguna maldición divina a padecer eternamente una mayoría social de izquierdas. Si un 60% de los españoles siguen derrotando a siniestra … es precisamente porque la derecha (con aisladas y honrosas excepciones) ha abdicado de la batalla de las ideas. La hegemonía cultural de la izquierda es aplastante: dominan el sistema educativo y los medios de comunicación. Han poblado el imaginario social –sin resistencia de la derecha- de sobreentendidos y clichés progres. Pero quien combate la ortodoxia cultural progre es percibido por la cúpula rajoyista como “un extremista que nos puede espantar el voto de centro”. En el congreso de Valencia, Rajoy invitó a quien discrepase del centro-tecnocratismo a “irse al Partido Liberal o al Conservador”. Pero si el PP no es liberal-conservador … ¿qué es?

        Ahora estamos en una encrucijada, y el PP debe decidir si aspira a ser algo más que un equipo de eficientes contables. Ciertamente, la recesión favorece el reduccionismo economicista (“¡yo me conformo con que nos saquen de la ruina!”). Pues bien, si “sólo importa la economía”, formulémoslo en ese lenguaje: el hundimiento del nivel escolar, el invierno demográfico (tasa de natalidad española: 1.37 hijos/mujer), la desintegración de la familia, etc., terminarán pasando factura también en lo económico (si es que no la están pasando ya). El gobierno del PP dispondrá ahora de la posibilidad de mostrar que tiene una posición propia sobre estos asuntos. Deróguese la ley del aborto: lo desea la gran mayoría de sus votantes. Deróguese el “divorcio exprés”, que convierte el matrimonio en un contrato-basura. Reviértase el absurdo “matrimonio gay” (la relación hombre-mujer merece una protección especial porque sólo de ella salen niños). Restablezca el PP su propia ley educativa de 2002 (LOCE), que incluía medidas sensatas -reválida; itinerarios educativos diversificados- y que fue sectariamente derogada por Zapatero apenas llegó al poder. O, puestos a “soñar grande”, ¿por qué no implantar el cheque escolar, que podría permitir un ahorro de un 40% en educación? Mejórese sustancialmente el tratamiento fiscal de la familia.  Garantícese el derecho de todo niño a ser educado en castellano.

        Sí, a El País y la SER les irritará. Pero a sus votantes naturales nos gustará mucho. Incluso los despreciables liberal-conservadores merecemos una alegría de vez en cuando."

Un año en la División Azul.

Transcribo a continuación el artículo que publiqué recientemente en el número 743, junio 2021, de la revista mensual BlauDivisión, Boletín d...