sábado, 28 de abril de 2012

El llanto de un joven



A veces tengo ocasión de oír la radio de madrugada, cuando por diversos motivos me cuesta conciliar el sueño. Son programas que básicamente hacen los oyentes, que a través del teléfono cuentan historias, muchas veces conmovedoras. Hace pocos días escuché una de ellas, que estuvo a punto de hacerme levantar para escribir algo al respecto.


Un joven de 19 años, estudiante universitario, llamaba para compartir su inmensa soledad. Por su manera de expresarse podía uno adivinar que era de familia acomodada, de las que nunca han pasado penalidades materiales. 

Contaba la amarga relación de sus padres, que acabó cuando, tras una fuerte discusión nocturna su padre salió corriendo de casa, cogió el coche y se mató en accidente de circulación, al estrellarse contra un árbol. Esta desgraciado accidente ocurrió hacía dos años, cuando nuestro joven tenía 17. Su madre se suicidó apenas un mes después ("mi padre la había ido matando poco a poco"), y su hermano mayor, que tenía cuatro años más que él, también acabó suicidándose un año después que su madre.

El joven contaba su tristísima historia entre sollozos constantes, y afirmaba: "no he sido feliz ni un sólo día de mi existencia", jamás había sentido el cariño de su padre, jamás le dio un beso, ni lo estrechó entre sus brazos.

Se sentía amargamente solo, profunda y radicalmente solo, y esa soledad le destrozaba las entrañas, y lloraba y lloraba sin que la locutora del programa acertara a decir algo que lo consolara un poco. 

Este testimonio permite asomarse a un abismo de infelicidad, provocado por la ausencia de la familia. Se trataba de una familia fracasada, en la que todos los lazos de afectividad, de unión, de solidaridad se habían roto o no habían existido nunca.

Escuchar esta historia radicalmente triste, de soledad, maltrato y abandono, de una familia rota, de ausencia de amor, me conmovió profundamente.

Y es una historia tristemente frecuente.

Señala Benigno Blanco que "No es posible una sociedad, una civilización, una nación, hecha de individuos aislados. Por eso, la existencia de familias fuertes es garantía de posibilidad de sociedades fuertes y, por  contra, la destrucción y el fracaso masivo de las familias es garantía del fracaso de las sociedades y civilizaciones"

En este caso, no hubo familia, no hubo esa comunidad de amor y solidaridad, que acoge a cada uno por lo que es, y no por lo que tiene o vale.

Por eso, "defender a la familia es defender a la humanidad, literalmente".

Imagen: lasenda.info

8 comentarios:

  1. Se me han quedado los pelos como escarpias al leer el testimonio que escuchaste por la radio.
    Estoy de acuerdo con el comentario del sr. Blanco y pienso que cuando habla de "familias fuertes" no solo se refiere a familias unidas, porque hay muchas que les sobra "unidad" pero son débiles y tampoco le hacen ningún favor a la sociedad.
    Un saludo.

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  2. Gracias por el comentario, Fernando.

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  3. Muy buen mensaje, defender a la familia. Lo triste es que a partir de ese deseo tan positivo se tergiversa y se denigra a muchas familias no-tradicionales, pero fuertemente unidas.

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    1. Gracias por tu comentario. ¡QUÉ PRECIOSO ASPECTO TIENE TU BLOG! Yo soy incapaz de hacerlo con blogger. ¿Cómo lo haces?

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  4. La inmensa mayoría de las personas queremos arreglar el mundo y no nos damos cuenta de que lo que tenemos que arreglar es nuestro. Lo que tenemos que arreglar lo tenemos tan cerca que no nos damos cuenta. Como dice una gran persona en un gran libro: "queremos quitar la paja del ojo ajeno y no vemos la viga del nuestro."
    Empecemos a cambiar nosotros y ....
    EL MUNDO CAMBIARA SOLO

    Gracias por dejarme compartir

    Tony Cntalpdra

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  5. Tremenda la historia de ese joven. La realidad, por desgracia, suele superar a la ficción.
    Totalmente de acuerdo con el Sr Blanco. Y con los muchos "Señores Blancos" que afortunadamente hay por ahí...

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  6. El ser humano es susceptible de emprender el camino de la desgracia y propagarla en su entorno. Nadie está a salvo de ese negativo avatar que, dicho sea de paso, se da en todos los seres vivos. Y no es una maldición, es una consecuencia de la inacción en detener la primera adversidad que luego originará una reacción en cadena. En ese sentido, coincido contigo en que la familia que cultiva los buenos sentimientos puede reaccionar mejor y con rapidez ante la desgracia.
    Un testimonio sobrecogedor, bien traído y bien relatado.

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    1. ¡Gracias por tu comentario, Juan, como siempre, acertadísimo! Un abrazo.

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Agradecería cualquier comentario relativo al presente post, pero ruego que se haga siempre con respeto, de otro modo no podrá aparecer publicado. Muchas gracias.

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