miércoles, 21 de marzo de 2012

Las Cofradías y la familia (y III)





Tercera y última parte.


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4.     El papel de las Cofradías Penitenciales

De la larga lista de beneficios que hemos citado podemos identificar muchos de ellos como consecuencias inmediatas de la pertenencia a una asociación de laicos, a una Cofradía, sobre todo si esa pertenencia, esa vinculación se arraiga en la tradición familiar. Como todos sabemos por nuestra experiencia personal, por nuestra particular vivencia cofrade, la vinculación de familias enteras con las cofradías penitenciales es algo habitual, tan habitual que nos resulta la cosa más normal del mundo, porque es algo que hunde sus raíces en lo más profundo de la historia. Muchos pertenecemos a una cofradía porque a ella perteneció nuestro padre, nuestro abuelo, y también pertenecen nuestros hijos, hermanos, primos… Toda la familia tiene su propia “historia cofrade”, plagada de vínculos, de encuentros, y de recuerdos. Esta es una realidad palpable, y es aquí dónde este trabajo quería llegar: las grandes posibilidades que para el desarrollo de nuestras propias familias y para la formación, cristiana y personal de nuestros hijos ofrece la pertenencia a una Cofradía Penitencial.


Como todos sabemos, nuestra Madre la Iglesia, mediante el Código de Derecho Canónico hace recaer sobre los padres la grave obligación y el derecho de educar a la prole[1], y para ello, dice textualmente el CIC que “los padres católicos tienen la obligación y el derecho de elegir aquellos medios e instituciones mediante los cuales (…) puedan proveer mejor a la educación católica de los hijos[2]. Entre estos medios e instituciones podemos situar a las Cofradías Penitenciales, pues a ellas, como asociaciones de laicos, les corresponde “fomentar una vida más perfecta[3] y para ello sus Presidentes deben “cuidar de que los miembros de su Asociación se formen debidamente[4].

Del mismo modo, nuestras Cofradías son depositarias en muchos casos de tradiciones centenarias. Han sido erigidas ellas mismas, o son sucesoras de organizaciones creadas siglos atrás, y esencialmente siguen siendo iguales a ellas mismas, constituyendo sus actos de culto, celebraciones Litúrgicas, sus actos penitenciales, sus desfiles procesionales, sus oraciones propias, la designación de sus cargos, su organización interna, la reglamentación interna y normas estatutarias, etc… un ejemplo vivo de una tradición conservada de padres a hijos y hecha actual, vigente, en cada reiteración. El cofrade siente honda satisfacción al participar en estos actos al saber que de igual modo lo hicieron sus padres y sus abuelos. Y, hoy en día, este aspecto tiene singular importancia, pues el progreso actual contribuye a que el hombre moderno sufra otra pérdida nuclear: las tradiciones. Al respecto, señala Frankl: “las tradiciones cumplían la misión de contrapeso de su conducta, y ahora se diluyen, en la sociedad moderna, a pasos agigantados. Carece, pues, [el hombre] de instintos que le impulsen a determinadas conductas, y ya no conserva las tradiciones que le indicaban los comportamientos socialmente aceptados; en ocasiones ignora hasta lo que le gustaría hacer. En su lugar, desea hacer lo que otras personas hacen (conformismo), o hace lo que otras personas quieren que haga (totalitarismo)”[5].

El papel de nuestras Cofradías en relación con las familias cofrades vinculadas a ellas puede sistematizarse de este modo:

A.    Beneficios para el desarrollo de la familia.

a.     La pertenencia a una Cofradía fortalece la unidad familiar: La realización continuada de actividades en las que participa la familia en su totalidad o casi robustece los vínculos entre sus miembros, afectivos y ejemplificativos. Cuando todos los miembros de la familia se integran en una organización, cada uno en su nivel de participación y en su actividad o responsabilidad concreta, crece el sentimiento de pertenencia, de unidad, de camaradería y de solidaridad. La vivencia cofrade es más plena, y la satisfacción familiar se incrementa. Por supuesto, el tiempo que los miembros de la familia pasan juntos se incrementa sustancialmente.
b.     Que los miembros de una familia pertenezcan a una Cofradía actúa como importante referente educativo: Cada uno de los miembros de las familias cofrades va a llevar a cabo un determinado papel en el seno de la misma, asumiendo una concreta responsabilidad. Tanto en su actuación por separado como miembro de la Asociación como cuando coinciden varios miembros de la familia en una actividad concreta, su acción educativa (recordemos que, como dijimos ya más arriba, la tarea educativa que se lleva a cabo en el seno de cada familia, y especialmente en el seno de cada familia cristiana se basa fundamentalmente en el ejemplo y en la repetición de actos virtuosos, es decir, a través del desarrollo co-activo de los hábitos) es potente y omnidireccional.

B.  Beneficios para la educación de los hijos.

a. El tiempo que el menor dedica a las actividades cofrades es un tiempo de aprendizaje. Ya sea en la formación en la solidaridad (secciones de Caridad), en la formación cristiana (cursillos, charlas, actividades formativas), en la participación en secciones de instrumentos (formación musical, disciplina, orden, sacrificio…), en la preparación de los cultos (ensayos, preparación de materiales y enseres), en la preparación de las Actividades Penitenciales de Cuaresma y Semana Santa (procesiones, Estación de Penitencia), con la atención y el cuidado en el vestido, aseo y preparación de los numerosos aspectos que contribuirán al esplendor y lucimiento de nuestras Imágenes Titulares, todo ello tiene un hondo carácter formativo de la personalidad de nuestros hijos.

b. La participación en la vida cofrade es un inmejorable modo de pasar el tiempo libre. Nuestros hijos crearán vínculos de amistad con los demás jóvenes de la Cofradía, de modo que el tiempo que dediquen a sus actividades, o que pasen en los locales sociales de nuestras Asociaciones será para ellos un tiempo deseable, esperado, agradable y muy satisfactorio.

c. La pertenencia a una Cofradía aumenta el sentido de la responsabilidad y fortalece los vínculos de solidaridad con los menos favorecidos. Cuando nuestros jóvenes deciden, libremente, integrarse en la sección de Caridad de la Cofradía, y se comprometen a dedicar parte de su tiempo libre a ayudar a quienes más lo necesitan, o integrarse en una sección de instrumentos, o de portantes, etc. van a dedicar su tiempo y esfuerzo en darlo a los demás, y se van a responsabilizar de cumplir unos horarios, de asistir a unas actividades programadas que quizá no sean lo que más les apetece hacer en ese momento. De esta manera se sujetan voluntariamente al cumplimento de unas normas. ¡Cuánto valor educativo, formador tiene todo esto!. No cabe duda que redundará en que acepten mejor las normas de comportamiento establecidas en cada familia[6].

C. La formación cristiana de los miembros de las Cofradías.


Como sabemos, “el hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente «Iglesia doméstica», comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana[7]. Y, para todos los que pertenecemos a una Cofradía Penitencial ésta debe ser una extensión del hogar cristiano para la formación religiosa de sus miembros. Ya dijimos antes la obligación de los presidentes de atender a la formación se sus miembros para el “apostolado propio de los laicos”[8]. Pero en primer lugar, a través de los actos Litúrgicos que la Cofradía Penitencial celebra a lo largo del año, y muy especialmente durante la Cuaresma y la Semana Santa, la Cofradía está llevando a cabo una tarea de evangelización y catequética con sus miembros y con toda la comunidad parroquial. En este sentido es importante señalar que la asistencia a los mismos de las familias supone un gran bien para todos sus miembros, especialmente los jóvenes, cuya participación en la vida de la Iglesia y en la administración de los Sacramentos se ve muy favorecida e incentivada.

Además, es cada vez más frecuente que las Cofradías, por si misma o a través de confederaciones o asociaciones más amplias en que se integran a nivel local, provincial, diocesano, etc. organicen todo tipo de actividades de formación cristiana.

CONCLUSIÓN

En el presente trabajo hemos expuesto el papel de primer orden que representa la pertenencia a una Cofradía Penitencial para la familia cristiana actual, en estos tiempos de rápida transformación social y de crisis de la persona humana, y al mismo tiempo, la rica realidad que supone para cada cofradía la pertenencia a la misma de grupos familiares. Los beneficios son mutuos, y el papel a cumplir por ambas instituciones con relación a la otra es de gran importancia. Y qué duda cabe, la integración de la familia en una Cofradía Penitencial contribuirá a que dicha familia sea una las que “viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar”[9].

Foto: A. Huguet


[1] Cfr. Canon 793 CIC
[2] Ibidem.
[3] Cfr. Canon 298 CIC
[4] Cfr. Canon 329 CIC
[5] FRANKL, VIKTOR., “El hombre en busca de sentido”. Edición y prólogo de José Benigno FreireBarcelona, HERDER, 1979 (3ª reimpresión, 2004). P. 129
[6] La profesora de la Universidad de Sevilla Rosario Ordóñez Sierra, en un interesante trabajo, en el que recoge las opiniones expresadas por los profesores que fueron invitados relativas a las funciones y responsabilidades que les corresponde en el ámbito escolar, y respecto a Enseñanza de normas y/o responsabilidades familiares, expone que los docentes siguen opinando que tienen parte de responsabilidad en todas las tareas asignadas, aún así los porcentajes ante estas respuestas son más bajos ante el valor “mucha” y ascienden algo ante el valor “bastante”, pero todos se mantienen por debajo del 50%. Acostumbrarles a que acepten las normas de comportamiento establecidas (comidas, higiene, uso de las cosas): (Bastante=40,3%, mucha=48,9%; 0=3,45). Acostumbrarles a ser limpios y ordenados: (Bastante=47,3%, mucha=41,4%; 0=3,37). Enseñarles a participar en la vida familiar, dándoles pequeñas responsabilidades: (Bastante=45,2%, mucha=24,7%; 0=3,00). Hacer uso adecuado de la televisión: (Bastante=37,6%, mucha=15,1%; 0=2,69). ORDOÑEZ SIERRA, ROSARIO: “Responsabilidades educativas que se atribuyen familia y escuela en el ámbito educativo”. Universidad de Sevilla. http://www.romsur.com/educa/responsabilidades.htm. Como vemos, el docente se siente involucrado, en parte al menos, en la educación que sus alumnos reciben en el seno de la familia. La organización de una Asociación de laicos es evidente que también tendría su papel en este ámbito, al suponer la aceptación voluntaria de un conjunto de deberes y normas por parte de sus miembros, cuyo cumplimiento tendría relación con el conjunto de normas intrafamiliares de convivencia.
[7] CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. 1666
[8] Cfr. Canon 329 CIC
[9] EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO, 1 (FC)

2 comentarios:

  1. Excelente trabajo, como siempre, Joaquín. Muy interesante y, sobre todo, muy documentado. Es idóneo para el tiempo en que nos encontramos, preparación de la Semana Santa. Además, refuerza el papel de la familia como educadora y, de modo especial, como educadora en la fe.

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  2. Gracias, Vicente. Me alegro de que te haya gustado

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