lunes, 10 de diciembre de 2012

El Belén





Con relación al reciente libro titulado "La infancia de Jesús", de Benedicto XVI, y el cúmulo de majaderías que se han dicho y publicado, transcribo a continuación, por gentileza del Dr. D. José Miguel Serrano Ruiz-Calderón, las páginas 76-77 de la edición española:

Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3: "El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende".

Peter Stuhlmacher hace notar que probablemente también tuvo un cierto influjo la versión  griega de Habacuc 3,2 "En medio de dos seres vivientes...serás conocido; cuando haya llegado el tiempo aparecerás" Con los dos seres vivientes se da a entender claramente a los dos querubines sobre la cubierta del Arca de la Alianza que, según el Éxodo (25, 18-2o), indican y esconden a la vez la misteriosa presencia de Dios. Así, el pesebre sería algún modo el Arca de la Alianza, en la que Dios, misteriosamente custodiado, está entre los hombres, y ante la cual ha llegado la hora del conocimiento de Dios para "el buey y el asno", para la humanidad compuesta por judíos y gentiles.

En la singular conexión entre Isaías 1,3, Habacuc  3,2, Éxodo 25, 18-20 y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como una representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero ante el Niño, ante la humilde aparición de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de este nacimiento, recibe la epifanía que ahora enseña a todos a ver.  La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno.

Como puede fácilmente apreciarse, el autor dice justo lo contrario de lo que muchos medios de comunicación han publicado y se ha convertido en “comidilla[1]” callejera de muchos ignorantes, generalmente malintencionados, y será a buen seguro uno de los temas favoritos de las chirigotas del carnaval de Cádiz…

Imagen: http://www.siemprenavidad.com/dibujos-navidad



[1] DRAE: Comidilla: f. coloq. Tema preferido en alguna murmuración o conversación de carácter satírico

jueves, 6 de diciembre de 2012

Navidad




Es cada vez más frecuente escuchar a algunos que directamente reniegan de la navidad, incluso con cierta virulencia, manifestando su hastío, su enfado o su malestar con las fiestas navideñas. Esta curioso fenómeno, esta reacción anímica afecta a todo tipo de personas, ya no es cosa de creyentes o no creyentes, de conservadores o de "progres", lo comenta todo tipo de personas.

Y, hasta yo mismo a veces siento ese cansancio infinito, ese horror al acercarse estas fiestas. ¿Qué es lo que está pasando?

Tengo mi opinión: es normal que nos canse algo, cualquier acontecimiento -lo que sea- con cuyo advenimiento que se nos está machacando literalmente, desde todos los ángulos, con insistencia cansina, con musiquillas repetitivas, con luces y colores extemporáneos, molestos, fuera de lugar muchas veces.

No se puede soportar estar oyendo esos villancicos laicos, esos deseos espúrios de paz y felicidad, repetidos en todas partes desde primeros de noviembre. No se puede. Cuando al fin llega la Nochebuena nuestro deseo dominante es que la pesadilla acabe cuanto antes, que la tortura dure poco.

Hemos transformado (digo hemos porque con nuestra pasividad hemos permitido que ocurra) esta fiesta Central para todo cristiano, hermosísima, que evoca el acontecimiento más asombroso de la historia de la humanidad, el nacimiento de Dios hecho hombre, en un batiburrillo de consumismo, alegría comercial forzada y una cierta uniformidad festiva, desalentadora por completo.

Hemos de forzarnos en recuperar el verdadero sentido de la Navidad, dejarnos de compras compulsivas, comilonas insanas, viajes apresurados y muchas veces generadores de cansancio y frustraciones, para volver a lo sencillo, a disfrutar de la familia, en casa, de una cena sencilla en Nochebuena, sin algaradas, sin despilfarros, a dejarnos deslumbrar en el triduo de Navidad por ese Niño Divino que viene a nuestro encuentro, por la Misa del gallo en familia, los niños somnolientos, pero nerviosos por la novedad, sin más regalos que el de estar todos juntos, celebrando este acontecimiento anual, disfrutando de nuestra compañía, de nuestra conversación y de nuestro cariño. 

De este modo, y con cada cosa a su tiempo (es delicioso montar el Belén el día de la Lotería, y escuchar entonces el primer Villancico. En el pesebre no está aún el niño, no nacido todavía, que será colocado por el pequeño de la familia a las doce de la noche de la Nochebuena) es posible que volvamos a vivir de nuevo la Navidad con el entusiasmo de cuando éramos chiquillos.

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It is increasingly common to hear people that directly renege on Christmas, even with certain virulence, expressing their weariness, their anger or their discomfort with the Christmas holidays. This curious phenomenon, that affects all kind of people psychic reaction, is no longer a matter of believers or not believers, conservatives or Liberals, it affects any kind of people.

And, even I, myself sometimes feel that infinite weariness, that horror when approaching holidays. What is happening?

I have my opinion: it is normal that we get annoyed by something, any event - whatever - with whose coming is crushing us literally, from any angle, tiresome insistently repetitive songs, with lights and untimely, annoying, colors out of place many times.

It cannot be withstood hearing these secular Christmas carols, those wishes of peace and happiness, boring, repeated everywhere from the beginning of November. You can not. When finally Christmas Eve comes our dominant desire is the nightmare to end as soon as possible.

We have changed (I say “we have” because with our inaction we have allowed it to happen) this beautiful central celebration for every Christian, that evokes the most amazing event in the history of mankind, the birth of God made man, in a hodgepodge of consumerism, forced commercial joy and a certain festive, discouraging uniformity completely.

We have to force us into recovering the true meaning of Christmas, forgeting compulsive shopping, unhealthy binges, hasty and often generators of tiredness and frustration, returning to the simplycity, to enjoy the family, at home, on a simple dinner on Christmas Eve, without fighting, without wastage, letting us dazzle on the Triduum of Christmas by the Divine child that comes to our encounter, by the mass of the rooster in family sleepier, but nervous children for novelty, no more gifts than the living all together, celebrating this annual event, enjoying each other's company,conversation and affection.

This way, and with each thing in its time (it is delicious installing the “Bethlehem” the day of the Christmas lottery (december 22th), and then hear the first Carol. In the Manger is not yet the child, not born yet, which will be placed by the youngest of the family at the midnight of Christmas Eve) it is possible that we return to live again Christmas with the same enthusiasm  than when we were child.

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