sábado, 25 de mayo de 2013

La familia y la educación




El presente post me lo han escrito dos amigos, sabios y ejemplares, que rebaten la opinión de un profesor universitario que pretende prescindir de primordial papel educativo que corresponde a la familia, y del derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones. Este debate parece tan instructivo e importante por la materia de la que trata que paso a exponerlo a continuación:

El que fuera profesor de la Universidad de Salamanca y ahora lo es de la Complutense, Mariano Fernández Enguita, declaro lo siguiente en una entrevista:

Usted ha dicho: “la escuela debería ser un instrumento de la sociedad, no de los grupos”. ¿Y los padres? ¿No son ellos los principales responsables?

No, los padres pueden decir misa, y te lo digo literalmente, pero que la digan en su casa o en cualquier otro espacio no institucional. Yo tengo derecho sobre los hijos de los demás, como los demás tuvieron derechos sobre mi hijo. ¿Qué derecho? Sencillamente, que esa persona aprenda a vivir en común. Además, los hijos tienen derecho a oír algo más que las opiniones, incluso sectarias, de sus padres o de los elegidos por sus padres. La escuela no debe ser una caja de resonancia de la familia.

Un gran sabio, mi amigo D. Vicente Morro, le responde de este modo tan argumentado e incontestable:

Para empezar, deberían Vds. saber que la ‘Ley Wert’ no está vigente: ni siquiera existe. Existe un proyecto de ley orgánica, que pretende mejorar la calidad de la educación y que inicia ahora su tramitación parlamentaria.

En verdad, esperaba mucho más de esta entrevista, pero sólo he encontrado una colección de tópicos, lugares comunes y prejuicios, muchos prejuicios, pues no creo que sus inexactas opiniones sobre la enseñanza concertada se deban sólo a desconocimiento.

Pero lo más grave es, estimado D. Mariano, que se ha permitido Vd. suprimir decenios de trabajo a favor de los derechos humanos, cristalizados en diversas normas internacionales, porque no le gustan a Vd. ni la libertad de elección de las familias –y espero que no sea la libertad, sin más- ni la religión.
Como seguramente las conocerá todas, aunque no las respete en absoluto, sólo le señalaré unas cuantas:

Declaración Universal de Derechos Humanos. (10-X-1948)

Art. 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Art. 26.3: Los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales (Consejo de Europa):

Art. 9: Libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. 1. Toda persona tiene derecho a la libertad del pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la libertad de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, por medio del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos.

Protocolo adicional I, art. 2. Derecho a la instrucción.

A nadie se le puede negar el derecho a la instrucción. El Estado, en el ejercicio de las funciones que asuma en el campo de la educación y de la enseñanza, respetará el derecho de los padres a asegurar esta educación y esta enseñanza conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas.

Constitución Española. (6-XII-1978)

(Me permito aquí indicar, además, lo que dispone el artículo 10.2 de nuestra Carta Magna, que sirve de pórtico para toda su parte dogmática: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España”).

Art. 27.3: Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Incluso podríamos remitirnos al felizmente fallido proyecto de Constitución para Europa:

II-70.1: Libertad de pensamiento, de conciencia y de religión: ... libertad de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, a través del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos.

II-74.3: Derecho a la Educación: ... derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas.

Y no citaremos, aunque podríamos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. (16-XII-1966) y el Pacto Internacional de Derechos CIVILES y Políticos. (16-XII-1966).

Finalmente, no me resisto a citar una recentísima Sentencia de nuestro Tribunal Supremo, de fecha 12 de noviembre de 2012, que afirma que “como derivación directa de las previsiones del artículo 27 CE, puede proclamarse el derecho a la educación como un derecho a educarse en libertad. Ello, además, tiene regulación directa en el Primero de los Protocolos Adicionales del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos (que he citado más arriba), del que deriva un derecho a educarse en libertad. Y proyección directa de ese derecho a educarse en libertad es el derecho de los padres a asegurar que la educación y enseñanza de sus hijos menores se haga conforme a sus convicciones, morales y filosóficas. Y de ahí deriva el derecho de los padres a elegir lo que consideren mejor para sus hijos. Y ese derecho de los padres, se traduce, necesariamente, en la necesidad de que deben prestar su consentimiento respecto de las distintas opciones educativas que puedan plantearse por la administración.” Nuestro Alto Tribunal está al parecer, Don Mariano, en sus antípodas.

Como hemos visto, Vd. no quiere ciudadanía, quiere su “ciudadanía”, su ideología. Quiere una sociedad en la que haya unos ciudadanos de primera, los buenos, los que están en lo cierto, los que creen en “lo común”, los que profesan un credo laicista, y otros de segunda, los católicos, los que queremos que nuestros hijos puedan recibir en la escuela instrucción religiosa, que es algo distinto, aunque Vd. no lo sepa, de la catequesis.

Algo más tarde, otro amigo sabio, José de Mirandés, puntualiza:

En las normas internacionales citas, muy oportunamente, el “derecho de los padres a garantizar la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”. Y, lo citas como del “felizmente fallido proyecto de Constitución para Europa”, en II-74.3. Perfecto.

Yo este derecho lo acostumbro a citar como del Art 14.3 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, proclamada el 12 de diciembre de 2007, que entró en vigor el 1 de diciembre de 2009, que forma parte del Tratado de Lisboa y que es legalmente vinculante para todos los países con excepciones para Polonia y el Reino Unido.

Aunque, efectivamente, no es del “felizmente fallido proyecto de Constitución Europea”, como bien dices, lo es en un Tratado Internacional suscrito por España, y como tal forma parte de nuestro ordenamiento jurídico al mismo nivel que la Constitución, incluso a un nivel superior en virtud del Art. 95.1 CE  y garantizado por la Justicia Internacional.

A mí me gusta el redactado de este derecho en la Carta Europea de Derechos Fundamentales, pues además de garantizar el derecho de los padres en la educación según sus convicciones religiosas y filosóficas, como en el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades, (Protocolo adicional I, art. 2. Derecho a la instrucción),  aquí se añade “y pedagógicas”, lo cual nos evita tener que explicar que en las convicciones filosóficas ya están incluidas las pedagógicas.
Me gusta también por su fecha reciente que evita que nos digan, respecto de otros textos legales en vigor, que hay que interpretarlos en una “perspectiva evolucionista”.

Por esto me gustaría saber tu opinión sobre si resulta más efectivo citar este derecho como de la fallida constitución europea, o si podría resultar más adecuado citarlo como del vigente Tratado Internacional que forma parte del Tratado de Lisboa. 

Imagen: http://elriconcitodeesther.wordpress.com

miércoles, 15 de mayo de 2013

El adulto infantilizado




En la parte superior de un envase de cartón de leche pueden observarse una serie de dibujos dirigidos a facilitar la apertura del mismo al consumidor. A pesar de tratarse de un tapón de rosca, que aparentemente no encierra mayor misterio, se indica, con tres dibujitos de colores, lo siguiente “si te cuesta abrir el tapón (dibujito del tapón de rosca con flechita roja que apunta a la derecha) gíralo en el otro sentido (dibujito del tapón de rosca con dos flechitas naranjas que apuntan ahora a la izquierda) y se aflojará para que lo puedas abrir sin problema”. Después está un tercer dibujo del taponcito de marras, acompañado ahora por una flechita verde apuntando a la derecha y una marca de verificación, también verde, que indica el éxito de la compleja operación de abrir un tapón de rosca. Si ha habido suerte, habremos podido evitar la llamada a los bomberos o un intempestivo viaje a urgencias hospitalarias con nuestro envase de leche, implorando la ayuda que nos permita abrirlo.

Esta anécdota, que puede parecer intrascendente, resulta en mi opinión desoladora. Sobre todo si hacemos un poco de memoria sobre los productos que encontramos a diario en el supermercado, su envasado y etiquetado. Fijémonos, por ejemplo, en las lonchas de queso de fundir envasadas individualmente y con un ingenioso sistema para que el usuario pueda obtenerlas enteras sin perder su forma cuadrada y sin romperse, el papelito rectangular que separa cada loncha de jamón que se compran, por supuesto, ya cortadas, los envases para tomar fruta ya pelada, cortada y triturada en raciones individuales, las madalenas o los sobaos dentro de su bolsita de plástico individual, dentro de otra bolsa más grande…

Independientemente de los desastrosos efectos que para el medio ambiente tiene la proliferación incontrolada de envases que se tiran a la basura cada día en millones de hogares occidentales, todo ello indica, si lo pensamos un poco, la manera condescendiente, paternalista, desconfiada y casi insultante que tienen las empresas de tratar a su potencial cliente. Pero, no debe olvidarse, lo hacen simplemente porque el mercado lo demanda, porque los ciudadanos convertidos en consumidores, lo exigimos.

En esta misma línea, me llama mucho la atención ese moderno fenómeno español de las llamadas, aproximadamente, “asociaciones de afectados por la hipoteca”, integradas al parecer por personas que, por avatares de la vida, no pueden hacer frente a las mensualidades de su préstamo hipotecario,  una deuda que se adquirió en su momento para adquirir una vivienda. El ciudadano que no puede hacer frente a sus deudas exige al Estado (es decir, a los contribuyentes) que le solucione su problema.

En muchos asuntos de la vida, el ciudadano occidental, y particularmente me refiero ahora al español, tiene asumido que debe quejarse amargamente, y si le es posible, de manera pública, de cualquier contratiempo o dificultad que padezca, y que debe haber un “alguien” que se haga cargo y le solucione su problema. Basta una ligera y poco atenta mirada a nuestro entorno para encontrar decenas de ejemplos. Es decir, nos comportamos como niños pequeños que ante cualquier dificultad, miedo, daño, incertidumbre, etc. acudimos a nuestro papá o a nuestra mamá para que se haga cargo del problema y nos ofrezca la solución.

Este comportamiento infantil del adulto contemporáneo me parece muy preocupante, aunque sólo sea por el hecho evidente que una sociedad compuesta por adultos infantilizados es manipulable y pastueña.

Estas reflexiones me las ha sugerido la entrevista a Gerald Craabtree que publicaba hace unas semanas el diario El Mundo. El entrevistado, genetista y profesor de la de la facultad de medicina de la Universidad de Stanford, tiene una tesis polémica, pero sencilla y muy bien argumentada: “Si pudiéramos traer a nuestro tiempo a un griego de hace 3.000 años, nos parecería muy inteligente y muy equilibrado. Tendría probablemente mejor memoria que nosotros y más control sobre sus emociones, y sería capaz de abordar asunto muy complejos. Y parece una paradoja porque vivimos en una era que sigue creyendo en el progreso”. Explica a continuación que la selección natural es cada vez menos intensa, y que las sociedades urbanas hacen más probable que aparezcan mutaciones que empeoren, en lugar de mejorar, nuestra inteligencia.

Pues bien, este “hombre infantilizado” que puebla hoy  nuestras ciudades, que cada vez es menos capaz de resolver por sí mismo las dificultades que la vida va poniendo en su camino, y que ha renunciado al uso de su cualidad más humana, la razón, está en la raíz de lo que algunos denominan “crisis de la familia”, y que como vemos –y eso lo explica muy bien Benigno Blanco[1]- es en realidad una crisis del individuo, del hombre que ya “no sabe en qué consiste ser hombre”.

En el mismo sentido se pronuncia Zygmunt Bauman en su obra Modernidad Líquida: “La modernidad líquida es un tiempo sin certezas. Sus sujetos, que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres. (…) Por su parte, la familia nuclear se ha transformado en una “relación pura” donde cada “socio” puede abandonar al otro a la primera dificultad. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro (…)”.

Está en nuestras manos enderezar este proceso, al fin y al cabo destructivo, que está afectando al hombre occidental. Lo primero es darse cuenta del problema que nos afecta a todos, y eso es precisamente lo que pretende este post. Agradeceré al amable lector cualquier comentario al respecto.



[1] Que habla, en su libro Familia: los debates que no tuvimos, de “la crisis de la noción de persona: hemos renunciado al concepto de naturaleza humana y esto, lógicamente, tiene consecuencias en cuestiones antropológicas básicas como el matrimonio y la familia”. 

martes, 14 de mayo de 2013

El rigor intelectual de los defensores del aborto



El Foro Español de la Familia hizo pública ayer, día 13 de mayo dde 2013, una Nota de Prensa, que por su acierto a interés reproduzco a continuación en su integridad:

La propuesta, del Ministro Ruiz Gallardón de reformar la ‘Ley del Aborto’, está generando una campaña basada en mentiras, injurias, descalificaciones y demagogia inusitadas por parte de los defensores del aborto; campaña que está llegando a la agresión delictiva en el caso de las amenazas a la diputada popular Beatriz Escudero por haber defendido en el congreso el derecho a la vida.

El Foro de la Familia quiere manifestar su apoyo a quienes proponen mejorar la protección de la vida del no nacido y el derecho de la mujer a la maternidad en España; y expresamente a la diputada Beatriz Escudero y su libertad de expresión.

Para el Presidente del Foro de la Familia, Benigno Blanco “quienes se empeñan en que no haya un debate de ideas y razonamientos sobre el aborto demuestran su incompatibilidad con un sistema democrático de libertades. Quienes no son capaces de dar valor a la vida del no nacido como elemento a considerar en cualquier debate sobre el aborto demuestran que la realidad de las cosas no les importa y que su único criterio para hacer política es la imposición voluntarista de sus propios prejuicios. Quienes niegan que el aborto es en el mayor número de casos, un gran drama para la mujer y que esta se ve con frecuencia coaccionada a abortar desconocen la realidad de la que están hablando. Quienes intervienen en este debate con tales sinrazones, muestran que no hay razones para defender el aborto sino turbios intereses económicos y prejuicios ideológicos injustificables e inexpresables ante la opinión pública”.

“El espectáculo demagógico –continuó Benigno Blanco- que están dando los defensores del aborto en España debiera escandalizar a cualquier amante de una sociedad libre y pluralista”. 

“Degrada la calidad de nuestra democracia que en el Parlamento, en determinada prensa y en las redes sociales el insulto, la amenaza y la agresión sustituyan a las razones”, señaló el presidente del Foro de la Familia.

El Foro de la Familia solicita a los defensores del aborto un poco de rigor intelectual y de honestidad a la hora de defender sus posturas y anima a quienes han abierto este debate en la vida política española a no dejarse acoquinar por esta marea de violencia verbal.

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