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Mostrando entradas de junio, 2012

La felicidad de un niño

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Cuando la segunda de mis hijas, Susana, tenía ocho años le pidieron en el colegio que escribiera las cosas que le proporcionaban felicidad. En muy breves líneas dio toda una lección magistral, resumiendo lo más importante de su vida, que lo es también de la nuestra, de la vida de todos:
«Algo que me proporciona “Felicidad”: un prado verde, la playa de Noja, subir a la luna, que se case mi tía Ana, que venga mi tía Tore, que venga mi abuela, que venga mi primo y mis primas, que haya sido mi comunión y que estemos los cinco juntos, papá, mamá, mis hermanas y yo»
Es propio del ser humano buscar la felicidad. Y la tenemos mucho más cerca de lo que a veces pensamos, en lo más sencillo, más inmediato y más sublime: en nuestra familia, en nuestro hogar. 
Imagen: http://www.fotocommunity.es/

AVANCES BIOTECNOLÓGICOS, DIGNIDAD HUMANA Y NOCIÓN DE PERSONA

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Para la Filosofía del Derecho, el concepto de persona constituye un “prius” de naturaleza esencial, por cuanto que toda la construcción del aparato filosófico-jurídico va a girar de una u otra manera en torno a este concepto. Y no está de más señalar que en torno al mismo se pueden encontrar una multiplicidad de facetas que nos indican a su vez distintas formas de contemplar y analizar este único fenómeno. De esa interdisciplinariedad surgirá sin duda un más acabado concepto de persona que, aun estando lejos de ser pacífico, nos permitirá comprender en su totalidad su esencia y significado.
La racionalidad de la persona, en este sentido, y como señala Alegre Martínez, “determina el que a su dimensión corporal o material aparezcan inseparablemente unidas las dimensiones psíquica, moral y espiritual. En virtud de todas ellas, la persona, en su condición de tal, está revestida de una especial dignidad"[1]. Por tanto, el concepto de persona, como centro del universo filosófico-jurídic…

Comentario sobre el artículo 10º de la CARTA DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA

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10. "Las familias tienen derecho a un orden social y económico en el que la organización del trabajo permita a sus miembros vivir juntos".


1. CUESTIONES PRELIMNARES

1.1. El sujeto activo de los Derechos Humanos
Antes de comenzar nuestra exposición sobre el artículo 10º de la CARTA DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA PRESENTADA POR LA SANTA SEDE A TODAS LAS PERSONAS, INSTITUCIONES Y AUTORIDADES INTERESADAS EN LA MISIÓN DE LA FAMILIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO, de 22 de octubre de 1983[1] nos parece en primer lugar necesario matizar el hecho de que, siendo los derechos humanos (que, precisamente por eso, tiene ese nombre) propios o pertenecientes a la persona humana, sin embargo hablaremos aquí de un derecho subjetivo atribuido a un grupo, en concreto a la familia. En este sentido, señala Martínez Morán[2] que “el verdadero titular de los derechos fundamentales es el hombre”, pero puede serlo “como persona individual o como persona integrada en colectividades humanas”.
Pues bien, si lo p…

La influencia en la familia del intenso crecimiento urbano de finales del XIX

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UNA BREVE NOTA SOBRE LA HISTORIA DE LA FAMILIA

La revolución industrial, cuyo comienzo puede situarse en el último tercio del siglo XVIII tiene una importancia determinante en el proceso de urbanización. Necesitada de un ingente cantidad de mano de obra, la incipiente empresa industrial va a condicionar en adelante el modo de vida de cuantos se acercan a ella atraídos por la promesa de prosperidad económica y bienestar, quienes, sin embargo, muy pronto se verán decepcionados al comprobar que en realidad, viven en un infierno en la tierra, y ello será más adelante el nacimiento de los movimientos revolucionarios más decisivos (y más destructivos) de la historia humana[1].
La mejora en los sistemas de transporte, la posibilidad de acceso a alimentos, vestidos y enseres, junto con comestible y materias primas eran razones que incrementaban en proporciones cada vez mayores el flujo migratorio a las ciudades, y el despoblamiento de amplias zonas rurales.
Y, para toda esa población, acostumbra…

La Encíclica Centesimus annus

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INTRODUCCIÓN
El día 1° de mayo de 1991 fue publicada la tercera Encíclica de Juan Pablo II sobre asuntos socioeconómicos, titulada Centesimus annus[1]. Por la actualidad y amplitud de su temática, la Centesimus annus ha atraído más la atención y los comentarios de estudiosos del pensamiento económico, católicos y no católicos.
Su importancia es destacable si pensamos que “la sociedad es indispensable para la realización de la vocación humana”, ya que “la persona humana necesita la vida social[2]. La Encíclica se llama de esa manera en atención a los cien años de la primera Encíclica que trató de temas sociales, la Rerum novarum, de 1891, que fue escrita por el Papa León XIII para hacer frente a las turbulentas circunstancias sociales que las revoluciones política e industrial del XIX estaban motivando. Y, en efecto, con la Encíclica se nos invita a una “relectura” de la Encíclica leoniana, para redescubrir la riqueza de los principios fundamentales formulados en ella[3], con la que Leó…

Al servicio del Amor. Breve comentario sobre un texto de San Josemaría Escrivá

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Y ahora, hijos e hijas, dejadme que me detenga en otro aspecto —particularmente entrañable— de la vida ordinaria. Me refiero al amor humano, al amor limpio entre un hombre y una mujer, al noviazgo, al matrimonio. He de decir una vez más que ese santo amor humano no es algo permitido, tolerado, junto a las verdaderas actividades del espíritu, como podría insinuarse en los falsos espiritualismos a que antes aludía. Llevo predicando de palabra y por escrito todo lo contrario desde hace cuarenta años (...).
El amor que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a Dios. Realizad las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid —insisto— ese algo divino que en los detalles se encierra: toda esta doctrina encuentra especial lugar en el espacio vital, en el que se encuadra el amor humano” (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Conversaciones, n.121).

San Josema…

Matrimonio... ¿Para qué?

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En la sociedad actual es muy corriente que las personas, y muy principalmente los padres, no sepan dar razón de porqué es preferible el matrimonio a la mera convivencia afectiva. Ni tan siquiera saben explicar en qué se diferencian ambas situaciones, más allá del manido “nos queremos y nuestro amor no necesita papeles”.
No cabe duda de que a esta situación ha contribuido muy decisivamente la reciente legislación divorcista, que ha desembocado en que sea más fácil romper el matrimonio que cambiar de compañía eléctrica[1]. Y es que esa legislación hace que socialmente se tenga en muy poco al matrimonio, al  trivializarse el “sí” o consentimiento (puesto que se puede romper, con gran facilidad). Ello a su vez, ha aumentado la creencia de que casarse es un mero conformismo o formalismo social. Y, tampoco puede olvidarse, ha aumentado la ambigüedad, y ahora puede llamarse “matrimonio” a muchas uniones distintas que no lo son.
Sin embargo, el matrimonio sigue siendo una realidad grandiosa, cu…