martes, 30 de septiembre de 2014

Maltrato animal



Me merecen todo el respeto quienes defienden a los animales, se oponen a que se les mate o sean torturados o maltratados gratuitamente, piden condiciones de salubridad en granjas, en transportes, protegen a las especies en vías de extinción, a sus crías e incluso a sus huevos, etc.

Por otra parte, nadie duda de que el feto humano es un ser vivo que pertenece al mundo animal (puesto que no se trata de un ser vivo perteneciente al reino vegetal).

Y es sabido que un feto de 14 semanas –al que la madre puede abortar por su sola voluntad, según establece la ley Aído/Rajoy- tiene sensibilidad, y retrocede, tratando de salvar su vida, ante el instrumento quirúrgico que se le acerca para partirlo a cachitos y extraer sus restos del seno de su madre.


Es decir, se trata de un animal salvajemente torturado para causarle la muerte. ¿Porqué no merece la atención y la defensa de las asociaciones protectoras de los animales?

miércoles, 24 de septiembre de 2014

LA CAUSA DE LA VIDA


Monumento al no nacido en Eslovaquia


Quizá haya llegado el momento en que se pueda cometer cualquier tipo de maldad y de crueldad para que la gente se harte y le dé la espalda, aterrorizada y asqueada, al malvado.

Máximo Gorki. Karamora


En los últimos días ha cambiado enormemente la situación respecto a uno de los temas -la defensa de la vida- que más trascendentes resultan en nuestros días en el occidente “civilizado”, y en el que contienden los dos grandes bandos de la principal batalla cultural que se libra hoy en el mundo: a saber, por un lado, el bando de quienes desconocen o han olvidado la verdad del hombre, por desconfiar de su propia razón, y se han abandonado de ese modo a la dictadura del relativismo, de la mentalidad materialista imperante, y por el otro el de quienes aún confiamos en la razón y creemos en que el hombre hace manifiesta con su existencia en el mundo una verdad universal, el humanismo.

¿Qué es ese humanismo? En palabras de Sándor Márai -magnífico escritor húngaro, ateo y desesperanzado- el humanismo es “una medida humana, la constatación de que el ser humano es la medida de todas las cosas, de que el ser humano es el sentido último de la evolución, el desarrollo y el progreso”.

Creer en el hombre supone confiar en la razón, y en la posibilidad de alcanzar el conocimiento de la verdad. Y con ello, creer firmemente que existe el bien y que existe el mal, que el hombre –ser moral- en su libre albedrío puede llevar a cabo acciones buenas o malas. Y, por tanto, puede plantearse objetivos, metas, y en función de ellas organizar su vida.

Este concepto del ser humano, que a mi me resulta tan evidente, es sin embargo sistemáticamente negado hoy en día. Incluso los planes educativos proponen “nuevos modelos que defienden una moral pluralista y unos objetivos amoldables a las cambiantes circunstancias exteriores”, en palabras de Rosario Encinas. La ONU –sigue diciendo esta profesora de la Universidad de Extremadura- “propicia este relativismo que, bajo tintes humanitarios, lleva aparejado el genocidio de los más débiles”.

Acabamos de ver como el partido en el gobierno ha renunciado a cumplir su programa electoral, negándose a derogar –ni tan siquiera a reformar- la ley “Aído”, que establece que la sola voluntad de la gestante, sin alegación de causa, es suficiente para que se pueda acabar con la vida del nasciturus, hasta el punto de convertir la práctica del aborto intencionado en un derecho subjetivo.

Este aparatoso abandono de todo lo que parecía sostener la urdimbre ideológica del partido que ganó por mayoría absoluta las elecciones de 2011 va a servir de acicate para que el movimiento provida español siga defendiendo con más ahínco, con más valentía y con más ilusión su hermosísima causa: dar voz a los que no la tienen, salir en defensa del ser humano ya concebido mientras está en el que debe ser el lugar más seguro y feliz del mundo, el seno materno. Dar voz a las mujeres que, solas y asustadas ante un embarazo inesperado, se ven avocadas a abortar a su hijo, siendo objeto muchas veces de violencias de todo tipo. Dar voz y prestarles ayuda de todo orden.


La causa de la vida es la más maravillosa en la que podemos estar embarcados. Dedicar una parte de nuestro tiempo a ello es causa de felicidad y orgullo, pues hay pocas causas más nobles. Y no olvidemos que nosotros ya estábamos aquí antes de que llegara este gobierno y seguiremos estando cuando desaparezca. Nuestras ideas no cambian, se fortalecen, y la ilusión por la causa aumenta en cada circunstancia adversa con la que nos enfrentamos. Porque creemos que tenía razón Julián Marías, cuando afirmaba en los años noventa que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final”.

Imagen: alfonsomendiz.blogspot.com

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